Encuesta a chicas y chicos de entre 15 y 29 años
Casi cuatro de cada diez jóvenes han reducido su consumo de alcohol y dos de cada diez han dejado de beber
Un informe de Fad alerta de la tendencia juvenil a combinar alcohol con las mal llamadas bebidas energéticas, hábito que se realiza para "aguantar más tiempo de fiesta"
El consumo habitual de alcohol entre los jóvenes españoles cae un 60% en las dos últimas décadas

Un joven se echa alcohol en su vaso y otro sostiene una bebida energética, en el metro de Barcelona. / Manu Mitru

Un reciente estudio de la Universidad Autónoma de Madrid asegura que el consumo de alcohol entre la juventud, aunque no se llegue a la adicción, está asociado con dificultades de regulación emocional y ciertos déficits cognitivos. También se vincula con cambios en la actividad cerebral, especialmente en chicos.
La buena noticia es todo apunta a que la relación de los jóvenes con el alcohol está cambiando. Casi cuatro de cada diez jóvenes de entre 15 y 29 años que consumen o han consumido bebidas alcohólicas afirman haber reducido su ingesta, mientras que dos de cada diez aseguran haber dejado de beber. En concreto, el 35,6% afirma beber menos y el 17,3% asegura que lo ha dejado.
La mitad de los jóvenes consumen bebidas energéticas y el 17% lo hace de forma habitual
Estos son algunos de los principales datos de las investigaciones presentadas este lunes en Madrid durante una jornada organizada por Fad Juventud y el Ayuntamiento de Madrid, con la colaboración de la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas. Los estudios analizan tanto los discursos juveniles en torno al no consumo de alcohol (una encuesta realizada solo en Madrid) como el consumo de bebidas alcohólicas y la combinación con las mal llamadas bebidas energéticas (una encuesta realizada a 1.200 adolescentes y jóvenes de entre 15 y 29 años residentes en toda España). La mitad de los jóvenes consumen estos refrescos, que contienen elevadas dosis de azúcar y cafeína. El 17% lo hace de forma habitual y el 33% ocasionalmente. Además, dos de cada diez que toman alcohol y estos combinados reconocen mezclarlos con bastante o mucha frecuencia.
Las mal llamadas bebidas energéticas son muy populares entre los más jóvenes, a pesar de que son una bomba. “Cada lata de 500 mililitros contiene el equivalente a tres cafés y a 15 sobres de azúcar”, recuerda el nutricionista Julio Basulto en su libro ‘Come mierda’, en el que incluye estudios que han comprobado que este tipo de “brebajes” son peligrosos por su relación con el insomnio, estrés, estado de ánimo depresivo y nerviosismo.
No beber alcohol todavía implica, en muchos casos, tener que dar explicaciones. Los encuestados señalan que existe una presión general para beber, especialmente en contextos de ocio nocturno y fiesta, donde el consumo continúa asociado a la integración en el grupo, la diversión y la pertenencia.
Pese a la tendencia hacia la reducción o el abandono, el alcohol sigue teniendo una presencia muy relevante en la vida social de la juventud. Seis de cada diez consumen bebidas alcohólicas con frecuencia u ocasionalmente. No beber alcohol todavía implica, en muchos casos, tener que dar explicaciones. Los encuestados señalan que existe una presión general para beber, especialmente en contextos de ocio nocturno y fiesta, donde el consumo continúa asociado a la integración en el grupo, la diversión y la pertenencia.
Quienes no beben aseguran que a menudo deben justificar su decisión ante los demás. En algunos entornos, explican, se asume que la persona que no consume alcohol “corta el rollo”, estropea la diversión o no encaja con el grupo. Esta presión puede llevar a algunos jóvenes a hacer pequeñas concesiones y beber algo para evitar sentirse desplazados.
La presión, según los testimonios recogidos en el informe, se intensifica en edades tempranas y en grupos amplios, aunque no desaparece del todo con los años. Los jóvenes señalan que, con la edad, se aguanta mejor y se entiende mejor la decisión de no beber.
Las consecuencias de beber alcohol
El consumo de alcohol tampoco está exento de consecuencias. Aunque alrededor de uno de cada tres jóvenes afirma no haber experimentado ningún problema derivado de beber, entre quienes sí los han sufrido destacan situaciones como gastar más dinero del previsto, algo que menciona el 20%. El 16% asegura tener problemas de sueño mientras que el 15% señala tristeza, apatía o falta de ánimo.
“Estamos ante una juventud mucho más consciente de los riesgos para la salud y para el comportamiento que tiene el alcohol”, ha destacado la vicealcaldesa de Madrid, Inmaculada Sanz. En la misma línea, la directora general de Fad Juventud, Beatriz Martín Padura, ha añadido que los resultados muestran que no existe una única forma de relacionarse con el alcohol. “Junto a quienes mantienen consumos habituales encontramos jóvenes que han decidido reducirlos, abandonarlos o no iniciarlos. Sin embargo, también observamos que quienes se apartan de la norma siguen percibiendo presiones para consumir. Ese es uno de los principales retos que ponen de manifiesto estas investigaciones”.
El "sabor" de la mezcla
Respecto a la mezcla de alcohol y bebidas energéticas, los motivos principales para combinar ambas tienen que ver, sobre todo, con el sabor. Casi la mitad de quienes las mezclan afirma que le gusta más esta combinación que otras mezclas habituales, mientras que el 43% considera que la bebida energética mejora el sabor del alcohol. En menor medida, algunos jóvenes recurren a esta práctica para aguantar más tiempo de fiesta (27%) o porque creen que potencia los efectos del alcohol (18%).
La paradoja es que esta práctica convive con una elevada percepción del riesgo. Tres de cada cuatro jóvenes consideran que mezclar alcohol y estos brebajes es muy dañino para la salud. Los resultados evidencian así una distancia entre el conocimiento de los riesgos y la persistencia de determinados hábitos de consumo.
Para Juan Carlos González Luque, responsable de la unidad de Apoyo de la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, la prevención eficaz del consumo de alcohol y otras sustancias en jóvenes no puede limitarse a informar sobre los riesgos. También debe atender a cómo viven, se relacionan y se divierten. “Los entornos, las normas sociales y las motivaciones son hoy el principal determinante del consumo”, ha afirmado.
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