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Opinión | Educación superior

Laia de Nadal

Rectora de la Universitat Pompeu Fabra

Cuaderno de verano para la universidad pública

La rectora de la UPF Laia de Nadal reivindica la pausa estival como una oportunidad para repensar el futuro de la universidad pública y plantea el reto de reforzar su papel como ascensor social, ordenar la oferta de titulaciones y construir una relación más estrecha entre universidad, empresa, administraciones y sociedad

Campus Ciutadella de la UPF, este mes de junio.

Campus Ciutadella de la UPF, este mes de junio. / Belén González / EPC

En julio, las universidades entramos en una especie de tierra de nadie. Los campus se vacían de golpe mientras miles de futuros estudiantes cuentan los días para saber dónde recaerán el próximo curso. Entre la desconexión de unos y la expectativa de otros, estas semanas de canícula son una tregua de oro. Es el momento ideal para detener el ritmo, levantar la cabeza de las urgencias de la gestión diaria y abrir, por fin, nuestro propio cuaderno de verano para pensar el futuro.

No es que el resto del año no reflexionemos; lo hacemos, y con mucha intensidad. A lo largo de este curso hemos debatido a fondo sobre la urgencia de dotar al sistema universitario catalán de una financiación mayor y estable, sobre las causas del absentismo o sobre el profundo impacto de la inteligencia artificial en la actividad universitaria. Sin embargo, julio nos regala un compás diferente que nos permite interrogarnos con perspectiva: ¿qué balance podemos hacer de las universidades públicas como motores de bienestar? ¿Cuál es nuestro impacto real en la reducción de las desigualdades? ¿Estamos dotando a los estudiantes de las herramientas más adecuadas para afrontar los retos de hoy y los que vendrán? ¿Nos estamos organizando de la manera más eficiente? Son preguntas incómodas, pero necesarias si queremos defender un sistema exitoso que no sobrevivirá por pura inercia. Como primera lección de este cuaderno, quisiera poner el foco en tres carpetas esenciales.

"La asfixiante proliferación de titulaciones en Catalunya y España ha configurado un mapa académico fragmentado que confunde y burocratiza el conocimiento"

La primera afecta a la razón misma de la universidad pública. En los últimos años hemos dado un salto notable para ser más inclusivos. Con todo, corremos el riesgo de dejar de ser el gran motor de ascensor social para el que fuimos concebidos y convertirnos en un espacio donde se reproducen las desigualdades socioeconómicas de origen. Diversos informes advierten de que la brecha de accesibilidad persiste en los entornos vulnerables, donde cursar estudios universitarios implica un coste de oportunidad demasiado elevado.

Revertir esta tendencia requiere una estrategia en tres tiempos: a corto plazo, es necesario ampliar urgentemente el sistema de becas salario para que nadie abandone por motivos económicos; a medio plazo, hay que flexibilizar los modelos de aprendizaje e impulsar la formación a lo largo de la vida para la población activa; y, a largo plazo, se necesita una acción coordinada desde las primeras etapas educativas para corregir los sesgos de género y de clase antes de que se vuelvan crónicos.

Corremos el riesgo de dejar de ser el gran motor de ascensor social para el que fuimos concebidos y convertirnos en un espacio donde se reproducen las desigualdades socioeconómicas de origen

La segunda carpeta es la asfixiante proliferación de titulaciones en Catalunya y España, un proceso que ha configurado un mapa académico fragmentado que confunde y burocratiza el conocimiento. España lidera de forma anómala el catálogo de títulos en Europa, con más de 9.000 titulaciones oficiales de grado y máster; una hipertrofia flagrante si se compara con países como Alemania o los Países Bajos, que operan con modelos mucho más compactos y transversales. Esta sobreoferta obliga a los jóvenes de dieciocho años a elegir caminos hiperespecializados desde el primer día, actuando como una barrera invisible: no es extraño que el abandono en primer curso roce el 20%.

Es necesaria una acción coordinada desde las primeras etapas educativas para corregir los sesgos de género y de clase antes de que se vuelvan crónicos

Para ganar eficiencia y equidad, el sistema debería reducir este catálogo inabarcable -Francia o Italia, por ejemplo, limitan a poco más de cuarenta las denominaciones de títulos de grado- y unificar el acceso a grandes áreas de conocimiento.

Al mismo tiempo, conviene abordar de una vez una reflexión profunda sobre el sistema de acceso a la universidad. Menos "etiquetas" y más libertad curricular no solo nos homologarían con Europa, sino que formarían profesionales más adaptables.

"Para ganar eficiencia y equidad, el sistema debería reducir este catálogo inabarcable, Francia o Italia, por ejemplo, limitan a poco más de cuarenta las denominaciones de títulos de grado, y unificar el acceso a grandes áreas de conocimiento"

Finalmente, nada de esto será posible sin un cambio cultural que articule verdaderos puentes multilaterales. Se ha avanzado mucho en la relación bilateral universidad-empresa, pero el vínculo con las administraciones públicas ha quedado demasiado a menudo relegado a una relación puramente burocrática o de financiación, y no de codiseño de políticas.

Retos de cohesión social

Para afrontar los retos de la cohesión social, es imprescindible activar una triangulación estratégica y porosa —universidad-empresa-administración— que incorpore al tercer sector y a la sociedad civil. Las administraciones deben ver la universidad como su principal 'think tank', mientras que el tejido social y empresarial debe desempeñar un papel más activo en el diseño de programas y en la lucha por la equidad. También habrá que preguntarnos si el actual modelo de gobernanza universitaria es el más adecuado e idear fórmulas más flexibles y participativas.

Las tres carpetas reclaman nuestra atención. Alguien podría decirme que las universidades públicas tenemos mucho margen de mejora y que debemos predicar con el ejemplo. Y tendría razón. Sin embargo, estos deberes de verano no son una responsabilidad exclusiva de las universidades, sino del conjunto de la sociedad. Todos ganaremos si nos animamos a caminar juntos para encontrar soluciones colectivas y duraderas. Y lo que avancemos durante el verano nos ayudará a correr más deprisa el próximo curso.