¿Vuelve la mili?
Confirmado por el BOE: Servicio Militar voluntario para los jóvenes nacidos en 2007 y 2008
El Ministerio de Defensa busca paliar la falta de personal con nuevos métodos de captación y retención
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Servicio militar obligatorio en Marruecos. / LEV_018

El servicio militar obligatorio ha ido desapareciendo gradualmente en muchos países a lo largo de las últimas décadas. Mientras que las naciones anglosajonas abandonaron esta práctica a mediados del siglo XX, gran parte de Europa y Latinoamérica comenzó a eliminarla a partir de los años noventa, como ocurrió en España. El Real Decreto del 9 de marzo de 2001 puso fin a más de dos siglos de reclutamiento obligatorio. Sin embargo, la creciente inestabilidad geopolítica ha vuelto a situar el debate sobre la defensa en el centro de la conversación pública. Ahora, el BOE ha confirmado la puesta en marcha de un nuevo programa dirigido a jóvenes nacidos entre 2007 y 2008.
La medida no implica el regreso de la antigua mili, sino que forma parte de un modelo de ejército profesional basado en la reserva voluntaria. Según el Ministerio de Defensa, el objetivo es ampliar la base social de apoyo a las Fuerzas Armadas, fomentar la participación femenina y ofrecer una formación práctica centrada en la disciplina, la responsabilidad y el compromiso con la defensa nacional, en línea con lo establecido por la Constitución española.
El artículo 30 de la Constitución establece que: “Los españoles tienen el derecho y el deber de defender a España. La ley fijará las obligaciones militares de los españoles y regulará, con las debidas garantías, la objeción de conciencia, así como las demás causas de exención del servicio militar obligatorio, pudiendo imponer, en su caso, una prestación social sustitutoria. Podrá establecerse un servicio civil para el cumplimiento de fines de interés general. Mediante ley podrán regularse los deberes de los ciudadanos en los casos de grave riesgo, catástrofe o calamidad pública”.
Captación y retención de personal
En los últimos años, las Fuerzas Armadas han afrontado un importante déficit de personal. Según datos de la Academia de Levante, cerca del 6,6 % de los aspirantes renuncian antes de firmar su compromiso inicial. Además, en 2024 alrededor de 5.700 soldados abandonaron el ejército, mientras que solo se ofertaron 4.086 plazas nuevas, equivalentes al 71 % de las bajas registradas. Ante esta situación, España no solo ha incrementado su gasto en Defensa —un 50 % más en 2025—, sino que también se ha visto obligada a reforzar sus estrategias de captación y retención.
El pasado mes de marzo, el BOE publicó una convocatoria de 500 plazas para reservistas voluntarios mayores de 18 años. El programa contempla una formación básica dividida en varios periodos que, por lo general, no superan los 30 días. Durante ese tiempo, los aspirantes adquieren conocimientos elementales y nociones estratégicas de defensa sin necesidad de abandonar completamente su vida cotidiana. Se trata de un modelo inspirado en el sistema de reclutamiento voluntario de Suiza.
Con todo, el programa previsto para 2026 forma parte de un paquete mucho más amplio. El Real Decreto del 4 de marzo de 2026 contempla 1.256 plazas de ingreso directo; 1.607 de promoción interna; 2.863 de acceso y adscripción a cuerpo y escala —referidas a especializaciones y jerarquías del Ejército—; hasta 1.000 plazas para militares de Tropa y Marinería con relación permanente; 500 para reservistas voluntarios; y otras 81 para la Escala de Oficiales de la Guardia Civil.
Requisitos para ser reservista
Según el Ministerio de Defensa, ser reservista “es cuestión de voluntad”: cualquier ciudadano puede incorporarse de forma voluntaria y temporal para aportar sus capacidades y conocimientos a las misiones que desarrollan las Fuerzas Armadas dentro y fuera de España. Sin embargo, existen varios requisitos: contar con nacionalidad española, carecer de antecedentes penales, acreditar buena conducta ciudadana y no estar privado de derechos civiles.
En función de la formación académica, los aspirantes pueden acceder a distintas categorías dentro de la reserva voluntaria. Quienes posean estudios universitarios superiores o el primer ciclo de carrera podrán optar al empleo de alférez; las personas con Formación Profesional o Grado Medio podrán acceder al rango de sargento; y el resto de perfiles ingresarán como soldados. Una vez obtenida la plaza, los seleccionados deberán completar el periodo formativo y firmar posteriormente un compromiso inicial de tres años.
Tal y como recoge el portal oficial de reclutamiento, esta formación puede incluir la participación en misiones “que a tal efecto se fije en la autorización del Gobierno para la incorporación de reservistas voluntarios”. Es decir, durante y después de la formación, los aspirantes podrán ser destinados a distintas unidades con operaciones en el extranjero, siempre que hayan aceptado esa posibilidad de forma expresa y voluntaria al firmar su compromiso.
La abolición y el posible regreso de la “mili”
Tras el Real Decreto de 2001, el ejército español inició un profundo proceso de profesionalización, marcado por la incorporación de nuevas tecnologías y la especialización de sus unidades. Sin embargo, antes de llegar a ese modelo hubo una fuerte resistencia social al servicio militar obligatorio. Durante los años setenta, en plena Transición, numerosos insumisos se negaron a realizar la mili por convicciones antimilitaristas y fundaron el Movimiento de Objeción de Conciencia (MOC). Muchos de ellos fueron detenidos y encarcelados.
Con el paso de los años, sin embargo, el número de objetores aumentó tanto que la bolsa de personas pendientes de realizar la Prestación Social Sustitutoria (PSS) —una alternativa civil al servicio militar para quienes se declaraban objetores de conciencia— alcanzó el 37 % a finales de 1994, según RTVE. El Gobierno socialista, para aliviar la presión sobre el sistema penitenciario, decidió conceder el tercer grado a los insumisos, un régimen penitenciario de semilibertad que permite salir de prisión durante el día y regresar únicamente para dormir. Pese a ello, muchos rechazaron acogerse a esa medida porque consideraban que suponía aceptar una condena injusta. Finalmente, en 2001, el Gobierno del PP despenalizó el delito de insumisión.
A día de hoy, el regreso del servicio militar o civil ya no parece una idea tan lejana. Varios países han recuperado modelos similares en los últimos años. En enero de 2018, el presidente francés, Emmanuel Macron, reintrodujo un servicio nacional de varias semanas orientado a reforzar los valores republicanos entre los jóvenes, más de dos décadas después de su suspensión. Ese mismo año, Marruecos restableció también el servicio militar obligatorio como una vía para combatir el desempleo juvenil y reducir la tensión social derivada de las protestas ciudadanas.
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