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Campaña de incendios

Los bosques catalanes llegan al verano "más estresados" y con más riesgo de arder que hace un año

Miquel Rafa: "Se deben gestionar los bosques sin priorizar la rentabilidad económica"

Incendio de Paüls (Baix Ebre), que calcinó más de 3.300 hectáreas este pasado julio.

Incendio de Paüls (Baix Ebre), que calcinó más de 3.300 hectáreas este pasado julio. / Jordi Otix

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Guillem Costa

Guillem Costa

Barcelona
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Los bomberos advierten de que los bosques están más secos que hace un año y de que este escenario puede complicar las actuaciones de extinción durante la actual campaña de incendios. Las lluvias fueron muy abundantes durante el invierno, pero la primavera no ha sido especialmente húmeda en buena parte del territorio. De hecho, el mes de mayo ha dejado un récord histórico de temperaturas elevadas. Ante esta situación, las llamas, en caso de que se declare un fuego forestal, amenazan con avanzar a gran velocidad una vez entren en las masas arboladas.

Asier Larrañaga, subinspector del GRAF (grupo especializado en actuaciones forestales) de Bombers de la Generalitat, confirma este incremento de la tensión y la complejidad a la hora de afrontar las próximas semanas: "La escasez de precipitaciones de los dos últimos meses ha modificado el estado de los bosques". "Mientras que el año pasado había llovido en mayo y muchos incendios se frenaban cuando entraban en el área forestal, ahora el panorama es diferente", detalla. "El fuego ya no se frena con la misma facilidad, sino que sigue avanzando porque la vegetación sufre un estrés hídrico que permite que arda con más fuerza", precisa en conversación con EL PERIÓDICO.

El cambio es importante para los equipos de extinción, ya que unos bosques húmedos, que oponen resistencia al fuego, hacen más sencilla la tarea de los bomberos. El riesgo, como cada año, aumenta durante junio, julio y agosto, aunque los meses más preocupantes suelen ser junio y julio. Larrañaga subraya que el problema no es solo cuántos incendios pueda haber, sino cómo se comportan cuando coinciden calor, baja humedad, viento y "combustible disponible".

Alta velocidad

En los últimos años, los Bombers han observado fuegos con velocidades de propagación muy elevadas. "Hoy ya vemos incendios que pueden quemar a un ritmo de 800 hectáreas por hora, y el año pasado, en el incendio de la Segarra, se llegaron a registrar picos de hasta 2.000 hectáreas por hora", señala. En esas condiciones, el margen operativo se reduce de forma drástica: si un incendio se escapa de la capacidad de control de los Bomberos, puede afectar a población e infraestructuras.

Pero no solo los bosques están listos para arder, sino también los terrenos agrícolas. Las grandes llanuras cerealísticas de cultivo intensivo, con el cereal listo para cosechar y muy seco, son uno de los puntos que preocupa durante estas semanas de siega. Por esta razón se han intensificado las tareas de prevención en las comarcas de Lleida. El objetivo es evitar sucesos de la magnitud del fuego de sexta generación de la Segarra, que provocó un pirocúmulo y dejó víctimas mortales.

Campaña de prevención durante la siega.

Campaña de prevención durante la siega. / ACN

En los campos de poniente, confluyen varios factores: humedades muy bajas, calor intenso y elevada actividad agrícola. "El contexto meteorológico es importante y coincide con la campaña de siega", resume Larrañaga. El trabajo con la maquinaria en el campo aumenta estadísticamente las igniciones. Chispas, fricciones o averías pueden originar un fuego que, en días secos y de viento, tiene capacidad para propagarse con rapidez.

"Acompañar al sector"

La respuesta, sin embargo, no pasa por paralizar de forma generalizada la actividad agraria. "La siega debe hacerse ahora porque es el momento ideal para los payeses", explica. "Nuestra estrategia se centra en acompañar al sector en lugar de criminalizarlo: no podemos decir que se deje de segar, sino minimizar la posibilidad de igniciones y, en caso de accidente, tratar de controlarlo rápidamente", defiende.

Aun así, en los días de mayor peligro, están previstas posibles interrupciones de la actividad: "En situaciones muy críticas, se puede llegar a detener la maquinaria agrícola en franjas concretas". El plan consiste siempre en actuar antes de que el incendio supere la capacidad de control de los bomberos. En el caso de los campos de cereal, la continuidad del paisaje facilita el avance de las llamas e incluso el salto a zonas boscosas, que este año están más secas. El riesgo en los terrenos agrícolas se repite cada año. La situación de los bosques, en cambio, que cambia cada temporada, es el factor que puede marcar la diferencia.

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