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Congreso Urbanismo y Género organizado por la Diputació de Barcelona

El urbanismo feminista reivindica un nuevo modelo de ciudad: "Los cuidados también requieren infraestructuras"

Arquitectas, urbanistas e investigadoras defienden diseños urbanos que prioricen el acceso a la vivienda, la sostenibilidad, la participación y la proximidad de los servicios

Ambiente en la superilla de Sant Antoni, en la calle Parlament, en pasado mes de mayo.

Ambiente en la superilla de Sant Antoni, en la calle Parlament, en pasado mes de mayo. / MANU MITRU

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Cristina Sebastián

Barcelona
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Las ciudades del futuro deben dejar de diseñarse únicamente desde la lógica del crecimiento económico y empezar a planificarse desde las necesidades de las personas. Así lo han dictaminado las ponentes del congreso internacional Urbanismo y Género, organizado por la Diputació de Barcelona el pasado jueves y viernes. Las figuras de referencia de la arquitectura defienden un modelo de ciudad que sitúa la vida cotidiana en el centro de la planificación y responda a los retos de la crisis climática, la vivienda y las desigualdades. Arquitectas, urbanistas, e investigadoras defienden un cambio de paradigma que incorpora la perspectiva feminista a las políticas urbanas.

Lejos de limitarse a una cuestión de igualdad entre hombres y mujeres, las expertas plantean un modelo urbano que prioriza los cuidados, el acceso a la vivienda, la sostenibilidad, la participación ciudadana y la proximidad de los servicios. La propuesta busca responder a algunos de los principales desafíos del siglo XXI, como el envejecimiento de la población, la emergencia climática, la precariedad habitacional o las nuevas formas de movilidad.

Un legado que abre el camino

La arquitecta Anna Bofill sitúa el origen de este cambio de mirada en las décadas de trabajo desarrolladas por arquitectas y movimientos feministas que comenzaron a cuestionar la aparente neutralidad del urbanismo. Desde su experiencia profesional, recuerda que durante años la planificación urbana respondió a una visión centrada en el espacio productivo, mientras las tareas de cuidados y la experiencia cotidiana de las mujeres permanecían prácticamente invisibles.

"Hace falta más voluntad política, recursos económicos y mecanismos de evaluación que permitan comprobar si las medidas realmente se traducen en ciudades más igualitarias"

Anna Bofill

— Arquitecta

Bofill reivindica, además, herramientas como la Guía para el Planeamiento Urbanístico y la Ordenación Urbanística con Perspectiva de Género, elaborada para facilitar la incorporación de estos criterios en los proyectos urbanísticos. Sin embargo, considera que muchas de las propuestas formuladas hace años continúan pendientes de aplicación y reclama más voluntad política, recursos económicos y mecanismos de evaluación que permitan comprobar si las medidas realmente se traducen en ciudades más igualitarias.

Reorganizar las ciudades

Las especialistas coinciden en que el urbanismo feminista propone invertir la lógica con la que tradicionalmente se han construido las ciudades. Frente a un modelo que prioriza la rentabilidad del suelo, el tráfico o los grandes desarrollos urbanísticos, defienden que la planificación debe comenzar preguntándose cómo viven las personas, cuánto tiempo dedican a los cuidados o qué dificultades encuentran para acceder a los servicios básicos.

Desde esta perspectiva, la vivienda deja de entenderse únicamente como un bien económico para convertirse en un derecho imprescindible sobre el que se organiza el resto de la vida cotidiana. Como explica la urbanista y exrelatora de la ONU Raquel Rolnik, en la práctica “la vivienda es un sustantivo femenino” y sus luchas globales están protagonizadas en muchos casos por mujeres monoparentales que se ven obligadas a asumir dobles, triples o cuádruples jornadas de trabajo para poder sostener un techo.

"El urbanismo feminista es la revolución posible y única que nos puede sacar del atolladero nefasto en que nos han llevado el patriarcado y el machismo de guerras"

Zaida Muixí

— Arquitecta

Por su parte, la arquitecta Zaida Muixí recalca la urgencia de romper con el espejismo de la neutralidad abstracta y recuerda que, incluso en Europa, las mujeres asumen entre el 60% y el 80% del trabajo de cuidados no remunerado. Para Muixí, el urbanismo feminista “es la revolución posible y única que nos puede sacar del atolladero nefasto en que nos han llevado el patriarcado y el machismo de guerras”.

Una ciudad de proximidad

Otra de las principales propuestas pasa por abandonar los modelos urbanos estandarizados y diseñar cada barrio a partir de sus características sociales, económicas y culturales. El urbanismo feminista defiende ciudades de proximidad donde la población pueda acceder fácilmente a escuelas, centros de salud, comercios, transporte público o zonas verdes sin depender exclusivamente del vehículo privado. Sin embargo, las expertas insisten en que no existe una fórmula válida para todos los territorios. Zaida Muixí advierte de que más allá de eslóganes como 'la ciudad de los 15 minutos', la proximidad real debe responder a la interseccionalidad de las mujeres (clase social, origen, edad), y que las soluciones solo se construyen escuchando sus necesidades concretas.

Uno de los cambios más profundos que plantean las especialistas consiste en reconocer que “los cuidados también requieren infraestructuras". En ese sentido, las arquitectas proponen reorganizar los equipamientos públicos para facilitar la conciliación y compartir las tareas de cuidados mediante lavanderías comunitarias, cocinas colectivas, espacios de atención infantil, servicios de apoyo a las personas mayores o centros comunitarios capaces de fortalecer las redes vecinales entre mujeres.

A nivel internacional señalan proyectos pioneros como las Utopías en Iztapalapa (Ciudad de México) o el espacio ecofeminista CIBA en Santa Coloma de Gramenet.

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