Garantía legal
¿Tu camiseta se ha llenado de bolitas? Así te ayuda la ley de consumidores a cambiarla aunque haya pasado el plazo de devolución
Muchas tiendas se acogen al plazo de 30 días para no cambiarte o devolverte el importe, pero el marco de este derecho no es el mismo que la norma de devoluciones
Clara Mallart, ecóloga industrial y diseñadora: "Vacía tu armario sobre la cama y cuenta: ¿lo necesito?, ¿lo voy a usar?, ¿de qué está hecho?, ¿quién lo ha producido?"

Una mujer comprando en una tiende de ropa. / EUROPA PRESS - ARCHIVO
Cada vez es más habitual que tras un par de lavados las prendas de ropa ya no sienten ni se vean como antes. La sospechosa calidad de muchas camisetas, vestidos o pantalones hace que tras pasar muy poco tiempo aparezcan las temidas "bolitas".
Sobre este tema el "finfluencer" Gabriel García ha viralizado un supuesto práctico muy reconocible: una persona intenta devolver una camiseta porque, tras varios lavados, ha demostrado calidad defectuosa, pero la tienda le responde que ya han pasado los 30 días de cambios y devoluciones (o los que el establecimiento tenga marcados como norma). Es ahí cuando García hace alusión a la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios: tienes una serie de derechos si eres consumidor, entre ellos a la calidad del producto. La clave está en distinguir entre una devolución comercial y la garantía legal por defecto del producto.

Tienda de ropa. / Agencias
El plazo de devolución no es lo mismo que la garantía
Muchas tiendas ofrecen un plazo de 30 días para cambios o devoluciones. Ese plazo puede servir para devolver una prenda que no convence, cambiar una talla o modificar una compra según la política comercial del establecimiento.
Sin embargo, si el problema radica en que la prenda sale defectuosa, el marco de devolución no es el mismo: debes acogerte a la garantía legal.
El artículo 120 de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios establece que el empresario responde de las faltas de conformidad que existan en el momento de la entrega y se manifiesten en un plazo de tres años desde la entrega en el caso de bienes.
Por tanto, en compras actuales, el plazo general para bienes nuevos no es de dos años (como refleja García en su vídeo viral), sino de tres años. El plazo de dos años se mantiene en la norma para contenidos o servicios digitales, no para bienes físicos como una prenda.
Qué puede reclamar el consumidor
Si la prenda no es conforme con el contrato, el consumidor puede exigir al empresario que subsane esa falta de conformidad, la reducción del precio o la resolución del contrato, según el artículo 117.
La ley también recoge que, para poner el bien en conformidad, el consumidor tiene derecho a elegir entre reparación o sustitución, salvo que una de las opciones sea imposible o suponga costes desproporcionados para el empresario.
Obviamente, estas medidas deben ser gratuitas para el consumidor.
¿Y si procede el reembolso?
Cuando proceda la resolución del contrato, el empresario debe reembolsar el importe sin demora indebida y, en cualquier caso, en un plazo de 14 días desde que haya sido informado de la decisión del consumidor. Además, el reembolso debe hacerse por el mismo medio de pago utilizado en la compra, salvo acuerdo distinto y sin coste adicional.
De la "fast food" a la "fast fashion"
Y es que, con la proliferación del modelo de comida rápida aplicada a la ropa, los consumidores pocas veces se plantean reclamar o revisar sus derechos tras haber adquirido un producto: resulta mucho más sencillo a corto plazo invertir en otra prenda y "olvidarse" del problema. Sin embargo, también conviene preguntarse qué apoyamos cuando decidimos seguir consumiendo este tipo de productos y cómo nuestras decisiones afectan a nuestra propia economía pero también al medio ambiente.
El problema que supone la producción en masa de ropa para el medio ambiente es múltiple: consumo descontrolado de agua, empleo de sustancias tóxicas en los tejidos, transporte de la mercancía, liberación de microplásticos en el lavado que van directamente al mar o las toneladas de emisiones contaminantes que genera su elaboración son sólo algunas de ellas.
Reclamar los derechos como consumidores puede ayudar a impulsar un mayor esfuerzo por parte de las marcas a ofrecer una calidad mejorada que repercuta, también, en un consumo algo más responsable.
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Fuente: Información
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