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Demencia y verano

El reto de organizar las vacaciones con un enfermo de alzhéimer: "Mejor implicarlos en los preparativos y priorizar destinos conocidos"

Los profesionales habituados a tratar a personas con deterioro cognitivo aconsejan identificarles bien si viajan en bus, tren o avión por si se desorientan y mantener estables las rutinas diarias en el lugar de destino

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Un enfermo de alzhéimer, con su cuidadora.

Un enfermo de alzhéimer, con su cuidadora.

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Juan Fernández

Juan Fernández

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El verano es una época fecunda en dilemas para los familiares y cuidadores de personas con demencia, sobre todo cuando estas padecen niveles de deterioro cognitivo que exigen de atención permanente. La ruptura de las rutinas habituales del invierno hace aflorar en los hogares multitud de dudas de orden doméstico y asistencial. ¿Es bueno llevar al enfermo de alzhéimer de vacaciones o el cambio de escenario puede trastornarle? ¿Qué alertas añadidas hay que poner en los viajes con personas que pueden desorientarse y perderse? ¿Qué tiene que decir sobre el veraneo el cuidador cuando, además, pertenece al núcleo familiar del enfermo?

Los expertos en el tratamiento a personas con demencia recomiendan que estas disfruten de las vacaciones, excepto en los casos en los que la enfermedad se encuentre en fases avanzadas que dificulten gravemente su movilidad y siempre adaptando la experiencia a las condiciones cognitivas del paciente. Desde la asociación ACE Alzhéimer Center Barcelona aconsejan, incluso, “implicar” al afectado en “los preparativos del viaje”, siempre que su nivel cognitivo lo permita, o al menos darle “explicaciones breves y sencillas” del lugar que se vaya a visitar.

Planificación

La clave, subrayan, es reducir la incertidumbre al máximo planificándolo todo con el mayor detalle posible, tanto en relación al lugar al que se vaya a viajar, “priorizando los destinos conocidos, tranquilos y predecibles”, como en lo referente a las nuevas rutinas diarias que se van a seguir. “Las personas con demencia necesitan referencias estables para sentirse seguras”, recuerdan en esta asociación. Si el desplazamiento se hace en medios de transporte públicos como trenes o aviones, se recomienda identificar adecuadamente a la persona afectada, acompañándole de un número de teléfono de referencia que permita localizar rápidamente a su cuidador, y hacerle una foto con la ropa que lleva puesta ese día por si se desorienta y hay que buscarlo.

Cuando se viaja con personas afectadas de demencia, los profesionales recomiendan evitar los ambientes excesivamente estimulantes y las grandes aglomeraciones, y apostar por los entornos naturales y los espacios conocidos

En la residencia de destino, se aconseja situar a la vista objetos personales que puedan resultarles familiares y colocar carteles –así como luces de testigo por la noche– para identificar áreas comunes como el baño. En cuanto a las actividades de ocio a llevar a cabo, los profesionales recomiendan “evitar ambientes excesivamente estimulantes o donde haya grandes aglomeraciones” y apostar por los entornos naturales y los espacios conocidos.

La demencia se caracteriza por dificultar el recuerdo de las vivencias recientes, aunque las antiguas permanecen más sólidas en la memoria. “En este sentido, un viaje al pueblo o la ciudad donde el paciente pasó su infancia puede resultar, aparte de agradable, muy estimulante para activarle recuerdos de su pasado”, explica Mónica Bergés, responsable de enfermería de la unidad de atención diurna de ACE Alzhéimer Barcelona. Esta profesional recuerda la “necesidad” de que la persona o personas a cargo del cuidado del enfermo de demencia aprovechen el verano y las vacaciones para descansar de cara al invierno.

Un viaje al pueblo o la ciudad donde el paciente pasó su infancia puede resultar muy estimulante para activarle recuerdos de su pasado

Mónica Bergés

— Responsable de enfermería de la unidad de atención diurna de ACE Alzhéimer Center Barcelona

En esta asociación llaman la atención sobre un factor característico del verano, se opte por viajar o por permanecer en la residencia habitual: la subida de la temperatura. “A partir de ciertos niveles de deterioro cognitivo, los pacientes dejan de ser conscientes de la sensación de calor. No es que no lo perciban, sino que no reparan en que deben refrescarse cuando el ambiente está más caldeado, sea quitándose ropa o bebiendo líquido”, advierte Bergés.

Esta circunstancia obliga a los cuidadores a estar más pendientes de lo habitual para evitar posibles cuadros de deshidratación. “En fases avanzadas, los enfermos de alzhéimer dejan de pedir agua. Por eso, lo conveniente en verano es recordárselo cada cierto tiempo y darles de beber con frecuencia”, explica la enfermera. También se recomienda ajustar la medicación a esta etapa del año. “Los diuréticos, por ejemplo, facilitan la pérdida de líquido en el organismo, pero el calor habitual del verano se suma a ese proceso, por lo que a veces es mejor retirarlos o reducir su ingesta”, explica la especialista.

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