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Opinión | Derechos de la infancia

Jose Antonio Ruiz (PINCat), Maria Truñó (Educació 360), Pau Casanovas (CNJC), Jordi de Carreras (aFFaC), Maria Méndez (Sociedad Catalana de Pediatría)

Barcelona

Todo lo que nos jugamos en verano

Un país que quiera tomarse en serio la educación, la salud, la lengua y la cohesión social no puede permitirse perder el verano

Uno de cada tres niños y adolescentes catalanes no puede permitirse una semana de vacaciones en verano

Juegos de agua en un casal de Sant Adrià de Besòs, el verano pasado.  | FERRAN NADEU

Juegos de agua en un casal de Sant Adrià de Besòs, el verano pasado. | FERRAN NADEU

Hace justo un año, el 17 de julio de 2025, el Parlament de Catalunya aprobó por unanimidad una moción histórica que reconocía el ocio de verano como lo que es: un derecho para los niños y sus familias y una obligación de la Administración. La moción instaba al Govern a garantizar, mediante una partida presupuestaria específica, el acceso universal a casales de verano, campus, campamentos o colonias.

El tema lo merece. Invertir en el ocio de verano de los niños y adolescentes catalanes significa invertir en su educación y su salud, y también en la lengua y la cohesión social del país.

Así de contundente: la relación con la escuela, las horas de pantalla o los resultados académicos dependen también de los aprendizajes, los vínculos y las experiencias vividas en los talleres de un casal, los juegos de un campus, la gymkhana de unas colonias o las excursiones y campamentos en la montaña.

Entre los niños con rentas bajas, seis de cada diez no pueden realizar ninguna actividad de verano por motivos económicos

El consenso político del Parlament reflejaba un consenso social igualmente transversal: federaciones, colegios profesionales y entidades que representamos a cerca de 5.000 organizaciones hemos reclamado que el Govern traduzca el compromiso político en hechos.

Hoy hay más urgencias que hace un año. Las condiciones de vida han empeorado y la tasa de pobreza infantil se ha disparado hasta el 36,5%. Uno de cada tres niños vive en familias que no pueden permitirse ni una semana de vacaciones al año. Y, entre los niños con rentas bajas, seis de cada diez no pueden realizar ninguna actividad de verano por motivos económicos.

Coste colectivo

Mientras que durante las vacaciones algunos niños acumulan las oportunidades más estimulantes y variadas que podamos imaginar, otros se quedan en casa porque tienen un coste demasiado elevado o porque, sencillamente, no existe una oferta accesible en su barrio o municipio. El impacto de esta desigualdad es cada vez mayor y su coste es colectivo.

Además, en un contexto educativo tensionado, es inasumible volver a la escuela en septiembre después de un verano dando pasos atrás. Durante el curso, la desigualdad en el ocio educativo está estancada, con niños de clase baja que dedican la mitad de tiempo a las actividades extraescolares. Además, las salidas y colonias escolares están en la cuerda floja. ¿Dejaremos que el verano siga amplificando las desigualdades en la infancia?

No podemos permitir que el derecho al ocio educativo dependa de la fuerza de una AFA, de una entidad de ocio educativo o del presupuesto de un municipio

Hoy hay más necesidades que hace un año, pero también hay más herramientas: la Estrategia de lucha contra la pobreza infantil 2025-2030 está aprobada e incluye la universalización del ocio educativo también durante el verano. Además, la Generalitat dispone de nuevos presupuestos y sabemos cómo articular una medida para garantizar dos semanas y cuánto costaría: menos de 50 millones de euros.

Freno a la mejora educativa

Retrasar este compromiso no solo hace crecer las desigualdades, limita el bienestar y dificulta la mejora educativa, sino que también debilita la credibilidad de las instituciones públicas y la confianza en ellas. ¿A qué estamos esperando?

Las organizaciones sociales estamos y estaremos ahí, poniendo la vocación, el conocimiento y la profesionalidad al servicio del bien común. Pero no podemos permitir que el derecho al ocio educativo dependa de la fuerza de una AFA, de una entidad de ocio educativo o del presupuesto de un municipio.

Necesitamos políticas públicas de país bien orientadas, con recursos suficientes y objetivos claros para avanzar hacia la universalización del ocio educativo. Un país que quiera tomarse en serio la educación, la salud, la lengua y la cohesión social no puede permitirse perder el verano.