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Voluntariado sénior

De la jubilación a la acción: "Ser voluntario me ayuda a mantenerme activo y a sentirme útil"

Arnau Sallent, Javier Larrosa y Pepa Nolla tienen en común que superan los 55 años y dedican parte de su tiempo a colaborar con entidades sociales, aprovechando que sus cargas laborales y familiares han disminuido

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Voluntariado en la Escola Màrius Torres. En la imagen, Arnau Sallent, un voluntario sénior que da clases de refuerzo a escolares.

Voluntariado en la Escola Màrius Torres. En la imagen, Arnau Sallent, un voluntario sénior que da clases de refuerzo a escolares. / Jordi Otix / EPC

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Patricia Martín

Patricia Martín

Madrid
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Pepa Nolla se pasa media vida en la Asociación de Familias contra la Intolerancia X género. Y Arnau Sallent y Javier Larrosa dedican una tarde a la semana a dar clases de refuerzo a niños en riesgo de exclusión. Los tres tienen en común que superan los 55 años y son voluntarios en entidades sociales, aprovechando que sus cargas laborales y familiares han disminuido. De hecho, esta circunstancia favorece que los séniors sean colectivo de voluntarios más numeroso en España (con un 23% de los altruistas, tres puntos por encima del siguiente grupo de edad).

En el caso de Pepa y Arnau, ambos están jubilados, y Javier sigue en activo pero sus hijas ya están en la universidad y dispone de más tiempo libre. Los tres coinciden que colaborar con oenegés les genera una gran satisfacción, porque sienten que ponen su granito de arena a la hora de luchar contra el "determinismo social". Estas son sus historias:

Arnau Sallent: "Tengo 66 años y colaboro con dos entidades; me hace sentir útil y me aporta riqueza"

Barcelona 13/05/2026 Sociedad. Voluntariado sénior en la Escola Màrius Torres,donde se dan clases a niños y niñas vulnerables. Arnau Sallent,un sénior dando clases de lectura y matemáticas. AUTOR: JORDI OTIX

Arnau Sallent, voluntario de Narinan, con alumnas en la escuela Màrius Torres. / Jordi Otix / EPC

Arnau Sallent (66 años, Sant Cugat del Vallès) se jubiló apenas hace un año y enseguida pasó por su mente cómo ocupar parte de su tiempo libre ayudando a los demás. Buscó por internet y a través de su entorno y ha encontrado dos entidades con las que colabora. Por un lado, Voluntariat per la Llengua, con la que también colabora su hijo, que proporciona clases de conversación entre voluntarios que hablan catalán y personas que están aprendiendo y necesitan adquirir fluidez. En su caso, ayuda a mejorar su catalán a una mexicana "que tiene una vida llena de experiencias". "Cuando quedo con ella, es muy ameno, aprendo yo también cosas de su país, porque soy muy curioso", relata.

Además, colabora con Narinan, una asociación que ofrece clases de refuerzo escolar gratuito y en catalán a alumnos de entre 6 y 12 años en riesgo de exclusión social o económica. Arnau acude una tarde a la semana a la escuela Màrius Torres de L'Hospitalet y allí da clase a tres niñas de ocho años, de diferentes orígenes. "Con una de ellas trabajamos más la comprensión lectora y los dictados y con las otras dos las matemáticas, pero como a veces vienen un poco cansadas de su día escolar, lo combinamos con juegos, para que aprender no se les haga pesado", explica.

Arnau considera que ambas experiencias le aportan "riqueza", porque le permiten conocer "una parte de la sociedad, de origen inmigrante, con la que él no ha tenido contacto, ni laboral ni familiarmente". "Además, el simple hecho de ser voluntario me mantiene activo y en contacto con proyectos relacionados con mi anterior vida profesional, me hace sentirme útil y que ayudo a gente que lo necesita", concluye.

Javier Larrosa: "Con el voluntariado me siento un poco menos incómodo con el determinismo social"

Barcelona 13/05/2026 Sociedad. Voluntariado sénior en la Escola Màrius Torres,donde se dan clases a niños y niñas vulnerables. - Francisco Javier Larrosa,durante una de sus clases voluntarias de lengua. AUTOR: JORDI OTIX

Javier Larrosa, voluntario sénior de Narinan, en la escuela Màrius Torres. / Jordi Otix / EPC

Javier Larrosa (57 años, L’Hospitalet de Llobregat) es profesor en la Universitat Politècnica de Catalunya. Hace tres años, cuando sus hijas, que ahora están estudiando un grado superior, adquirieron independencia suficiente, vio que tenía más tiempo libre y decidió buscar una actividad con la que poder colaborar. Encontró un anuncio de Narinan y como tiene un amigo maestro en una escuela de alta complejidad que le habla a menudo de la dificultad de enseñar y aprender en ciertos contextos sociales, se decidió a colaborar con la entidad.

También va, como Arnau, una tarde a la semana a la escuela Màrius Torres, donde da clases a tres niños de cuarto de primaria, también de origen extranjero. "Son niños que por diferentes motivos les cuesta un poquito llevar el nivel de su clase. Sus familias no son autóctonas, el catalán para ellos es una complicación y no tienen, en su entorno familiar, un acompañamiento todo lo bueno que podría ser. Solo hacerles hablar y que construyan bien las frases, es algo positivo. También practicamos el cálculo mental, el razonamiento abstracto, la comprensión lectora y la escritura. Pero todo en un tono distendido y con un trato más personal del que tienen en sus clases", explica.

Javier siente que ser voluntario en Narinan le hace sentirse "un poco menos incómodo al compensar ese determinismo social que hace que los niños, dependiendo de dónde nacen, tengan más o menos oportunidades". "Además, los niños a los que ayudo son encantadores, agradecidos, cariñosos… Me recuerdan a mis hijas cuando tenían su edad. Me aportan muchas anécdotas y experiencias", añade.

Pepa Nolla: "La asociación es parte fundamental de mi vida"

Pepa Nolla, voluntaria de la Asociación de familias por la intolerancia X género.

Pepa Nolla, voluntaria de la Asociación de Familias contra la Intolerancia X género. / El Periódico

Pepa Nolla (77 años, Vilanova i la Geltrú) lleva siendo 26 años voluntaria de una Asociación de Madres y Padres de Gays, Lesbianas, Transexuales y Bisexuales (AMPGYL), que hace 11 años se transformó en la Asociación de Familias contra la Intolerancia X Género porque consideraron que había que abrir las puertas a todos los miembros de las familias. Pepa precisamente colabora en los talleres, charlas y actividades donde participan abuelos. "Nuestro propósito no solo es que acompañen a los padres y a los hijos, sino que formen parte activa de la transformación, con el fin de que la dureza de las percepciones simbólicas de género y la presunción de heterosexualidad, que tanto dolor provoca en la infancia y la adolescencia, se vuelva más suave para ellos".

Pepa dedica al voluntariado más de 15 horas a la semana, dado que desde que se jubiló, se ha volcado en la asociación. "Tengo una implicación emocional completa, es parte fundamental de mi vida. Yo siempre digo que si no hubiera tenido un hijo gay, hubiera muerto imbécil porque me descubrió una mirada amplia y abierta al mundo", subraya. Y especifica que su labor consiste en coordinar los grupos en los que participan abuelos y a veces tíos, que ya están jubilados, y se acercan a la asociación "con ganas de entender, ayudar e implicarse" en el debilitar los mandatos de género que invaden la sociedad y ayudar a los niños y adolescentes que no son heteronormativos.

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