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Incendios

El cámping de Caldes de Montbui desalojado por el incendio vuelve a latir: “Dejamos la comida a medio hacer”

Los responsables del establecimiento avisaron parcela por parcela a los usuarios ante la proximidad de las llamas

Platos por fregar, sin recoger, por la salida imprevista de sus dueños ante la proximidad de las llamas en el camping El Pasqualet.

Platos por fregar, sin recoger, por la salida imprevista de sus dueños ante la proximidad de las llamas en el camping El Pasqualet. / Albert Segura / ACN / ACN

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El cámping El Pasqualet de Caldes de Montbui (Vallès Oriental) recupera poco a poco la normalidad, después de que el lunes por la tarde fuera desalojado por la proximidad del incendio que se había originado en Sentmenat (Vallès Occidental). “Dejamos la comida a medio hacer”, explica Cristina Bielsa, quien al volver se encontró ventiladores encendidos, mesas preparadas y platos por lavar; imágenes que han quedado congeladas en el tiempo por las prisas de marcharse, después de que los propietarios del establecimiento avisaran parcela por parcela de que había que irse. Este es el primer día de vuelta a la normalidad después de que el martes por la tarde se levantara el confinamiento, a la espera de que los campistas vayan regresando a sus caravanas.

El cámping vivió la proximidad de las llamas con el respeto que merece un incendio forestal en expansión, más aún al estar rodeado de bosque. “Vimos el suelo amarillo y, cuando miramos al cielo, había una gran columna de humo con helicópteros yendo y viniendo”, ha explicado a la ACN Cristina Bielsa, una campista de Barcelona que pasa la temporada con su familia en El Pasqualet.

Los responsables del establecimiento optaron por ir parcela por parcela para avisar a la gente de que tenía que marcharse; en ese momento había 350 personas. “Vimos la columna de humo detrás de la montaña, no teníamos orden de evacuación, pero decidimos poner en marcha el plan de emergencia para sacar a todos los niños del casal, llevarlos al centro del pueblo y también evacuar a todos los campistas”, ha explicado Sergi Quiñones, gerente del cámping. Cabe destacar que en este espacio se llevan a cabo hasta tres casales diferentes para niños, de los cuales hoy solo uno, el de bicicross, ha podido realizar su actividad.

Veinte minutos después recibieron la orden de los servicios de emergencias para evacuar el espacio, momento en el que ya habían completado prácticamente la retirada de todas las personas del cámping, un margen de tiempo que, según ha explicado, les permitió trabajar con más calma.

Daniel Janariz, que pasa el verano allí procedente de Cubelles (Garraf), estaba trabajando cuando recibió la llamada de su hija. Tan pronto como pudo, fue al cámping, pero poco podía hacer: “Como había partido de fútbol aproveché y me quedé en la zona del Remei, en Caldes”, ha explicado, una solución que muchos de los afectados tuvieron para sobrellevar las horas de angustia de la tarde-noche.

Desde allí los dirigieron al pabellón de Les Cremades, donde inicialmente la Cruz Roja había instalado camas para alojar a las personas que lo necesitaran, pero finalmente no hizo falta porque el balneario Termes Victòria ofreció alojamiento a las 20 personas que en ese momento lo requirieron. Cristina, sin embargo, optó por volver a casa: “Hemos ido lavando la ropa que llevábamos; era la única que teníamos porque el resto estaba todo en el cámping”, ha detallado.

Neus Gumí y Jairo García, de L’Hospitalet de Llobregat, decidieron pasar una semana en el cámping. Tienen un bebé y la tranquilidad del bungalow parecía una buena opción, sobre todo porque Jairo podía ir y venir del trabajo con comodidad.

“Él estaba trabajando en Barcelona y yo estaba aquí; el socorrista vino corriendo porque, de forma preventiva, teníamos que marcharnos del cámping”, ha relatado Neus. Cogió algo de comida y agua y, mientras salían del recinto, pudo ver cómo el humo se intensificaba cada vez más: “Nos convocaron en el campo de fútbol, que era el punto de reunión, y desde allí nos llevaron hasta Caldes”, ha añadido, donde aprovechó para tomarse un helado.

Como la situación no parecía mejorar, volvieron a casa hasta este miércoles, cuando el cámping les informó de que podían regresar: “Nos han dicho que nos devolverán las noches que no hemos podido estar allí”, añade Jairo, destacando el buen trato recibido.

De hecho, el gerente del cámping ha explicado que, como no sabían cuánto se prolongaría el cierre por seguridad, decidieron devolver el dinero de las reservas de bungalows realizadas durante esos días y ayudar a los clientes a buscar alternativas en cámpings cercanos. “Hay reservas que hemos perdido, pero hemos preferido hacer el reembolso en lugar de esperar a ver cuánto duraba la situación”, ha añadido Quiñones.

Mathieu, un turista francés que ha pasado unos días en Caldes con su familia, también se ha mostrado agradecido por el trato recibido, tanto por parte del cámping como del Ayuntamiento: “Todo el mundo ha sido muy amable; por la información, teníamos varias reuniones en el hotel para explicar la evolución del fuego y en el hotel hemos estado muy bien”, ha relatado. Ahora le quedan quince días de vacaciones que, según ha dicho, piensan disfrutar.

Imagen de vacío

La imagen que ofrecía el cámping a primera hora de este miércoles era la de un lugar del que la gente se había marchado con lo puesto, con bicicletas esparcidas y toallas tendidas. “Cogimos lo que pudimos, dejamos el aire acondicionado encendido, el ventilador funcionando y, cuando hemos llegado, me he encontrado un paquete de tabaco sobre la mesa y la comida en el fuego, pero apagado”, ha explicado Cristina.

La campista explica además que han tenido suerte de que las llamas no avanzaran hasta el lugar, dado que el bosque está lleno de árboles caídos, fruto de los fuertes vientos de 2014. “Hay que hacer algo para solucionarlo, está todo destrozado”, ha añadido.

El cámping vuelve poco a poco a la normalidad y, a medida que avanza la mañana, se escuchan más gritos de niños corriendo y personas chapoteando en la piscina. Con el paso de helicópteros y hidroaviones como banda sonora de fondo, esperan que las cosas vuelvan a su sitio y, sobre todo, que las llamas acaben siendo solo la anécdota más relevante del verano.