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Historias de la escuela

"No expulsamos a los niños que molestan en clase": Conxita y Alícia se jubilan tras 30 años al frente del IE Viver de Montcada

El instituto-escuela de Can Sant Joan, con un proyecto educativo basado en la empatía, se despide de sus históricas directora y jefa de estudios tras tres décadas tejiendo comunidad

Marta Rubio, directora de escuela: "El decreto de la escuela inclusiva plantea un buen ideal, pero hay niños y niñas que necesitan otra cosa"

Conxita y Alícia junto al olivio del IE El Viver, en Montcada, centro del que se acaban de jubilar tras media vida dedicada a su alumanado.

Conxita y Alícia junto al olivio del IE El Viver, en Montcada, centro del que se acaban de jubilar tras media vida dedicada a su alumanado. / Belén González

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Helena López

Helena López

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Conxita Roca y Alícia Cuello recorren con los ojos húmedos los pasillos desnudos de la escuela. Las manualidades y los trabajos ya han sido retirados para dejar espacio a las creaciones de los alumnos del próximo curso, que ellas ya no verán. Este ha sido su último año en el centro después de tres décadas sosteniendo los firmes pilares del IE Viver de Montcada, centro neurálgico de la vida comunitaria de Bifurca, como han llamado históricamente los vecinos al barrio que une la periferia de Montcada y la de Barcelona, tomando prestado el nombre de la estación (Montcada Bifurcació).

El barrio se llama oficialmente Can Sant Joan, hogar de personas trabajadoras que primero lograron la construcción de la escuela a golpe de lucha vecinal y, después, llenaron sus aulas con sus hijos y nietos durante décadas, dejándolos en manos de profesionales comprometidas como Conxita y Alícia, quienes siempre tuvieron muy claros cuáles eran los puntales de la escuela, aunque a veces les trajera algún que otro problema.

Prohibido expulsar

Uno de esos pilares es que en el IE Viver no hay guardias. Nunca hay profes de guardia a los que enviar a un alumno al que quieras sacar de clase porque molesta. Lo explica, orgullosa, Conxita, cuyo proyecto de centro –ha sido la directora desde 1996, acompañada por Alícia como jefa de estudios desde al año siguiente– se ha basado en la empatía. Por eso fueron el primer centro de Montcada –recuerda con orgullo– que contactó con las familias durante la pandemia.

Conxita y Alicia en el Víver, hace unos días.

Conxita y Alicia en el Víver, hace unos días frente a los dibujos que les hicieron los niños para su fiesta de despedida. / Belén González

"Recuerdo que durante el confinamiento podíamos trabajar 20 horas al día, no había horarios. Nos contactaban para cualquier cosa, fue un momento muy intenso, pero de mucha comunidad, el profesorado hizo un equipo increíble. Desde el primer día compramos teléfonos para que los docentes pudieran llamar a los niños cada día", recuerda Conxita.

"Jubiladas, pero eternas"

Una pancarta en la puerta del centro reza "Jubiladas, pero eternas". Es una de las muchas que les hicieron sus compañeros en la emotiva fiesta de despedida en la que no quedó duda de que el Viver son realmente una familia, como no se cansa de repetir la hiperactiva Conxita, quien aún no se ha jubilado formalmente –lo hará el 31 de agosto– y este mes de julio aún está en el colegio, terminando la memoria y el traspaso para el relevo. "Ya estoy pensando en buscarme otro trabajo", bromea.

En el IE Viver no se expulsa a los alumnos disruptivos de clase: el centro apuesta por acompañarlos, buscar sus fortalezas y reforzar los vínculos

Estar al frente del IE Viver –centro de los catalogados como de "máxima complejidad", aunque Conxita y Alícia rehúyen de las etiquetas ("todos son niños; niños y familias", dice) ha sido tan emocionante como intenso. Conxita recuerda como si fuera ayer su llegada a la escuela, hace 31 años. Venía de trabajar en un colegio en Montgat, y pasó de ver el mar por la ventana a ver la Asland (mastodóntica fábrica a cuyos pies se levanta el colegio), uno de los símbolos de Bifurca.

Recuerda lo acogedor que fue el claustro con ella, seña de identidad de la escuela ya entonces, que Conxita y Alícia han mantenido durante todos estos años. "El director de entonces era director a media jornada y representante sindical de Ustec la otra media, un hombre muy carismático que, al jubilarse, pensó en mí para su relevo", relata Conxita, quien, como siempre, ha sido mucho "de hacer cosas" y no se lo pensó. Y siempre es siempre. De hecho, estudió Magisterio de noche porque durante el día trabajaba en una academia para ayudar a su madre en la economía familiar tras la muerte de su padre cuando tenía 17 años.

Conxita y Alícia, frente al póster que le hicieron sus compañeros de trabajo.

Conxita y Alícia, frente al póster que le hicieron sus compañeros de trabajo. / Belén González

Al ser preguntadas por su secreto, Conxita lo tiene claro: "Yo siempre se lo digo a todos los maestros que llegan aquí. A estos niños, como a los de cualquier otra escuela, les tienes que querer. Cuando llega un profesor nuevo se lo digo: mira, ese niño no te cae bien, de acuerdo, pues búscale las cosas buenas, que las tiene, como todos; porque ese niño va a entrar por la puerta cada día por la mañana y por la tarde, y la estima que tú le muestres el alumno te la mostrará a ti", resume. Y lo mismo, añade, con las familias.

Pese a que la complejidad de la escuela ha aumentado "de forma exponencial" en estos años, sus firmes pilares han logrado sostener el proyecto, que en 2019 pasó de escuela a instituto-escuela, uno de los cambios más duros que recuerdan. "Los profesores de secundaria no estaban acostumbrados a trabajar en centros como este, con horario partido y en el que no se expulsa a ningún niño de clase porque moleste –por ejemplo– y en el que todo el profesorado, y todo es todo, se disfraza por carnaval y participa en una rúa por el barrio", zanja.

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