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Investigación

La exposición al calor durante el embarazo podría influir en el desarrollo cerebral infantil, según un estudio

La investigación de ISGlobal relaciona las temperaturas elevadas con un crecimiento lento del tálamo durante los primeros meses de vida

La exposición al calor y al frío al inicio del embarazo se asocia con diferencias en el tamaño fetal a las 12 semanas

Fotografía de archivo de una mujer embarazada. EFE/Zayra Mo

Fotografía de archivo de una mujer embarazada. EFE/Zayra Mo / Zayra Morales / EFE

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La exposición a temperaturas elevadas durante el embarazo y los primeros meses de vida se asocia con un crecimiento más lento del tálamo durante la infancia, según un estudio del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), centro impulsado por la Fundación ”la Caixa”. Los resultados, publicados en Environment International, sugieren que la exposición al calor en las primeras etapas de la vida podría tener efectos duraderos sobre el desarrollo cerebral. Aunque estudios previos han relacionado la exposición al calor con alteraciones cognitivas y problemas de salud mental, todavía existe poca evidencia sobre sus efectos en la estructura cerebral, según la nota de prensa de ISGlobal de este lunes.

El cambio climático incrementa la exposición a temperaturas extremas en todo el mundo, lo que genera “preocupación” por sus posibles efectos sobre la salud infantil, tal como ha señalado ISGlobal. El embarazo y los primeros años de vida son etapas especialmente críticas para el desarrollo del cerebro, ya que este crece rápidamente y es especialmente sensible a los factores ambientales, según la nota de prensa.

La investigadora de ISGlobal y del IDIAPJGol y primera autora del estudio, Laura Granés, explicó que la investigación tenía como objetivo analizar si la exposición al calor o al frío desde la concepción hasta los 8,5 años se asociaba con cambios en el desarrollo cerebral durante la infancia tardía y la adolescencia. Además, también se buscaba identificar los periodos en los que el cerebro es más vulnerable.

El estudio incluyó a 3.251 niños y niñas de la cohorte de nacimiento Generation R Study de los Países Bajos. “Utilizamos un modelo climático de alta resolución que proporcionó estimaciones semanales de la temperatura exterior durante el embarazo y estimaciones mensuales desde el nacimiento hasta los 8,5 años en el lugar de residencia de cada participante”, explicó Granés.

Posteriormente, se analizaron resonancias magnéticas cerebrales realizadas aproximadamente a los 10 y a los 14 años. Esto permitió medir cómo variaba el volumen de 11 estructuras cerebrales a lo largo del tiempo y analizar si estos cambios estaban relacionados con la exposición previa al calor o al frío.

El tálamo, más vulnerable

De todas las regiones cerebrales analizadas, solo el tálamo mostró una asociación consistente con la exposición al calor durante las primeras etapas de la vida, según el estudio. El tálamo actúa como el principal centro de relevo del cerebro, ya que procesa y transmite la información sensorial y motora hacia la corteza cerebral.

El equipo investigador considera que esta región podría ser “especialmente sensible” porque comienza a desarrollarse muy pronto durante el embarazo y sigue un calendario de desarrollo muy estrictamente regulado.

Además, su elevada irrigación sanguínea durante el desarrollo fetal podría hacerla más vulnerable a los cambios provocados por el calor que afectan a la placenta o al flujo sanguíneo hacia el feto.

Ventana crítica

El estudio identificó un periodo claro de vulnerabilidad que abarca el embarazo y los primeros meses después del nacimiento. En comparación con una temperatura media de referencia de 12,5 °C, la exposición a temperaturas medias mensuales de 20,5 °C durante este periodo (calculadas a partir de las temperaturas diurnas y nocturnas) se asoció con un crecimiento más lento del tálamo entre los 9 y los 15 años.

No se observaron asociaciones similares ni en el resto de estructuras cerebrales analizadas ni con la exposición a temperaturas frías.

Calor y desarrollo cerebral

Aunque el estudio no estaba diseñado para identificar los mecanismos biológicos implicados, investigaciones previas apuntan a varias posibles explicaciones. La exposición al calor durante el embarazo podría alterar los niveles de hormonas del estrés materno, afectar a la capacidad de la placenta para proteger al feto en desarrollo frente a estas hormonas o modificar la señalización de la serotonina, un proceso fundamental para la formación de las conexiones entre el tálamo y la corteza cerebral.

Asimismo, la inflamación y el estrés oxidativo asociados al calor también podrían contribuir a estos efectos, aunque son necesarios más estudios para confirmarlo.

El equipo investigador también observó que un crecimiento más lento del tálamo se asociaba con una mayor presencia de problemas de conducta externalizantes durante la adolescencia, como comportamientos agresivos e infracciones de las normas. Sin embargo, no encontraron ninguna asociación con el rendimiento cognitivo.