Primera comisaria en Catalunya
Margarita García, primera comisaria en Catalunya: “Creamos las unidades femeninas de maltrato en los 90 y aumentaron las denuncias porque las mujeres se sentían protegidas”

La Cita con Margarita García, comisaria de la Policía Judicial. / Jordi Otix, Ferran Nadeu y Patricio Ortiz
Policía de sangre, se nota desde que suelta la primera palabra por la boca. Es la primera mujer que llegó a comisaria en Catalunya y está a punto de decir adiós a la policía. Hace un año se puso al frente de la élite de la Policía Judicial de la Policía Nacional tras una carrera de 40 años abriendo camino en homicidios, violaciones, atracos e Inteligencia. Esta comisaria, con 140 agentes a su cargo, entró en el cuerpo cuando solo seis mujeres compartían promoción con cerca de 200 hombres. Ha pasado por casi todas las unidades policiales, fue pionera en las de violencia sexual y de atención a mujeres. Defiende que en la Policía hay más paternalismo que machismo y que las mujeres “dirigen equipos, no mandan”. Asturiana de nacimiento y catalana de adopción, Margarita García, jefa de la Brigada Provincial de la Policía Judicial del CNP en Catalunya, acepta la invitación de La Cita y nos vamos con ella a ver el mar.
- Margarita García, comisaria de la Policía Judicial en Catalunya y primera comisaria…
-La primera comisaria que llega a Catalunya fui yo, sí.
-Has llegado donde querías llegar…
-Sí, yo entré en la policía para trabajar en Policía Judicial y me despido en la Policía de Jefa de la Brigada Judicial, para mí es un broche de oro de mi trabajo.
-¿Qué lleva tu unidad?
-Desde la UDICO, que incluye estupas (drogas) y crimen organizado, hasta la delincuencia económica y fiscal, estafas, también la parte cibernética, que ahora aumenta muchísimo. Además otras unidades de la policía del resto de España nos piden colaboración, porque hay muchos investigados que residen aquí.

barcelona 26/05/2025 Otros ''La Cita'', entrevista de Marta Català a Margarita García Gómez, jefa de brigada comisaria. AUTOR: JORDI OTIX / Jordi Otix / EPC
Margarita ha escogido el mar para La Cita. Dice que le da calma. Es una mujer que transmite serenidad y tiene una cabeza muy bien amueblada. Madre de dos hijos, amante de lectura, se siente Petra Delicado, la inspectora protagonista, en las novelas de Alicia Giménez Bartlet.
-Y ahora te jubilas…
--Es lo que toca aunque una no quiera, la Policía es así, pero me llevo una vida entera.
-Repasemos tu trayectoria. Con tan solo 22 años entras en la Policía ya con referentes.
-Sí, mi padre era del cuerpo superior y mi hermano mayor, que yo adoro y es mi referente, era del cuerpo superior y era la época de las películas de 'Sérpico', de 'Starsky y Hutch', de aquellos detectives que se disfrazaban, vigilaban, perseguían a los malos. Para mí esa era una imagen muy potente, pero cuando yo acabé COU todavía no había mujeres en la policía. Empecé una carrera, y entonces se abrió la opción, oposité y entré.
En la promoción de Margarita había 178 hombres y seis mujeres. Había un cupo de mujeres y un cupo de hombres. Ahora mismo ya no lo hay. Según cuenta, había compañeros de la misma edad que no entendían que pudiesen trabajar codo a codo con una mujer: “Algunos me decían que cómo iba yo a tirar una puerta y entonces yo les decía que yo no entraba en la Policía para tirar puertas”.
-¿Cómo fueron tus primeros pasos profesionales en la Catalunya y Barcelona de los ochenta?
-Yo debuté en Badalona en unos años que había mucho paro, mucha heroína y muchos heroinómano, muchos hurtos, 'sirlas' -atracos con navaja-, era la época de los 'radiocaseros'. Entonces había mucho heroinómano necesitado de dinero rápido, subieron los delitos. No parabas de trabajar. En el 92 me dieron la oportunidad de ir a homicidios, que era lo que yo quería, ser detective de homicidios. Y ahí pasé, yo creo, los años más felices de mi vida.
Margarita es policía de manual. De película, de serie de Netflix, de novela negra. Ha pisado todas las unidades policiales de la Catalunya.
-En tus años en homicidios viviste un caso muy extraño, la muerte de una familia casi entera, digo casi, porque hubo un niño que sobrevivió. Te marcó.
-Resolvíamos el 90 y pico por ciento de los homicidios, pero de los que te acuerdas siempre es de los no resueltos. Y aquel a mí me quedó muy grabado porque yo tenía ya niños pequeños y mataron a una madre y a su hijo, que estaba durmiendo con ella. Al otro lado de la pared dormía su otro hijo, que aparentemente no se enteró de nada: Cuando se levantó al día siguiente se vistió para ir al colegio fue a despertar a su madre y la encontró, a ella y su hermano degollados. Ese niño fue a avisar a la vecina y decirle: "mi madre no se despierta". En ese piso se traficaba con droga, vivían de eso. Y desgraciadamente, en aquella época no había pruebas de ADN, de la sangre solo te decían si era del tipo A o si era RH negativo. Aquel caso hoy se habría resuelto, pero quedó sin resolver.
-Fue un buen momento profesional.
-Me dieron la oportunidad de ser jefe de grupo, que de aquella época era muy difícil para una mujer en la policía judicial. Había lista de espera para entrar y me dieron el grupo de violaciones, que se parecía mucho a homicidios en la forma de investigación. Fueron unos años duros, trabajábamos al lado del Servicio de Atención a la Mujer, donde iban las mujeres maltratadas. Fuimos pioneros en crear estas unidades porque sabíamos que había una cifra negra, tanto de violaciones como de maltrato: las mujeres no tenían confianza para ir a contarle a un policía lo que le habían hecho. Desde que se crearon esas unidades femeninas, aumentó muchísimo el número de mujeres que fueron a denunciar porque se empezaron a sentir comprendidas y apoyadas. A partir de ahí ya se crearon protocolos y circuitos de pisos para mujeres maltratadas.
-¿Cómo fue tu paso por delincuencia económica?
-Estuve un par de años y me asustó. Le tengo un respeto tremendo a la gente que trabaja en delincuencia económica. Tú detienes a alguien que ha estafado a mil ancianos y le 'caen' solo dos años. Aquello no me parecía justo. El trato a la delincuencia de cuello blanco no me parecía justo, es muy difícil, de investigaciones muy largas y con pocos resultados.
-Tú estabas de guardia el día que asesinaron al ministro Ernest Lluch.¿Qué recuerdas de aquello?
-Había ya mucha gente cuando llegué, no solo policías. Había un político, mucho periodista, y el primer trabajo que tuvimos fue despejar la escena del crimen. Fue muy impactante, por ser una persona tan conocida. Yo tenía planeada al día siguiente una entrevista con Julia Otero, la primera que di, y nuestro jefe de prensa la avisó de que no podía preguntar por el crimen. Julia Otero, que ya era lista como el hambre, me soltó durante la entrevista "ya sé que anoche cuando pasó el homicidio estabas ahí pero no te puedo preguntar". Es la única entrevista que he dado a un medio de comunicación, bueno, esta que hacemos, es la segunda.
-Recuerdas tu primer caso en homicidios, ¿no?
-En mi primer caso yo abrí la puerta y fui directa hasta donde estaba el muerto. Un veterano me corrigió. "¿Has mirado si la puerta está forzada?, ¿has mirado si hay pasos ensangrentados, has mirado si estás pisando algo?". El muerto no se va, hay que mirar otras cosas primero, me dijo. Esa fue mi primera lección de homicidios.
-En 2019 contaste en una mesa redonda que cuando una mujer entra en un nuevo cargo, está en duda.
-La policía está apostando muy fuerte para la presencia femenina, es verdad que todavía no se presentan suficientes mujeres como para que seamos más, pero estamos muy contentos porque hemos llegado al 20% de presencia femenina. Están haciendo muchas campañas de visibilización de mujeres policías para que las chicas lo vean como una profesión que también puede ser para ellas.
-Hablas más de paternalismo que de machismo.
-Sí, existe en la sociedad en general. En muchas casas cuando la familia va de viaje el que conduce es el hombre, en las mesas de comedor el que preside la mesa es el hombre, todavía hay familias donde los chicos no se hacen la cama y las chicas sí. La policía también es un reflejo de la sociedad y nos modernizamos a su ritmo. Todavía tenemos muchos mandos masculinos, pero cada vez hay más mujeres comisarias y muchas mujeres válidas a las que hay que dar oportunidades. 30 o 40 años atrás nada estaba preparado para que nosotras estuviéramos aquí, no había vestuarios de chicas y si hacías una vigilancia en un coche de 15 horas, no era fácil ni salir a orinar.
-¿Cómo lidera una mujer?
-Existe un estilo distinto de liderazgo. Lo de arreglar con el puñetazo en la mesa aún existe. Lo de decir "yo soy el jefe", todavía existe. Pero yo creo que las mujeres lideramos de otra manera. Las mujeres dirigimos equipos, no mandamos.
-¿Catalunya es un puesto atractivo para los policías que vienen de fuera?
-El problema de que los policías no se queden aquí es el idioma y la carestía. Si no se quedarían, porque al final se van todos enamorados de Barcelona, de la Costa Brava, de Tarragona. Se lo pasan fenomenal.Y trabajan mucho.Como tenemos veteranos que han enseñado a tanta gente, si realmente te gusta la policía la investigación, te enganchas. Algunos conseguimos que se queden un tiempo.
-¿Y cómo es eso de 'ser' Petra Delicado?
-Uno de mis 'hobbies' es la novela negra, y tuve la oportunidad de que me presentaran a Alicia Giménez Bartlett, la creadora de la inspectora de homicidios de Barcelona, Petra Delicado. Cuando yo leí su libro pensé esa soy yo. Conseguí que me la presentaran, tuvimos mucha química, tiene humor ácido y crítica social. Yo le conté cosas como que una vez detuvimos a un hombre en Roma por matar a otro aquí y ella hizo un libro, me parece apasionante su trabajo.
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