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Rompió "muchos techos de cristal" en el mundo de la jurisprudencia

Ana Fernández-Tresguerres: "El gran reto de hoy es preservar el humanismo y adaptar la inteligencia artificial a la ética"

Notaria desde los 25 años, Fernández-Tresguerres fue la primera mujer letrada de la Dirección General de Seguridad Jurídica y Fe Pública, la primera secretaria general de la Real Academia de Jurisprudencia, la primera presidenta de un tribunal de notarías y participó "en ámbitos donde apenas había presencia femenina"

Ana Fernández-Tresguerres.

Ana Fernández-Tresguerres.

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Ana Fernández-Tresguerres no pudo estudiar en Bolonia porque no admitían a mujeres, pero decidió que eso no iba frenarla en absoluto. Esta jurista gijonesa, afincada en Madrid desde hace décadas, ha roto muchos techos de cristal. Fue la primera mujer letrada de la Dirección General de Seguridad Jurídica y Fe Pública, la primera secretaria general de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España y participó en ámbitos donde apenas había presencia femenina. Notaria desde los 25 años, ha escrito numerosas monografías. Últimamente se centra en el Derecho Digital y la Inteligencia Artificial. "El gran reto es preservar el humanismo. Hay que adaptar la inteligencia artificial a la ética. Hay que avanza con prudencia, sobre todo en el ámbito del Derecho", sostiene.

-Estudió Derecho en Oviedo.

-Sí, hice la carrera en Oviedo y tuve magníficos profesores. Mi vocación por el Derecho nace precisamente de ellos y del gran nivel que había en la Universidad de Oviedo.

-¿Recuerda especialmente a alguno?

-Sí, a don Manuel Iglesias Cubría, a quien tenía muchísimo cariño. Mi primera vocación era la cátedra de Derecho Civil, pero cuando él falleció decidí orientar mi carrera hacia la Notaría, que era lo más parecido a seguir vinculada a ese ámbito del Derecho Civil.

-¿Y cómo fue el salto a Madrid?

-Me trasladé para preparar oposiciones. La Universidad había solicitado para mí una beca en Bolonia porque tenía muy buen expediente, pero en aquella época no admitían mujeres. Eso cambió hace pocos años, pero entonces era así. Entre esa circunstancia y el fallecimiento de mi profesor, decidí apostar por las oposiciones, por el mérito y la capacidad.

-Al revisar su currículum uno se queda impresionado. Ha desarrollado una trayectoria enorme.

-Bueno, he trabajado mucho, sí. Pero sobre todo porque me apasiona el Derecho. Además, he tenido la enorme oportunidad de trabajar en el ámbito internacional representando al Ministerio de Justicia como experta nacional ante instituciones europeas. Eso me ha permitido ver la evolución del Derecho privado desde una plataforma extraordinaria como es la Unión Europea.

-¿Ha participado en la transposición de directivas europeas?

-Sí, desde el año 2000 trabajo en el ámbito internacional, especialmente en Justicia civil y Derecho de sociedades. Siempre vinculada al Ministerio de Justicia, aunque mi profesión es notaria en ejercicio en Madrid. Todas las demás actividades las realizo pro bono.

-¿Cree que algún día existirá un derecho común plenamente unificado en Europa?

-No, no lo creo. Habrá cada vez más aproximación legislativa, pero las tradiciones jurídicas nacionales pesan mucho. Lo he visto especialmente en materias como familia y sucesiones. La jurisprudencia europea demuestra que las normas no se aplican igual en todos los países. Aun así, los ciudadanos europeos han ganado muchísima seguridad jurídica en estos últimos 25 años.

-Ahora trabaja intensamente en derecho digital. ¿Cuáles son los principales retos?

-El gran reto es preservar el humanismo. Hay que adaptar la inteligencia artificial a la ética. Hoy más del 90% de cierta programación ya la realizan las propias máquinas y eso obliga a avanzar con prudencia, especialmente en el ámbito judicial.

-¿La inteligencia artificial cambiará radicalmente nuestra sociedad?

-Sin duda. Puede compararse a la invención de la rueda, la imprenta o la máquina de vapor. Más allá de Internet. La inteligencia artificial será otro gran punto de inflexión histórico. Pero la cuestión fundamental es dónde queda el ser humano dentro de todo eso.

-¿Y dónde cree que queda?

-Encontrará su sitio, como ocurrió en todas las revoluciones industriales. La emoción y la sensibilidad siguen perteneciendo a las personas. Ese componente humano todavía no lo tiene una máquina.

-También ha trabajado en numerosas comisiones legislativas en España.

-Sí, y con gobiernos de distinto signo político. Siempre he tenido la suerte de contar con la confianza de todos.

-¿Es difícil ese trabajo técnico cuando la política condiciona tanto la legislación?

-Los técnicos estamos precisamente para intentar que las normas estén bien hechas. El problema actual es que se legisla mucho mediante Decretos leyes y leyes ómnibus, y eso dificulta enormemente el trabajo jurídico.

-Usted es notaria desde muy joven.

-Sí, desde los 25 años.

-¿Qué retos afronta hoy el notariado?

-Los mismos que cualquier profesión jurídica: adaptarse a las nuevas tecnologías sin perder la esencia. El notario sigue siendo una figura profundamente humana y presencial, aunque la adaptación digital permite la videoconferencia en algunos actos. Durante la pandemia, por ejemplo, seguimos trabajando físicamente porque había operaciones que no podían detenerse.

-En los últimos años el notariado ha asumido nuevas funciones.

-Sí, especialmente en jurisdicción voluntaria. Por ejemplo, los matrimonios o los divorcios notariales han ayudado muchísimo a agilizar procedimientos, estos últimos cuando no existen menores o personas vulnerables implicadas. Tienen una gran aceptación social.

-Ha sido pionera en muchos ámbitos para las mujeres.

-Sí, fui rompiendo muchos techos de cristal. Fui la primera mujer letrada de la Dirección General de Seguridad Jurídica y Fe Pública, la primera secretaria general de la Academia, la primera presidenta de un tribunal de notarías y participé en ámbitos donde apenas había presencia femenina.

-¿Sintió discriminación dentro del mundo notarial?

-En el notariado no, porque es una profesión muy independiente. El cliente valora tu trabajo, no si eres hombre o mujer. Cuando yo empecé éramos muy pocas mujeres; hoy ya son mayoría.

-Usted habla mucho de humanismo digital. ¿Las mujeres aportan una sensibilidad distinta?

-Creo que sí. Hay una visión quizá más emocional e intuitiva, y eso es importante cuando hablamos de inteligencia artificial, derechos fundamentales o vulnerabilidades digitales.

-Las redes sociales parecen muchas veces una selva. ¿Cómo se combate esa violencia?

-Con educación y formación. Y también limitando ciertos riesgos, especialmente para menores. La suplantación de identidad mediante inteligencia artificial es uno de los grandes desafíos.

-Actualmente es secretaria general de la Academia de Jurisprudencia y Legislación. ¿Qué función cumple una institución así?

-La Academia estudia la evolución del Derecho y la acerca a la sociedad. Analizamos cuestiones actuales, publicamos estudios y debatimos desde perspectivas plurales. Es una labor muy vocacional y completamente orientada al servicio público.

-¿Le preocupa el cuestionamiento actual del Poder Judicial?

-El Poder Judicial debe ser independiente y respetado como tal. Esa independencia es esencial para el Estado de derecho.

-Una última cuestión: ¿cómo evitar la fuga de talento en Asturias?

-Yo me formé en Asturias y sigo profundamente vinculada a ella. El mundo hoy es global y ya no existen tantas distancias. Lo importante es mantener el vínculo y volver siempre a casa. Quisiera decir finalmente que me siento muy agradecida por haber podido desarrollar una vida plena en el ámbito jurídico y por la confianza que tantas personas han depositado en mí a lo largo de los años.