Temperaturas extremas
Turistas asfixiados por el calor en Barcelona: "Nos encerramos en el hotel hasta la noche; esto es el infierno"
Muchos turistas explican que no salen a la calle hasta última hora de la tarde por "miedo a sufrir golpes de calor"
Trabajadores a pie de calle sobrellevan el asfixiante calor con pausas de hidratación
Incendios forestales en Catalunya y resto de España, en directo: última hora del incendio en Sant Quirze Safaja (Barcelona)

Este miércoles, la tercera ola de calor del verano ha alcanzado su pico. / MANU MITRU / EPC
Barcelona ha vivido este miércoles el pico de la tercera ola de calor en solo 24 días. Con temperaturas de más de 36,4ºC y un aire ardiente y húmedo, el asfalto de la ciudad parece alzarse sobre un subsuelo en llamas. Trabajadores empapados que alternan como pueden agua, sombra y descansos pautados; turistas que dicen encerrarse en el hotel "hasta la noche" por miedo a sufrir "golpes de calor", y familias y vecinos enganchados a los ventiladores de mano. "Nos hemos quedado sin verano: este calor es invivible", afirman unos y otros en una ciudad convertida en un horno a cielo abierto.
Ainara, vecina de Marbella de 24 años, siente que el "mismísimo infierno" se desploma casi literalmente sobre quienes, como ella, salen a la calle a mediodía. "Hemos salido del hotel y solo pisar la calle pensaba que me iba a morir", explica. "Es un calor que te quema, te asfixias, hasta cuesta andar, sales a dar un paseo y vuelves chorreando de sudor", añade.

Ainara y Luján. / MANU MITRU / EPC
"Es un calor que te quema, te asfixias, hasta cuesta andar, sales a dar un paseo y vuelves chorreando de sudor"
"Nosotros venimos de Cádiz, donde también hace mucho calor, pero no a este nivel", afirma Rosa María Mejías, de 54 años, quien asegura que le "está costando respirar". De hecho, los británicos Jamie, de 40 años, y Kate, de 44, 'reincidentes' visitando la ciudad, están pensando buscar en adelante destinos más frescos. "Pensábamos que lo llevaríamos mejor porque ya habíamos venido antes, pero la humedad es tremenda –dicen–. Estamos constantemente rellenando las botellas de agua y procuramos ir mojándonos el cuello y la nuca para refrescarnos”.

Marco, Stefani y su hija, en plaza de Catalunya. / MANU MITRU / EPC
"Hay días en que no salimos del hotel hasta la noche; es un peligro salir con tanto sol, tenemos miedo de que nos pudiese dar un golpe de calor”
La experiencia de Marco y Stefani, de Génova, es aún más sufrida en tanto en cuanto su "hija lo pasa realmente mal": "Se cansa enseguida y enseguida pide que la cojamos en brazos". "Intentamos salir pronto y visitar lugares, pero en las horas de más calor volvemos al hotel y ya no salimos hasta la noche". De hecho, alguno de estos días no han salido hasta última hora de la tarde: "Es un peligro salir con tanto sol, teníamos miedo de que nos pudiese dar un golpe de calor”, aseguran.
Tirando de humor, dos vecinas de Logroño –Pilar Vallejo, de 73 años, e Inmaculada Rodríguez, de 74– resumen así su visita a Barcelona. “Como dicen en nuestra tierra, hace tanto calor que se caen los pájaros de los árboles”, afirman estas amigas, que muestran una preocupación muy compartida. "Cada año está siendo peor que el anterior, no sé hasta dónde vamos a llegar”, añade Inmaculada.

Pilar Vallejo e Immaculada Rodríguez. / MANU MITRU / EPC
“Como dicen en nuestra tierra, hace tanto calor que se caen los pájaros de los árboles, ¿hasta dónde vamos a llegar?”
Sobra decir que los turistas pueden volver a sus alojamientos, pero quienes se llevan la peor parte del calor extremo son los trabajadores a cielo abierto. Walter Ruiz, empleado de la construcción de 30 años, explica que los descansos pautados para que se puedan refrescar y hidratarse alivian un poco la odisea que implica trabajar con manga y con chaquetas gruesas cuando deben soldar. "Nos asamos", se queja.

Walter Ruiz, de blanco, junto a sus compañeros de la construcción en el Portal de l'Àngel. / MANU MITRU / EPC
"Hacemos pausas para hidratarnos, pero nos asamos"
También más descansos para hidratarse que años atrás realiza Pantaleón Doménec, vigilante de seguridad a la entrada de la Catedral, de 53 años. "El año pasado algún trabajador sufrió desmayos y se han tomado medidas –explica–. Yo llevo tres veranos trabajando aquí y este está siendo el más duro: en las horas puntas no se puede aguantar”.

Pantaleón Domènec. / MANU MITRU / EPC
"Yo llevo tres veranos trabajando aquí y este está siendo el más duro: en las horas puntas no se puede aguantar”
También especialista en buscar sombras donde apenas las hay es Leonelis Perosa, de 27 años, que trata de captar clientes para un restaurante precisamente cuando el sol más abrasa: de doce de mediodía a cuatro de la tarde. "Lo que peor llevo es sentirme tan cansada, las horas se me hacen muy largas y el calor me deja extenuada".

Elisabeth López, junto al termómetro del Portal de l'Àngel. / MANU MITRU / EPC
"Pasamos directamente del invierno a un verano insoportable y cada año es peor que el anterior"
La barcelonesa Elisabeth López, de 23 años, pone palabras a una impresión de consenso que, por dicha, no deja de ser preocupante. "Pasamos directamente del invierno a un verano insoportable y cada año es peor que el anterior". Y la pregunta, inquietante, sigue ahí: "¿Cómo estaremos dentro de 10 años?"
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