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Cómo acompañar en la primera infancia

Ni chino ni robótica: lo que de verdad necesita tu bebé para desarrollar su cerebro

"Tu hijo necesita tu tiempo y tu presencia: que le hables, que interactúes con él, que le abraces y que le digas 'no' cuando haga falta", advierte la neuropediatra María José Mas

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Una madre coge la mano de su bebé, en su casa de Barcelona.

Una madre coge la mano de su bebé, en su casa de Barcelona. / Jordi Otix

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Olga Pereda

Olga Pereda

Madrid
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Los primeros tres años de vida son cruciales para el desarrollo del cerebro humano. Lejos de ser una etapa menor, el ciclo 0-3 resulta decisivo: es el momento en el que se construyen los cimientos del sistema nervioso. Estimular al bebé es determinante, pero, en la etapa preescolar, no hacen falta ni clases de chino ni robótica. “La estimulación forzada resulta poco respetuosa con el desarrollo”, asegura la pediatra y neuropediatra María José Mas. Es decir, básicamente, tu bebé te necesita a ti. Necesita tu tiempo y tu presencia: que le hables, que interactúes con él, que le abraces y que le digas “no” cuando haga falta.

Con una vida profesional dedicada a estudiar el sistema nervioso desde el nacimiento hasta la adolescencia, la doctora Mas recuerda que el cerebro no madura como un órgano aislado, sino que sus circuitos se construyen en interacción con otras personas. De ahí la importancia del vínculo, una relación estrecha y forjada en el tiempo. Término muy manoseado entre los gurús, el vínculo no es ninguna epifanía sino algo más mundano: mantener una conexión emocional con el bebé, algo que empieza en la gestación y que se va estableciendo hasta los tres o cuatro primeros años de vida. Pasado ese periodo, puede resultar más difícil construirlo desde cero. Ese lazo íntimo no pertenece exclusivamente a la primera infancia, sino que se mantiene durante mucho tiempo, a menudo, toda la vida.

María José Mas, pediatra, neuropediatra y autora de 'Neuronas en crecimiento'.

María José Mas, pediatra, neuropediatra y autora de 'Neuronas en crecimiento'. / E. P.

"Un hijo te cambia radicalmente, eres tú la que se tiene que acoplar a sus horarios y no al revés"

Maneras de criar hay muchas, pero todas se deben sustentar en dos pilares: amor y disciplina. “No son las caras opuestas de la crianza, sino complementarias”, explica la especialista, que acaba de publicar un libro, una guía práctica y dirigida a las familias: ‘Neuronas en crecimiento, consejos de una neuropediatra para acompañar el desarrollo de tu hijo’ (Vergara). Su experiencia en consulta le ha llevado a concluir que las madres y los padres tienen dos asignaturas pendientes. La primera, pensar que el bebé no les cambiará la vida. “Te la cambia radicalmente y eres tú la que se tiene que acoplar a sus horarios y no al revés”, sentencia. La segunda, más relacionada con el paso de los años, es “no saber decir que no con firmeza y tranquilidad” a los hijos. “Son un bien preciado y hacemos bien en cuidarles mucho. Pero no podemos convertirles en dioses. Si lo hacemos, tendrán un problema cuando salgan a la calle y se enfrenten al mundo real”, concluye.

Cómo crece el cerebro

Desde el nacimiento hasta los 3 años, el cerebro crece más rápido que en ningún otro momento. No aumenta el número de neuronas (ya alcanzaron su máximo a las 16 semanas de gestación) sino que cada una empieza a tejer nuevas conexiones (sinapsis). “Esta expansión vertiginosa del cerebro no es posible sin un entorno rico en experiencia”, prosigue la doctora, que niega que los bebés tengan que recibir un alud de estímulos lúdicos y académicos. “Cada vivencia, desde la voz hasta un gesto de cariño, estimula unos circuitos y deja otros en reposo. Es el mecanismo más poderoso del neurodesarrollo temprano”, concluye Mas tras recordar que, al cumplir los 3 años, el cerebro del niño presenta un número extraordinario de sinapsis: cientos de billones.

En esta etapa, y en todas, equivocarse es bueno. “Si tu hijo está haciendo un puzle y ves que está poniendo mal las fichas, no vayas enseguida a decirle cómo las tiene que poner. Observa y deja que se tome su tiempo. Después de un rato, si sigue sin conseguirlo, le ayudas”, recomienda. “Tu hijo no necesita que estés todo el día encima de él y haciéndole mil monerías. Lo que necesita es que estés presente y atento”, resume. Un bebé no puede vivir sin el calor humano, insiste la neuropediatra, que recuerda que en el siglo XX, el doctor estadounidense René Spitz ya documentó los efectos devastadores de la privación afectiva en la primera infancia comparando bebés criados en orfanatos con bebés criados por sus madres.

"Nunca hablo de perfección porque el neurodesarrollo no la necesita. Lo que necesita un bebé es amor y disciplina. No se trata de hacerlo todo bien, sino de estar ahí"

Criar no consiste en aplicar fórmulas ni en alcanzar un ideal. “Nunca hablo de perfección porque el neurodesarrollo no la necesita. Lo que necesita un bebé es un adulto que amortigüe el estrés, que ponga límites razonables y que conduzca al niño hacia su autonomía. Amor y disciplina. No se trata de hacerlo todo bien, sino de estar ahí”, sostiene la divulgadora.

El cerebro de los hombres también cambia cuando ejercen de padre. “La práctica diaria le enseñará el significado de cada sonido y gesto del hijo. Cuanto más participa en la crianza, más oxitocina libera sobre sus circuitos del cuidado”, explica.

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