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Piden no confundir entretenimiento con alimentación saludable

Cocituber, Cenando con Pablo, Peldanyos, Seizar Blue y el boom de comer mucho en redes: los nutricionistas llaman al orden

Los vídeos de restaurantes, hamburguesas, fritos, postres y raciones abundantes triunfan en redes, pero los expertos recuerdan que comer fuera a menudo suele implicar más grasas, sal y calorías

Cocinando con Pablo y Cocituber son los dos influencers de comida más de moda.

Cocinando con Pablo y Cocituber son los dos influencers de comida más de moda. / INSTAGRAM

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J. A. Giménez

J. A. Giménez

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Comer mucho se ha convertido en espectáculo. En redes sociales, los vídeos de creadores gastronómicos como Cocituber, Cenando con Pablo, Seizar Blue y otros perfiles dedicados a probar restaurantes acumulan miles de visualizaciones con una fórmula sencilla: platos contundentes, raciones enormes, bocadillos imposibles, hamburguesas, frituras, salsas y postres que entran por los ojos.

El contenido funciona porque es directo, visual y entretenido. Pero los nutricionistas insisten en un matiz importante: ver comida no es lo mismo que aprender a comer. Y convertir en rutina lo que en pantalla aparece como algo normal puede tener consecuencias para la salud.

El problema no es ir de restaurantes

Salir a comer o cenar fuera no es, por sí mismo, un problema. Forma parte del ocio, de la vida social y también de la cultura gastronómica, especialmente en España. La cuestión está en la frecuencia, las cantidades y el tipo de platos que se normalizan.

Muchos vídeos virales se apoyan en alimentos con palatabilidad: grasas, sal, harinas refinadas, carnes procesadas, fritos, salsas y grandes porciones.

Son comidas pensadas para resultar atractivas, generar reacción y provocar ganas de probarlas. En redes, además, cuanto más exagerado es el plato, más posibilidades tiene de llamar la atención.

Comer fuera suele cambiar la dieta

Los dietistas-nutricionistas suelen recordar que, cuando se come fuera de casa con mucha frecuencia, es más difícil controlar la calidad de la dieta. No siempre se sabe cuánto aceite se ha usado, cuánta sal lleva una salsa o qué cantidad real de grasa hay en una elaboración.

Además, las raciones suelen ser más grandes y el contexto invita a pedir entrantes, bebidas, postres o platos para compartir. Lo que un día puede ser un capricho razonable, repetido varias veces por semana, puede desplazar alimentos básicos como verduras, legumbres, fruta, pescado, huevos, frutos secos o cereales integrales.

El efecto escaparate

El auge de los influencers gastronómicos también plantea una cuestión de percepción. En pantalla, un creador puede aparecer comiendo varios platos en un mismo vídeo, probando restaurantes cada día o encadenando menús muy calóricos. Pero el espectador no siempre ve lo que ocurre fuera de cámara: si esa persona compensa en otras comidas, si entrena, si realmente termina todo lo que enseña o si su alimentación diaria es diferente.

Por eso los expertos piden no tomar estos contenidos como modelo dietético. Son entretenimiento, no una guía nutricional. El riesgo está en que el público más joven asuma que comer así de forma habitual no tiene impacto o que una buena recomendación gastronómica equivale automáticamente a una comida equilibrada.

Grasa, sal y calorías: el trío que más preocupa

En este tipo de contenidos no suele preocupar un plato concreto, sino la acumulación. Una hamburguesa doble, unas patatas con salsas, un bocadillo cargado o una ración de fritura pueden encajar de forma puntual dentro de una alimentación variada. El problema aparece cuando ese patrón se repite y se convierte en la norma.

El exceso de grasas saturadas, sal y calorías está relacionado con peores hábitos alimentarios y mayor riesgo de problemas metabólicos si se mantiene en el tiempo.

A eso se suma otro factor: muchas de estas comidas son muy sabrosas, pero sacian de forma desigual y favorecen que se coma más de lo necesario.

Una oportunidad para contar mejor la comida

El fenómeno también tiene una lectura positiva. Los creadores gastronómicos han conseguido que mucha gente descubra bares, restaurantes, platos tradicionales y pequeños negocios que antes no tenían tanta visibilidad. En provincias como Alicante, donde suelen recalar a menudo los influencers foodies, este tipo de vídeos puede mover público y poner en el mapa locales que viven del boca a boca.

La clave, según el enfoque nutricional, está en añadir contexto: no presentar cada exceso como algo cotidiano, diferenciar entre capricho y rutina, hablar de compartir raciones, de pedir opciones más equilibradas o de compensar con una alimentación variada el resto de la semana.

Disfrutar sin convertir el exceso en norma

Comer fuera puede ser un placer. Probar restaurantes también. El problema no está en un vídeo, en una hamburguesa viral o en una cena abundante, sino en confundir el escaparate con la vida diaria.

Los nutricionistas no piden dejar de ver estos contenidos ni demonizar a quienes los hacen. El mensaje es más sencillo: la comida viral puede abrir el apetito, pero la salud se construye con lo que se repite cada día.

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Fuente: Información