Radiografía de los séniors al volante
Ramón Ventureira, jubilado de 79 años, conduce a diario por Madrid: "Dejaré de conducir cuando no pueda llevar a mis nietas al colegio con seguridad"
Este jubilado dice que no hará falta que ningún doctor le diga cuándo dejar de conducir: "El mejor médico eres tú mismo"
Los conductores mayores de 74 años alcanzan la cifra récord de 1,9 millones y tienen la tasa de siniestralidad más baja

Ramón Ventureira, de 79, conduce todos los días por la capital. / José Luis Roca

A Ramón Ventureira, pintor y artista del arte de enmarcar con pan de oro, enjuto y con aires de dandi cheli, con su parpusa y todo, le conocen en el colegio de sus nietas como 'abueloramón', así, todo junto. Cuando se lo pide su hija, Ramón, que en septiembre cumple 80 años, lleva a las nietas al cole, las recoge, se le cuelgan de los brazos, les da de merendar -"abuelo, ¿qué has traído hoy?"- y, entremedias, siempre tiene alguna historia del pasado que sorprende a los asiduos del parque. Y, muchas veces, un modelo de coche se cuela en el relato.
Porque después de su familia, si hay algo que le gusta al 'abueloramón', es conducir. Se acuerda de cada coche que tuvo, de los caballos que tenían y, en algunos casos, de si se dio algún mamporro con él o no. "El primero fue un 850 rojo, le fundí tres juntas de culata. Tuve un accidente gordo con él un día en la carretera de la Coruña. Se me reventó una rueda y choqué de culo contra un muro. Dije, 'ya la palmo'. Vi pasar mi corta vida en milésimas de segundo".

Ramón Ventureira, de 79 años, dice qué él será el primero en decidir dejar de conducir cuando vea que no pueda llevar a sus nietas al cole con seguridad. / José Luis Roca
A Ramón, que conduce a diario por la "jungla" de Madrid, si no es con sus nietas es llevando a su mujer a alguna cita médica, siempre le ha gustado darle candela al coche, pero ya se anda con más cuidado, sobre todo cuando lleva a las pequeñas. Ahí es el conductor más seguro del mundo. "No es lo mismo 40 que los 80 años que casi tengo. Pierdes reflejos, pero los suples con experiencia. Yo de lejos ya veo si un conductor me la va a hacer o no. No es intución, es que te han pasado tantas que ya sabes...", revela. <
"Estoy un poco cansado de ver a tanta gente que no tiene ni idea de conducir, da igual que sean jóvenes o viejos"
Pérdida de capacidad visual
El pintor admite que con los años ha ido perdiendo también "capacidad visual". "Tengo un poco de astigmatismo de siempre, a lo mejor me tienen que poner gafas", revela Ramón, al que la pasión por el motor le vino de chiquillo, cuando vivía en Jaca (Huesca) y se ponía en la primera gasolinera de España según entraban los coches y camiones de Francia. "Había un señor sacando la gasolina con la manivela, fíjate, tenía un brazo enorme... y me iba allí a ver los coches que venían, los últimos modelos, y desde entonces me gustan mucho".

Ramón Ventureira, de 79 años, reflejado en el retrovisor de su coche. / José Luis Roca
"Me saqué el carnet después justo de la mili, con 23 años. Hice tres clases porque yo ya conducía por Madrid sin carnet. Se me cargaron dos veces por chulo... Me aprobaron a la tercera, fui como si no tuviera ni idea de conducir; creo que fue la peor vez que lo hice y aprobé", recuerda el jubilado, que el mismo día de su 80º cumpleaños tendrá que ir al centro autorizado para pasar el psicotécnico. A partir de ahora le renovarán el carnet cada dos años. ¿Y se ve condiciendo hasta los 90 o los 100? "¿Qué dices hombre? Yo no quiero vivir tanto, para quedarme así...", responde haciendo aspavientos como si fuera muy muy mayor. Porque ahora es mayor, pero está hecho un roble.
"Me he librado de pegarme alguna galleta gorda"
Cuando llegue el momento de dejarlo, afirma que no hará falta que se lo diga nadie, ni un médico, ni la familia. "El primer médico eres tú mismo. Si yo veo que no puedo, y más llevando a mis nietas, dejo de conducir. Además, me va a tocar la Primitiva; yo rezo a los 1.400 dioses que tenemos", replica, irónico, Ramón, que asegura que por ahora su hija Eva no le pone peros a su conducción -"¿cómo me va a decir nada si la enseñé yo a conducir?"-, pero su mujer, cuando bajan a Cartagena de vacaciones con el Fabia de 120 caballos, algo sí le dice.
"He ido perdiendo un poco de capacidad visual: tengo un poco de astigmatismo de siempre, a lo mejor me tienen que poner gafas"
"Si llego a coger ese coche de joven no estaría aquí. Ahora mi mujer no me deja correr... es que si vas por una autopista de pago a 120 te pasan hasta los mosquitos", protesta Ramón, que "siempre" ha ido "rápido, pero porque conducía un poco mejor que los demás, porque me gustaban los coches y los conocía. Sabía dónde estaba la tracción, por ejemplo. Me he librado de pegarme alguna galleta gorda por saber conducir un poco mejor". Por eso ahora reconoce que le "cansa" un poco "ver a tanta gente que no tiene ni idea de conducir, da igual que sean jóvenes o viejos; se ve en las carreteras de un carril por sentido, mucha gente no sabe conducir en doble dirección porque no lo han vivido".
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