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Alerta por los incendios

Catalunya revisará las franjas que protegen del fuego a las urbanizaciones

Las franjas de 25 metros son en muchos casos insuficientes ante incendios de sexta generación y dado el estado del bosque

Más de la mitad de municipios siguen sin tener a punto estos espacios de protección y el Govern se propone terminarlos en cinco años

La mitad de municipios catalanes con bosque no disponen del plan de delimitación obligatorio

Los bomberos trabajan para remojar fincas en la urbanización de las Cabanyes de Calonge.

Los bomberos trabajan para remojar fincas en la urbanización de las Cabanyes de Calonge. / ACN / Jordi Borràs

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Guillem Costa

Guillem Costa

Barcelona
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"Se nos hace imposible proteger las casas diseminadas; están dentro del bosque y algunas son de madera". Es lo que decía el jefe de los Bomberos de la Generalitat, David Borrell, en pleno episodio de simultaneidad de incendios en Catalunya. La frase resume una de las principales preocupaciones existentes en cuanto a la amenaza de los incendios: la vulnerabilidad de las urbanizaciones levantadas en plena masa forestal, rodeadas de vegetación densa e inflamable. El último ejemplo, el de El Farell, la urbanización de Caldes de Montbui afectada por el incendio de Sentmenat.

Cuando se declara un incendio forestal, la gran prioridad no es proteger al medio natural sino salvaguardar a las personas y las viviendas que quedan atrapadas en medio de la llamada interfaz urbano-forestal, la zona de riesgo máximo en la que el monte y las edificaciones se mezclan. En Catalunya, este paisaje marcado en rojo por los bomberos se distribuye a lo largo de todo el territorio en urbanizaciones, casas aisladas y pequeños núcleos situados dentro de las arboledas.

"Quizá las franjas de 25 metros ya no basten y haya que pensar en perímetros de 50 metros o incluso más"

Joan Pino, ecólogo y director del CREAF

Algunas de estas viviendas en peligro se construyeron de forma irregular y se han consolidado con el paso de las décadas. Y una buena parte de ellas arrastran desde hace años un problema enquistado: no cuentan con unas franjas de protección adecuadas que separen la vegetación de las viviendas y reduzcan la intensidad del fuego antes de que afecte a las casas. Aproximadamente, un 50% de las urbanizaciones y municipios obligados a tener lista esta herramienta de seguridad no disponen de ella.

La normativa vigente exige franjas perimetrales de protección de 25 metros alrededor de urbanizaciones y zonas colindantes con el bosque. Sin embargo, el actual contexto climático, que impulsa incendios de sexta generación, y la falta de gestión acumulada en estas áreas obligan a replantear si esta distancia es suficiente. Un asunto que los expertos ven claro y que la Conselleria d'Agricultura tiene sobre la mesa.

La urbanización de Les Garrigues calcinada / Eduard Font Badia

La urbanización de Les Garrigues calcinada / Eduard Font

Joan Pino, ecólogo y director del CREAF, reclama abrir este debate: "Quizá las franjas de 25 metros ya no basten y haya que pensar en perímetros de 50 metros o incluso más, en los territorios más expuestos". Pino, ante la imposibilidad de gestionar todo el bosque, establece prioridades: "Lo más urgente debe ser alejar los bosques de las personas".

"Las franjas de protección son clave porque están pensadas para proteger bienes y personas", sostiene Jaume Minguell, director general de Bosques y Gestión del Medio del Departament d’Agricultura. El Govern admite que el retraso es enorme y está dispuesto a revisar si en algunos casos es necesario ampliar la dimensión de estas franjas.

El Govern ha multiplicado por diez los fondos para franjas: de un millón de euros se ha pasado a 15 en un año

Fuentes del GRAF, el grupo especializado de los Bombers en actuaciones forestales, también admiten que el modelo actual deberá revisarse. A día de hoy, asegura, es insostenible mantener a tanta población en zonas donde el fuego puede llegar con una "fuerza incontrolable". Las franjas tienen un papel clave porque pueden ayudar a frenar las llamas. Pero si no están bien hechas, en condiciones meteorológicas adversas, pueden no garantizar por sí solas la defensa de una urbanización.

Mientras ese modelo no se revisa, lo urgente es solventar el problema de aquellas urbanizaciones que no tienen franjas de protección. Para ello este año la conselleria ha multiplicado por diez la inversión destinada a subvenciones para que los municipios aborden estas actuaciones pendientes. En concreto, se ha pasado de 1,5 millones de euros a 15. El Govern se ha marcado un plazo de cinco años para que todas las franjas estén hechas. "El objetivo es que puedan estar todas hechas en un plazo de cinco años, apoyándose en esta nueva convocatoria de ayudas", asegura Minguell en conversación con este diario.

El ejemplo de Sentmenat

A menudo, la propiedad forestal fragmentada y la poca capacidad administrativa de los ayuntamientos, que se apoyan en la Generalitat y las diputaciones, complican el proceso de autoprotección. Aun así, no todo puede recaer únicamente en la Administración. Desde Protección Civil afirman que quienes viven dentro del bosque deben asumir una cultura de autoprotección muy potente.

El incendio de Sentmenat, declarado el lunes, es un claro ejemplo de la situación. Pese a no ser un fuego de grandes dimensiones, ha inquietado a la población y a los servicios de emergencia porque amenazaba precisamente a viviendas situadas en zonas de alto riesgo.

Durante los últimos días, se ha podido comprobar la consolidación de un cambio de criterio que las autoridades pusieron en marcha hace años: confinar antes que evacuar. Sacar a la población de sus casas, defienden desde Protección Civil, no siempre es la opción más segura. Una evacuación implica movimientos por carreteras que pueden quedar afectadas por el humo, las llamas o la propia congestión de vehículos.

No obstante, para que el confinamiento sea seguro, es muy importante que las franjas de delimitación estén actualizadas. Así, las personas pueden permanecer en casa con las puertas y ventanas cerradas, mientras los bomberos tratan de impedir que el fuego alcance las viviendas. El problema es que no todas las urbanizaciones presentan las condiciones óptimas para llevar a cabo este tipo de actuaciones. En algunas, las casas están demasiado expuestas y la vegetación llega hasta las parcelas particulares.

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