Terremoto en Venezuela
La desesperación de las víctimas del terremoto de Venezuela: "Yo estoy vivo, pero hay muchas personas que no pudieron salir"
El vecino de La Guaira, uno de los estados más golpeados por el seísmo, relata la devastación de su barrio y la falta de auxilio inmediato

Estado de las calles de Caracas (Venezuela) tras dos seísmos. / Marcos Salgado / Xinhua News / Europa Press / Cont
Un hombre de unos sesenta años camina desesperado entre las ruinas de su barrio, en el estado de La Guaira, el más afectado por el terremoto de Venezuela. Ha salvado la vida, pero poco más. Entre sollozos, mira al edificio donde estaba su hogar. El periodista Roman Camacho le pregunta si cuando pudo salir ya se había desplomado parte de la estructura: "Completamente, sí. Esto estaba ya como se ve ahora, yo vi cuando se desplomaba ese piso de aquí al lado", señala, mientras rompe a llorar de nuevo. Otro edificio contiguo aparece completamente inclinado, a punto de derrumbarse.
El individuo viste un chandal azul, y lleva sus gafas colgadas del cuello de la sudadero. Reclama desesperadamente la ayuda de las autoridades: "Que se aboquen aquí, inmediatamente. Hemos quedado a la deriva completamente. Hay mucha gente tapiada dentro de los edificios, muy abajo, que necesitan ayuda de inmediato, auxilio.
Tras recorrer los escombros de lo que apenas horas antes era su vecindad, junta las manos casi en acto de rezo, y dice: "Gracias a dios estoy vivo. Eso es lo que importa, en nombre del señor Jesucristo". Pero la incertidumbre se cierne sobre sus más cercanos: "Mi familia... mi hermano, mi hermana, no sé dónde están. Yo estoy vive", repite casi con tono de incredulidad.
Su desesperación se hace aún mayor cuando le preguntan por la respuesta de los equipos de rescate. "No, no han llegado aún", lamenta, al tiempo que reconoce el absoluto aislamiento en el que está viviendo las primeras horas de la tragedia: "Estamos totalmente incomunicados aquí, no ha llegado ninguna unidad, está gente está tapiada allí, de tres pisos pata abajo". Casi se queda sin palabras, y se tapa la cara mientras solloza de nuevo, cuando constata su suerte ante el seísmo: "Yo pude salir, pero hay muchas personas que no pudieron salir de aquí, y gracias a dios yo estoy vivo".
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