El 'Pesca 1',
Un día a bordo del helicóptero de Gardacostas que custodia las Rías Baixas: "Nunca damos por perdida una vida ni un barco"
FARO se sube a la aeronave del servicio gallego, que cumple 36 años en los que ha rescatado a miles de personas con un equipo de altura: «Los mejores días son aquellos en los que no se vuela»

Helicóptero «Pesca 1», 36 años velando por la seguridad en las Rías Baixas: «Nunca damos una vida por perdida» / Marta G. Brea
Dos helicópteros, una lancha y seis figuras de la mítica marca Playmobil llaman la atención al entrar en la sala de reuniones de la base aérea de Gardacostas en Vigo, radicada en uno de los hangares de Peinador. Es la habitación de los briefings —las sesiones que el servicio celebra para preparar las misiones que ejecuta cuando la situación lo requiere; 24/7, como dirían las nuevas generaciones—. Y las miniaturas, por supuesto, no son para jugar, sino para recrear escenas de riesgo que se estudian al detalle.
Antes de partir a la acción se tiene en cuenta todo: el tipo de emergencia, el material necesario para afrontarla de la mejor manera posible, la meteorología, las comunicaciones, las necesidades médicas de las víctimas, el combustible… Un trabajo que en plena efervescencia de la inteligencia artificial parece imposible que pueda ser usurpado por uno de esos androides que ya se cuelan en las fábricas de gigantes como Amazon y mueven sus paquetes como pueden.
Porque si bien el oficio del rescatador requiere la templanza de una máquina, un modus operandi basado en protocolos extremadamente rigurosos y chequeos constantes para que nada falle en el aire, al mismo tiempo es imprescindible el factor humano. Transmitir calma y confianza a través de la mirada, la voz y el tacto incluso cuando el vello se eriza, el cuerpo pide cerrar los ojos y se atragantan las palabras.
«Con que solo hayas salvado una vida en tu vida ya ha merecido la pena», reconoce el comandante Marcos Ogando, del equipo de Avincis, la empresa que opera los helicópteros Pesca 1 y Pesca 2 —estos sí de tamaño real— a lo largo del litoral gallego, dentro del contrato que mantiene con Gardacostas. «Los mejores días son aquellos en los que no se vuela», añade el moañés, exmilitar del Ejército. Y es simbólico, cuanto menos, viniendo de un veterano que esquivó los despachos para dar con una salida que le permitiera seguir volando.
Se encienden los motores, las hélices empiezan a girar y el ruido que emite su rotación escala decibelios hasta volverse ensordecedor. Al lado de Ogando, de copiloto, el francés Philippe André, que llegó a Vigo procedente de Toulon, localidad en la que reside y a la que vuelve cada 15 días, nada más concluir su turno. «Cuando despegas no sabes lo que va a pasar. Cuando vuelves, si todo ha salido bien, es de lo más gratificante», resalta con marcado acento galo. En el interior de la nave, detrás de ambos, se sitúa Javier Losada, el operador de la grúa sobre la que poco después se acabará colgando Pablo Piñeiro, el encargado de lanzarse desde las nubes al mar cada vez que toca rescatar a una persona, ya sea durante el hundimiento de un pesquero en plena tempestad de invierno o para llevar al hospital Álvaro Cunqueiro al patrón de un velero que se encuentra indispuesto en verano.
—Voy subiendo y desbloqueo rueda —dice Marcos—. Dos horas de vuelo entre la ría de Vigo y la ría de Pontevedra.
—Listo para salir —responde Philippe.
—Cabina lista —contestan Piñeiro y Losada.
El Pesca 1 se eleva poco a poco. Sube estable, mientras los aviones con los que habitualmente comparte pista se empequeñecen hasta transformarse en las piezas que faltaban para completar la colección de Playmobil de la base. Al contrario de lo que pueda parecer, la sensación no es de vértigo, sino de fascinación por ver que, desde las alturas de Vigo, el mundo es mucho más relativo. La Ciudad de la Justicia y Balaídos apenas se distinguen, las obras del barrio del Cura se funden en una mancha de café y la playa de Samil y la terminal Ro-Ro de Bouzas pueden cogerse con los dedos. Los cargueros de más de 200 metros de eslora son ahora también de juguete, mientras los barcos de recreo navegan al paso de hormigas.
Y de repente, como quien no quiere la cosa, el helicóptero de Gardacostas, un modelo AW139 del fabricante Leonardo Helicopters, ya se encuentra en medio del mar.
—Esto es como la luna. Ahora vais a ver la cara oculta de Cíes y Ons. Vamos a bajar a 80 pies y, en cuanto estemos, abrimos —avisa Marcos.
La compuerta se desplaza hasta engancharse en la fijación de seguridad. Entonces pasa una brisa de aire fresco que renueva la atmósfera interior del helicóptero y Losada se sienta en el borde, con las piernas colgando hacia afuera. «Esta es la parte A: la emoción, lo distinto», dirá a la vuelta. «Después hay una parte B: cuando vamos de noche, acción real, situaciones de riesgo, gente en peligro y que puede no regresar».
La guinda al patrullaje por las Rías Baixas la pone al rato un entrenamiento de rescate con la ría de Vigo como escenario y en cooperación con el remolcador Ría de Vigo —valga la redundancia—. Menos de 10 minutos tardó Piñeiro en colgarse del cable que lo llevó hasta el barco de Gardacostas, bajar el muñeco que simulaba ser la persona socorrida y la cesta en la que retornó, así como en volver a subir. «Y lo podríamos hacer mucho más rápido. Esto era una prueba», ratificaría en tierra.
El equipo del Pesca 1 está integrado por nueve pilotos y otros nueve rescatadores y operarios de grúa que hacen guardias de 12 horas en dos turnos partidos; la mitad de ellos descansan la primera quincena del mes y la otra mitad en la segunda. Dentro del helicóptero hay, en ocasiones, más de 100 años de experiencia de vuelo y auxilio, algo que acreditan sus maniobras y también constata una de las paredes de la sala donde toman el café, repleta de reportajes de una o dos páginas, condecoraciones y cartas de agradecimiento.
Una de esas misivas, la última, está firmada por el embajador de Estonia en España, Andres Rundu, que celebró el exitoso operativo que el organismo realizó a finales del pasado abril, a 150 millas de Galicia, para salvar a seis tripulantes de un velero del país báltico. «La operación, ejecutada en condiciones meteorológicas adversas, a gran distancia de la costa y con importantes dificultades técnicas, constituye un testimonio excepcional del alto nivel de profesionalidad, preparación y compromiso del servicio», reza el escrito, integrado en un collage dentro de un cuadro junto a dos fotos de la misión y el envoltorio de un caramelo de la marca Kalev, uno de los dulces estonios más típicos.
Misiones «exprés» en menos de 20 minutos
La colaboración entre Gardacostas y Avincis —primero como Inaer y tras ello como Babcock— se remonta a los inicios del cuerpo, que como bien recuerda el jefe de Búsqueda, Salvamento Marítimo y Lucha contra la Contaminación de la Xunta, Amador Castro, «data de 1990», lo que lo consagra como uno de los más antiguos de Europa y el pionero a nivel nacional. Con 36 años ya a sus espaldas, la entidad atendió 90 emergencias en 2025. Entre ellas, el Pesca 1 participó desde Vigo en 10 rescates, 16 búsquedas y cuatro evacuaciones médicas de cruceristas.
«Nunca damos por perdida una vida ni un barco. Hemos salvado a miles de personas», destaca Castro, que pone en valor «las distinciones al valor en el mar» que ha recibido el servicio por parte de la Organización Marítima Internacional (OMI). «Agotamos todas las opciones en cada caso. Todos los efectivos se esfuerzan al máximo y son los mejores», remarca asimismo. En su conjunto, la plantilla está dotada de unos 150 funcionarios, a los que se suma el personal aéreo y embarcado subrogado.
A través de la coordinación continua de Gardacostas, los equipos del Pesca 1 y el Pesca 2 —el segundo con base en Celeiro (Lugo)— pueden rescatar a cualquier persona que esté en apuros en el litoral gallego «en un tiempo máximo de 20 minutos». Además, si la situación lo requiere, los helicópteros están capacitados para desplazarse a otros países o comunidades autónomas, como ya ocurrió en Portugal o en Valencia durante la DANA, colaborando en las labores más urgentes.
«Galicia es un territorio estratégico y profundamente conectado con nuestra razón de ser», señala por su parte Rubén García, director general de Avincis Iberia: «En un territorio marcado por el mar y una geografía exigente, nuestro compromiso es seguir aportando experiencia y tecnología al servicio de quienes protegen y requieren protección».
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