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Las profesiones de La Luz

Yeray Ortiz, mecatrónico del Puerto de Las Palmas: «Aquí puedes duplicar o triplicar tu sueldo»

La electrónica naval es fundamental para la autonomía de los buques, industrias que requieren profesionales cualificados para su mantenimiento y reparación

Yeray Ortiz explica parte de su trabajo como mecatrónico en un astillero del Puerto de Las Palmas

Yeray Ortiz explica parte de su trabajo como mecatrónico en un astillero del Puerto de Las Palmas / Esther Medina Álvarez / Foto: Andrés Cruz

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Esther Medina Álvarez

Las Palmas de Gran Canaria
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Suena a compañeros de los electroduendes de La Bola de Cristal, pero los mecatrónicos del Puerto de Las Palmas no hacen travesuras en los televisores, sino que garantizan el funcionamiento de los motores de los barcos, una profesión a la que llegó Yeray Ortiz hace 24 años después de hacer las prácticas un verano en Zamakona Yards, uno de los astilleros del recinto portuario de Las Palmas de Gran Canaria.

En el taller, Yeray y sus compañeros trabajan con piezas relativamente pequeñas pero que son claves para el funcionamiento de grandes buques y requieren de mucha precisión, porque aunque pueden ser similares a las que se utilizan en cualquier hogar para que, por ejemplo, «un motor eléctrico mueva una bombita de agua», en el caso de la industria naval «todo alcanza mayores dimensiones».

La electrónica que sostiene a los buques

De las personas que se dedican a la electrónica naval depende el funcionamiento de los buques. «Los barcos son autónomos y son grandes industrias que tienen sus generadores movidos por unos diesel mecánicos para que produzcan luz y electricidad para los diferentes servicios, como la depuración de su agua, la gestión del combustible y todo lo demás», explica este mecatrónico.

Aunque tiene varias labores que realizar dentro de este taller de Zamakona, Yeray centra gran parte de su actividad en el rebobinado. «Los motores eléctricos mueven una pieza mecánica que se quema, la retiramos para hacer diferentes procesos y reparamos ese motor». Para ello, continúa detallando, «se sacan los cables de cobre y se vuelven a montar para colocar la pieza mecánica».

Yeray Ortiz en su taller de Zamakona

Yeray Ortiz en su taller de Zamakona / Andrés Cruz

Veinticuatro veranos en Zamakona

Yeray Ortiz asegura que la suya es una profesión apasionante. Estudió un ciclo formativo de grado medio de electricidad para viviendas, instalaciones e industrias, y su profesor, que sabía que no tenía intención de continuar con otros estudios, le sugirió que hiciera prácticas en este astillero del recinto portuario de Las Palmas de Gran Canaria durante el periodo estival: «Y ya son 24 veranos».

Mientras comprueba que el motor de un sistema de ventilación de un barco funciona después de haber 'tejido' en su interior cientos de metros de hilo de cobre, asevera que la suya «es una profesión apasionante», aunque también «es un trabajo sacrificado».

Del campo al Muelle Reina Sofía

La primera vez que llegó a las instalaciones ubicadas al principio del Muelle Reina Sofía se quedó impresionado tanto por las dimensiones de los barcos como por las diferentes tareas que se realizan en este astillero. «Tenía 19 años y venía del campo, donde todo el mundo se trata de don y de usted". Poco a poco se fue haciendo a este trabajo y «al estar con muchas personas con diferentes perfiles, vas cogiendo calle».

Hoy en día, como buen veterano que es, se desenvuelve dentro de la nave con mucha soltura y ayuda a los jóvenes que acuden a realizar prácticas a este lugar para que aprendan bien este oficio tan demandado en el sector portuario y se enamoren de la reparación náutica como él.

Una profesión demandada en el puerto

Explica que un mecatrónico en el Puerto de Las Palmas tiene «la posibilidad de duplicar o triplicar su sueldo" siempre y cuando se esté dispuesto a sacrificarse. «No son sueldos millonarios, pero son buenos y se cumple el convenio», pero también hay ocasiones en las que es necesario realizar horas extras para atender urgencias y cree que este es, precisamente, uno de los motivos por los que los jóvenes no miran a La Luz como una opción de empleabilidad.

Dedicar más horas si un barco tiene una avería, por ejemplo, no solo conlleva que se pague ese tiempo extra, «que se paga muy bien», sino también de «progresar y así adquirir un salario superior», apunta. No obstante, si alguien quiere encasillarse en las ocho horas, puede hacerlo, pero «si demuestras profesionalidad y capacidad técnica, te rifan y te requieren para ir a otros lugares, por lo que se pagan dietas, desplazamientos y suplementos de overtime», explica.

Aprender cada día en el sector naval

Además, tiene el añadido de que «todos los días es una aventura»porque no solo se realizan tareas distintas dependiendo de las necesidades de cada embarcación, sino que la vertiginosa transformación que está experimentando el sector naútico y la implantación de tecnologías innovadoras, hace que estos profesionales tengan que estar aprendiendo y especializándose constantemente y afrontando nuevos y apasionantes retos continuamente.

De todos los trabajos que un mecatrónico puede realizar en un astillero, a Yeray Ortiz le gusta más todo lo relacionado directamente con el sector naval y la electromecánica. También «las automatizaciones y el cableado. Aquí se trabaja a lo grande y programar autómatas para diseñar máquinas y hacer trabajos específicos requiere concentración y saber qué es lo que se está haciendo, por lo que te absorbe mentalmente y te olvidas hasta de que estás trabajando».

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Fuente: La Provincia - Diario de Las Palmas