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Exclusión social

Isabel Faya, cuidadora de 69 años en Catalunya: “No me toca vivir así a esta edad. Debería estar jubilada, no buscando trabajo"

Después de más de 15 años trabajando en el sector, se ve obligada a volver a empezar de cero por haber trabajado durante años sin contrato.

La precariedad que arrastra la condena a vivir en una habitación: "No me toca una vida así a esta edad", lamenta.

Isabel Faya, durante la entrevista en Figueres

Isabel Faya, durante la entrevista en Figueres / Sònia Fuentes

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Sònia Fuentes

Figueres
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“Debería estar jubilada, no buscando trabajo". Con 69 años, Isabel Faya sigue intentando encontrar una oportunidad laboral después de más de quince años trabajando en el sector de los cuidados. La precariedad, los años sin cotizar y las dificultades para acceder a una pensión suficiente la han obligado a continuar trabajando a pesar del desgaste físico y emocional acumulado.

Precariedad

Recientemente, Faya se ha reincorporado a la empresa donde trabajaba después de recibir el alta médica por una lesión relacionada con su actividad laboral. Aun así, asegura que no quiere continuar allí a raíz del conflicto laboral que ha mantenido con la empresa y por no haber llegado a un acuerdo. "Yo no quiero continuar. Estoy buscando trabajo urgentemente", explica.

Su situación resume la precariedad que muchas trabajadoras del sector de los cuidados arrastran después de años de trabajo física y emocionalmente exigente. En el caso de Faya, el desgaste acumulado, las dificultades económicas y la imposibilidad de jubilarse con una pensión suficiente la han obligado a continuar trabajando cuando, dice, "debería estar descansando".

Una vida dedicada a cuidar a otras personas

Faya ha trabajado durante más de quince años cuidando a personas mayores y dependientes en domicilios, hospitales y residencias de Catalunya. Buena parte de su trayectoria ha estado vinculada a los cuidados paliativos y al acompañamiento de personas al final de la vida. "Trabajas con el cuerpo, pero también con el dolor de los otros", afirma.

La baja médica que ha vivido recientemente estaba relacionada con una lesión derivada de su actividad laboral y con el desgaste acumulado después de años dedicados a un trabajo físicamente muy duro. Después de reincorporarse, asegura que su objetivo ahora es encontrar otro trabajo que le permita salir de una situación laboral que considera insostenible.

Sin una jubilación digna

El gran problema, explica, es que no puede jubilarse. Durante cuatro años trabajó sin contrato, una realidad habitual en el sector de los cuidados, y eso ha reducido sus cotizaciones. "Tuve que trabajar en negro porque necesitaba vivir. Ahora eso me condena". Sin esos años cotizados, solo podría optar a una pensión no contributiva insuficiente para cubrir los gastos básicos. Actualmente vive en una habitación de un piso compartido en Girona, una situación que vincula directamente con la precariedad acumulada. "No me toca vivir así a esta edad", dice.

La precariedad de las cuidadoras

Para Isabel Faya, su caso no es excepcional. Considera que muchas cuidadoras llegan a la vejez sin estabilidad económica ni protección laboral, a pesar de haber sostenido durante años un trabajo esencial. "Si la persona a la que cuidas muere, te quedas sin trabajo y tienes que volver a empezar", explica sobre la inestabilidad constante del sector.

También denuncia la falta de reconocimiento institucional hacia una profesión que considera imprescindible en una sociedad cada vez más envejecida. "No se puede hablar de sociedad del bienestar si las cuidadoras acabamos así". Aun así, continúa defendiendo el valor de su trabajo. "Cuidar a personas al final de la vida requiere humanidad y compromiso. Pero este trabajo no está reconocido como es debido".

Ahora, con casi siete décadas de vida, Isabel Faya sigue buscando una oportunidad laboral que le permita alejarse de un entorno donde asegura que no quiere continuar y, sobre todo, poder vivir con un poco más de estabilidad. "Debería estar jubilada. Pero todavía estoy luchando por sobrevivir".

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