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Entrevista

Mar Coll, investigadora: "El calor extremo ya condiciona la crianza y está alterando la vida cotidiana de los niños"

La especialista en cambio climático y desigualdades sociales de la Universitat Pompeu Fabra defiende que los refugios climáticos no solo tienen que ser "climáticamente adecuados", sino también "socialmente accesibles"

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Mar Coll, investigadora de la UPF.

Mar Coll, investigadora de la UPF. / Sandra Román

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Helena López

Helena López

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-¿Cómo afecta a los niños estar tantas horas sin poder salir de casa por el calor insoportable en la calle?

-Tiene consecuencias en su bienestar general, y no solo en el ámbito de la salud. El espacio público es fundamental durante la infancia. Es donde los niños juegan, socializan, se vinculan con el entorno y entran en contacto con la naturaleza, la vegetación, los parques o los espacios naturales en los pueblos. Cuando el calor impide ocupar esos espacios se alteran rutinas esenciales. Y tiene consecuencias materiales, también, porque las familias, y sobre todo las madres, tienen que buscar alternativas al hecho de no poder estar en la calle o en los parques, y eso obliga a reorganizar la rutina diaria. Y para los niños también supone un cambio de hábitos, con todo lo que implica, provocando consecuencias también sociales, porque esos espacios son lugares de encuentro en los que pueden relacionarse con otros iguales y con el mundo en general.

-Y emocionales, entiendo...

-También. Estos cambios de rutina pueden generar frustración, tristeza, desorientación o rabia. Además, soportar el calor tiene un impacto en el cuerpo -dormir peor, estar más cansado, tener menos energía- y eso se traslada al plano emocional. Y, en el caso de las madres, se suma la sobrecarga de reorganizar los cuidados y buscar alternativas, con las dificultades que eso supone.

"El cambio climático está avanzando muy rápido; cada vez hay más impactos y más intensos, y las políticas públicas no están avanzando a la misma velocidad"

-¿Están estudiadas las diferencias de este impacto en función de la situación socioeconómica de la familia?

-No demasiado. Tenemos muchos datos técnicos sobre el cambio climático; sabemos cuántos grados está subiendo la temperatura o cómo de llenos están los pantanos, pero todavía falta mucho trabajo para traducir cómo todo eso se refleja en la vida cotidiana de las personas. Hay mucha investigación sobre desastres naturales concretos, como inundaciones, y sus impactos a largo plazo, pero estos otros efectos, más normalizados y presentes en el día a día, son más difíciles de identificar. Cuesta desgranar qué forma parte de la vida cotidiana y qué impacto está teniendo realmente el cambio climático. Ahora empiezan a aparecer trabajos que se fijan precisamente en esa cotidianidad, en acciones más mundanas, y en cómo la crisis climática las está transformando.

La invesgitadora Mar Coll en el Campus Ciutadella de la UPF.

La invesgitadora Mar Coll en el Campus Ciutadella de la UPF. / Sandra Román

-¿Qué apuntan estos primeros trabajos?

-Que las desigualdades se amplían en función de la capacidad de las personas y las familias para adaptarse. Quienes tienen más recursos o una posición de mayor privilegio suelen poder afrontar mejor los impactos del cambio climático y, por tanto, sufrirlos menos o con menor intensidad. Las desigualdades que más se están ampliando son las de género y cuidados. El cambio climático hace que las tareas de cuidados crezcan, tengan más peso, que se creen nuevas obligaciones y haya que repensar las que ya existían porque ya no pueden hacerse igual. A las tareas que ya recaen mayoritariamente en las madres, y en las mujeres, se les añade una carga práctica y física, pero también una carga mental; pensar alternativas, nuevas formas de hacer las cosas y anticipar cómo adaptar la vida diaria a ese calor.

"Tenemos muchos datos técnicos sobre el cambio climático, pero nos falta mucho trabajo para traducir cómo esto se refleja en la vida cotidiana de las personas"

-¿Las ciudades están preparadas?

-El problema es que el cambio climático avanza muy rápido, con impactos cada vez más frecuentes e intensos, y las políticas públicas no avanzan a la misma velocidad. Nos falta alinearnos con la rapidez con la que cambian la realidad y sus efectos, sobre todo en relación con el calor y la sequía, que en Catalunya son dos de los impactos más importantes. En Barcelona, por ejemplo, se ha hecho un buen trabajo con los refugios climáticos, hay una red extensa y repartida por distintos puntos de la ciudad, pero la investigación también muestra que, en muchos casos, estos refugios no son para todo el mundo.

-¿A qué se refiere?

-Que algunos no son adecuados para ir con criaturas, o no están pensados para las necesidades de las familias con niños. Otro ejemplo son las piscinas incluidas como refugios climáticos. Hay piscinas públicas, pero su entrada tiene un precio que no todo el mundo puede asumir de forma rutinaria. También hay estudios realizados en el Raval que indican que algunos refugios climáticos no resultan cómodos para personas de culturas diversas; no son espacios donde necesariamente se sientan bienvenidas. Por eso hay que tener en cuenta factores que van más allá de la temperatura. Los refugios climáticos no solo deben ofrecer espacios climáticamente adecuados, sino también socialmente accesibles para distintos grupos. El cambio climático no afecta igual a los niños que a las personas mayores, a quienes tienen pocos recursos que a quienes tienen muchos, o a quienes viven en Barcelona que a quienes viven en otros territorios de Catalunya. Antes de diseñar soluciones, necesitamos entender cómo viven las personas estos impactos y cómo los datos técnicos y abstractos se traducen en necesidades reales. Falta dar ese paso, no partir solo de lo técnico, sino de lo que ocurre a pie de calle.

"Las piscinas municipales son refugios climáticos, pero tienen un precio que no todo el mundo puede afrontar de forma rutinaria"

-Más allá de los refugios, ¿qué políticas deberían hacerse para adaptar las ciudades y los pueblos?

-Sabemos que la vegetación ayuda a bajar la temperatura en las calles y que hay que pensar la ciudad para evitar el efecto de isla de calor. Los edificios, el tráfico, el asfalto y el uso generalizado de aire acondicionado contribuyen a que haya más calor en el exterior, por lo que es importante preparar calles y edificios para mitigar estos efectos. Pero estas acciones urbanísticas también deben incorporar una mirada social. La repercusión en la vida de las personas es distinta según el barrio en el que viven, la edad, la movilidad, la salud o la situación socioeconómica. Hacen falta dos grandes pilares. Una parte técnica, obviamente; pero combinada con una parte social. Desde la academia se insiste mucho en que no podemos olvidar esta dimensión, porque si no, ¿para quién servirán las soluciones? Queremos que las acciones de adaptación y mitigación sean justas para todo el mundo, y para eso deben tener en cuenta la diversidad de la población de Catalunya.

-¿Cuáles son los grandes retos?

-Lo primero es aceptar que esta ya es una problemática que nos afecta y a la que tenemos que prestar atención urgentemente. No es un problema del futuro, aunque muchas veces se siga hablando así, como algo para lo que nos tenemos que preparar más adelante. Ya está ocurriendo y ya afecta a la vida cotidiana de las personas. Los pocos datos que existen sobre este ámbito muestran impactos materiales, sociales y emocionales. También muestran que se están ampliando desigualdades y que la crisis climática afecta al estado emocional y mental de la población.

"Hay que pensar la ciudad para evitar el efecto de isla de calor. Los edificios, el tráfico, el asfalto y el uso generalizado de aire acondicionado contribuyen a ello"

-¿Y lo segundo?

-Salir de la idea de que las soluciones tecnocráticas nos salvarán por sí solas. Pero si queremos responder de forma justa y sostenible, y evitar que las desigualdades existentes se amplíen todavía más, tenemos que prestar atención a los impactos cotidianos, a los que hasta ahora no se ha dado suficiente importancia, salvo cuando ocurre un gran desastre, como una inundación.

-Entonces sí se ponen todos los focos...

-Sí, pero hay otros efectos más silenciosos, integrados en la rutina diaria, que quedan invisibilizados. No poder salir al parque, tener que cambiar horarios, dormir peor, reorganizar cuidados o buscar alternativas constantemente. Primero necesitamos entender qué nos está pasando para después poder plantear soluciones justas y adecuadas a las necesidades reales de las personas.

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