Visita apostólica
La ciudad "abierta y sin murallas" de La Laguna, el mayor ejemplo de integración en la visita del papa León XIV a Tenerife
El Santo Padre alerta desde el altar de la plaza del Cristo que las barreras a la integración son más mentales que físicas, instando a ensanchar el corazón

Lucía Feijoo Viera
La ciudad sin murallas y abierta que es La Laguna se convirtió en el mayor ejemplo de integración en la mañana de este viernes 12 de junio durante la visita del papa León XIV a Canarias. El trazado abierto y sin fortificar de la Ciudad de Los Adelantados, que le valió el título de Ciudad Patrimonio de la Humanidad ha servido de metáfora para alertar sobre la necesidad de acoger alas personas migrantes que llegan al Archipiélago. “La integración no puede ser únicamente una tarea social”, alertó el sumo pontífice, quien dijo que la comunidad debe ser “capaz de ofrecer caminos para conocer a Jesucristo”, aunque respetando en cada momento la conciencia y libertad de cada persona.
“Cada muerte en cada una de las rutas es un fracaso para la sociedad”, lamentó el papa en la plaza del Cristo de La Laguna y añadió que existe otro fracaso más: “El de que las personas migrantes queden aisladas en una nueva ciudad, expuestas a los que se aprovechan de la vulnerabilidad”. Por eso, a los que hacen negocio con las rutas de migración les pidió enérgicamente que se detengan.
Con un poco de retraso según lo previsto, a las once menos diez de la mañana, el papa León XIV hizo su entrada en la plaza del Cristo, donde cuatro personas migrantes relataron parte de su periplo. El sacerdote Darwin Rivas; el joven senegalés Mbacke Ndiaye; el marroquí Khalid Allad y la migrante colombiana Thalia Johana descubrieron sus historias y emocionaron, no solo al santo padre, sino también a muchas de las 2.500 personas congregadas en la plaza del Cristo para asistir a este encuentro con las realidades de integración de migrantes.
"Las barreras no son piedra, están en la mirada"
“Las barreras más difíciles de derribar no siempre son de piedra, sino que están en la mirada”. El santo padre habló sobre el mar que rodea Canarias, y que “trae a nosotros historias que no siempre sabemos leer, de dolor y esperanza, y de búsqueda”. Remarcó que, en una ciudad sin murallas, “el corazón está llamado a ensancharse”. Llamó la atención, además, de que “la palabra puede abrirse camino también por medio de contacto”, como en el caso de lenguas como el braile, precisó. Sin embargo, lamentó que haya “miradas que ven pero no reconocen, que trasforman el rostro de las víctimas en cifras”.
Celebró la puesta en marcha de diferentes acciones de integración en regionales como Canarias y alertó que integrar a las personas migrantes “no significa borrar la historia del que llega ni crear mundos paralelos y cerrados”. Por eso, encomendó una misión para las personas migrantes: “Participar de la vida comunidad de la sociedad a la que llegan”. Mientras que las sociedad que acogen también tienen deberes, como asegurar la dignidad de cada uno de sus miembros, procedan del lugar del que procedan.
El obispo Eloy Santiago abrió el acto y dio la bienvenida al papa a esta “ciudad abierta y sin barreras, como también trata de ser nuestra Iglesia”. Hizo hincapié en la necesidad de acompañar a los migrantes, “no solo en la llegada a nuestras costas sino también en la integración y promoción en esta tierra”. Explica ante el sumo pontífice ya ubicado en el escenario de la plaza del Cristo que diferentes organizaciones eclesiales están llevando a cabo "un hermoso trabajo de promoción”, mediante el aprendizaje del español y la promoción ocupacional para que estas personas migrantes “no solo reciban, sino que también aporten” a la nueva sociedad a la que llegan tras abandonar su país de origen.
Avanzar en la transformación de una pastoral para los migrantes a una pastoral con los migrantes. Ese fue el deseo mostrado por el obispo de la diócesis tinerfeña, quien animó a convertir a estas personas que llegan a Canarias en “sujetos de nuestra comunidad, y no solo en como usuarios pasivos”. "La integración, tanto en la sociedad como en la iglesia, sigue siendo un reto y estamos convencidos de que las palabras del papa nos anisaran a seguir por la vía de la superación de los miedos, para abrirnos a la integración de las personas migrantes”, concluyó.
Tras el acto, el papa abandonó la plaza del Cristo por la calle Viana, donde se ha encontrado con personas vulnerables y mayores, usuarios de centros del municipio.
Fuente: El Día - La Opinión de Tenerife
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