Girona
Armas, droga y frontera: el salto del crimen organizado que preocupa a los Mossos en Girona
La DIC advierte de que el negocio de la marihuana cambia constantemente, de que las organizaciones se mueven entre Catalunya y el sur de Francia y de que cada vez hay más armas y conexiones internacionales

Las imégenes del dispositivo policial contra una organitzación criminal especializada en el cultivo de marihuana y el blanqueo de capitales / Mossos d'Esquadra
El desmantelamiento de una organización criminal dedicada al tráfico de marihuana en las comarcas de Girona no ha cerrado el problema. Lo ha debilitado, lo ha golpeado y ha dificultado su continuidad, pero los Mossos d’Esquadra han admitido que el fenómeno es mucho más amplio y que el espacio que deja un grupo puede ser aprovechado por otras redes. Es una de las grandes dificultades que afronta la policía en una demarcación donde la marihuana se ha convertido en uno de los negocios criminales más potentes.
El subinspector Carles Martínez, jefe de la División de Investigación Criminal (DIC) de la Región Policial de Girona, ha descrito el fenómeno como una actividad «cambiante constantemente». Según ha explicado, es más sencillo identificar las estructuras de organizaciones autóctonas, porque son grupos arraigados en el territorio, conocidos por los investigadores y con una trayectoria delictiva más fácil de seguir. Pero la situación se complica cuando entran en juego organizaciones de fuera.
«Por desgracia, tenemos muchas organizaciones que son de fuera», ha advertido Martínez este jueves en rueda de prensa. Según el jefe de la DIC, los Mossos trabajan para ponerles «nombres y apellidos, direcciones y coches», pero es una labor compleja porque estos grupos se mueven, colaboran entre ellos y pueden actuar a ambos lados de la frontera.
En Girona, esta realidad tiene un componente geográfico clave: la proximidad con Francia. Martínez ha sido muy claro a la hora de explicar qué preocupa más a los investigadores: «En Girona seguramente tenemos más afectación con todo lo que pueda pasar en Perpiñán, Toulouse y Marsella que seguramente con lo que pueda pasar en Aragón o Castellón». La razón es simple: la frontera está cerca y, para las organizaciones criminales, es fácil de cruzar.
La frontera solo está en el mapa
«Las fronteras son una línea que se explica en un mapa», ha resumido el subinspector. Según ha dicho, es relativamente fácil que organizaciones que viven u operan en Catalunya puedan trabajar en el sur de Francia, y a la inversa. Esta movilidad hace que el tráfico de drogas tenga una dimensión cada vez más transnacional y que los investigadores tengan que mirar más allá de las plantaciones de marihuana que se localizan en una casa o en una urbanización.
Martínez ha puesto ejemplos de esta conexión europea. Los Mossos han detectado decomisos de más de 200 kilos de cocaína con afectación de diferentes países de Europa y también han intervenido armas de guerra y subfusiles procedentes de fuera. «Esto lo vemos a diario», ha dicho. Según el jefe de la DIC, no se trata de un fenómeno puntual, sino de una tendencia sostenida: «Son datos que se mantienen en el tiempo y que van incrementándose poco a poco».
El caso de la organización criminal desarticulada recientemente en las comarcas de Girona también ha reforzado esta preocupación. Durante la operación, los Mossos han intervenido 11 armas largas y 4 armas cortas. Martínez ha explicado que la mayoría eran armas de caza, pero ha remarcado que no estaban destinadas a esta finalidad. «No es para ir a cazar el gorrión», ha afirmado, sino que los investigadores tienen acreditado que se habían utilizado para defender casas y plantaciones.
Esta presencia de armas es uno de los elementos que más inquieta a la policía. El negocio de la marihuana no es solo un cultivo ilegal en una casa ocupada o en una urbanización. Detrás hay dinero, logística, transporte, puntos de almacenamiento, blanqueo de capitales y grupos dispuestos a proteger su actividad. Cuando hay plantaciones, guarderías y dinero escondido, también aumenta el riesgo de asaltos violentos entre organizaciones rivales.
Buscar quién manda
El trabajo policial, según Martínez, no consiste solo en encontrar una plantación. La dificultad real es poder vincular aquella plantación con los responsables que mueven los hilos desde otro municipio, un barrio o un entorno social determinado. «Lo que importa es poder vincular, poder relacionar, poder desplazarnos, poder trabajar y que no detecten que estamos detrás de ellos», ha explicado. «Esa es la dificultad».
En el caso del último caso de Girona, según los Mossos, ha dejado a esta organización muy tocada y con pocas opciones de recuperar el funcionamiento que tenía hasta ahora. La clave es que no solo se han desmantelado las plantaciones y las guarderías, sino también la logística, el dinero, los inmuebles, las cuentas corrientes y los vehículos que sostenían la actividad. Martínez ha remarcado que, en esta operación, se ha podido atacar «la estructura económica y la operativa» del grupo, lo que dificulta que pueda volver a funcionar como lo hacía.
Ahora bien, eso no quiere decir que el negocio desaparezca. Los Mossos han admitido que una de las grandes dificultades del fenómeno de la marihuana es que hay otros grupos trabajando y que el vacío que deja una organización desmantelada puede ser ocupado por otra. «La dificultad de encontrar un patrón predictivo que nos permita actuar sobre esto es muy complicada», ha admitido Martínez. El problema, según la policía, es que la presión criminal continúa y que siempre puede haber otras redes dispuestas a ocupar el espacio de los grupos que caen.
En esta operación, la DIC ha intentado ir más allá de la parte operativa y actuar también contra la estructura económica. Eso significa atacar el dinero, los inmuebles, los vehículos y las cuentas corrientes que permiten a una organización continuar trabajando o recuperarse después de un golpe policial. Según Martínez, el objetivo ha sido impedir que los grupos puedan consolidar los beneficios del tráfico de drogas y reinvertirlos en el mismo negocio.
El jefe de la DIC también ha remarcado que las investigaciones de este tipo exigen mucha prudencia logística. Hay que controlar cómo se usa la información, cómo se formulan peticiones judiciales, cómo se mueven los agentes y qué vehículos utilizan.
Afectación transversal
Además, los Mossos han advertido de que el fenómeno de la marihuana tiene una afectación transversal. Las organizaciones criminales no trabajan solas ni aisladas. Necesitan material, instalaciones, vehículos, asesoramiento, fertilizantes, ventilación, aire acondicionado y espacios donde cultivar o guardar la droga. «Estas organizaciones no podrían trabajar si no trabajaran con empresas legales», ha avisado Martínez.
Esta conexión con actividades legales es otra de las dificultades del fenómeno. No siempre se trata solo de fontaneros o instaladores que hacen una conexión fraudulenta. Los Mossos han apuntado también a empresas o trabajadores vinculados al suministro de material, growshops, fertilizantes, asesoramiento o gestión de recursos necesarios para mantener plantaciones indoor. Es lo que hace que el negocio criminal se mezcle con circuitos aparentemente legales.
La investigación, además, continúa abierta. Martínez ha recordado que las operaciones no acaban cuando se hacen las entradas y detenciones.
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Fuente: Diari de Girona
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