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Red de apoyo

Familiares de alcohólicos, del infierno a la esperanza: “A la persona querida la he enterrado muchas veces y así no se puede vivir”

“El alcoholismo es una enfermedad que no se puede curar, pero se puede detener, y hacerlo es muy importante”

Dan testimonio participantes en las reuniones de Al-Anon en Figueres, una red de apoyo mutuo para familiares y amigos de personas con problemas con el alcohol, una comunidad anónima con un programa de recuperación de autoayuda

Dos usuarias de las reuniones de Al-Anon han querido compartir, desde el anonimato para preservar la intimidad, como de positivo es formar parte de esta comunidad de ayuda mutua.

Dos usuarias de las reuniones de Al-Anon han querido compartir, desde el anonimato para preservar la intimidad, como de positivo es formar parte de esta comunidad de ayuda mutua. / Eduard Martí

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Cristina Vilà Bartis

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Marta, nombre ficticio que utilizamos para preservar el anonimato, empezó a asistir hace seis años a las reuniones de Al-Anon, en Figueres, una comunidad de apoyo mutuo para familiares y amigos de personas con problemas con el alcohol. Para ella supuso la salvación y le devolvió la esperanza. “Nuestro problema es la gran dependencia emocional que tenemos de la persona querida enferma porque no somos capaces de desligarnos de ella. Cualquier cosa que haga o deje de hacer nos condiciona, no vivimos, estamos pendientes de ellos”, confiesa, y añade que “yo vivía en una montaña rusa. Cuando ella estaba contenta, yo también; cuando ella estaba mal, yo también. Siempre pendiente hasta que acabas rompiéndote”. El alcoholismo, reconoce, no afecta solo a la persona que bebe, sino a toda la familia —padres, madres, parejas, hijos, hermanos— y a su círculo de amistades más íntimo. “Al final, te afecta mucho en tu vida, dejas de pensar en ti y solo te centras en qué puedes hacer para ayudarlo, es horrible, un infierno, pero estamos aquí luchando”, describe Sara, nombre también ficticio de otra integrante de Al-Anon.

Para ambas, asistir a las reuniones terapéuticas de Al-Anon ha sido vital. No las coordinan profesionales, sino personas que viven la misma situación. “Pensé que quizá ellos podrían decirme cómo hacerlo para que la persona querida dejara la adicción”, explica Marta. Pero lo que escuchó, de entrada, fue que primero debía recuperarse ella “porque estaba muy mal” y no era consciente de ello: “Pensaba que estaría bien cuando ella lo estuviera, pero con Al-Anon aprendí a estarlo aunque la persona querida no lo estuviera”. Marta creía que podía con todo, pero, sin darse cuenta, había dejado de cuidar su salud física, mental, emocional y espiritual. Asistir a las reuniones se convirtió, así, en “mi oasis particular de tranquilidad”. Cabe decir que Al-Anon también dispone de una sección, Alateen, dirigida a niños y jóvenes que sufren el alcoholismo dentro de casa.

Caer en el pozo para reaccionar

A lo largo de estos años, Marta ha aprendido mucho. Primero, que el alcoholismo es “una enfermedad muy complicada y que cuando la persona afectada está mal tienes que dejar que todavía esté peor”. Entonces, cuando cae hasta el fondo, “quizá habrá un cambio porque entrará en una crisis existencial tan importante que la necesidad de vivir y salir adelante hará que reaccione”. Esto es lo que ella asumió de la mano de sus compañeros de Al-Anon. Es, como explica Sara, lo que llaman “desprendimiento emocional con amor: ellos tienen la codependencia con el alcohol y nosotros con ellos, y tenemos que aprender a quererlos, pero separarnos emocionalmente”. Así, “tienes que permitir que la persona pase por todas esas etapas, no la puedes salvar antes de tiempo”.

La base de las reuniones, que en Figueres se celebran todos los jueves a las siete de la tarde en el casal cívic Figueres de la calle Joan Subias i Galté, se sustenta en lecturas que la asociación les ofrece y sobre las que reflexionan juntos. Una de las primeras que afrontó Marta, y que todavía la acompaña y la ayuda en este camino, es el libro Valor para cambiar, que incluye una entrada para cada día del año. Marta niega que Al-Anon sea una asociación religiosa, aunque no obvia que en muchos de los escritos se habla de Dios. Ella lo describe como “un programa espiritual” detrás del cual hay amor y respeto.

“A la persona querida la he enterrado muchas veces y así no se puede vivir”

Al-Anon, como otras entidades que ayudan a personas adictas al alcohol, a los narcóticos o al juego, aplica un programa de recuperación basado en doce pasos que deben ir asumiéndose progresivamente y en compañía. “Yo hablo con un médico y no me entiende porque no lo vive, no sabe qué estoy sintiendo, pero lo hago con un compañero y sabe perfectamente por dónde estoy pasando, nos ayudamos”, explica Sara. El primero de los doce pasos, por ejemplo, es “admitir que éramos incapaces de afrontar solos el alcohol y que nuestra vida era totalmente ingobernable”. Marta reconoce que es así: “Por más que haces, no consigues cambiar la situación porque no puedes cambiar la vida del otro ni puedes vivirla, por tanto, no la puedes controlar; solo puedes cambiar tu vida y la manera en que ves las cosas”.

En el segundo paso ya se menciona que “un poder superior nos puede devolver la cordura, y si consideras que existe ese poder es porque aceptas que tú no puedes y dejas de controlar”. En su caso, ella encontró ese poder superior en “el amor y la bondad que hay en todo el mundo” y eso le permitió “ir encajando las piezas, abrirme más y ver colores donde solo veía blanco o negro, aceptando las cosas con agradecimiento”. La ayudó a disminuir el miedo que era, según ella, lo que la hacía controlar. También a ir aumentando la confianza y “vivir el momento presente” porque, admite, “a la persona querida la he enterrado muchas veces y así no se puede vivir”.

La fórmula es clara: “Vivir el momento porque lo que tiene que venir está en el futuro y lo que está en el pasado no hace falta removerlo, solo aprendo algo de ello”. Interiorizarlo, admite, no ha sido nada fácil.

“Nosotros nunca nos recuperamos del todo”

“Nosotros siempre decimos que estamos en recuperación porque nunca nos recuperamos del todo, como tampoco lo hace un adicto ni un alcohólico”. Marta asegura que vive el día a día “con esperanza” y que “si la persona querida no sale adelante, no lo hará, pero siempre tendrá el amor incondicional de su familia”. En su caso, ha ido a psicólogos, psiquiatras, ha tomado medicación, ha estado ingresada. “Comprendemos a esa persona y tenemos compasión por ella por la vida tan dura que tiene”, comenta, y añade que, aun así, tiene una pureza y una dulzura increíbles en su interior. “Ante ella nos mostramos fuertes”, confirma, recordando que en Al-Anon abogan por las tres C: “No he Causado la enfermedad; no la puedo Controlar y no la puedo Curar”. Esto hay que tenerlo presente porque muchas personas “llegan con mucha culpabilidad”.

Marta asegura que el cambio extraordinario que ella ha hecho es gracias a Al-Anon, una red que, a su juicio, la gente todavía conoce demasiado poco, quizá por su carácter anónimo. Aun así, este es uno de sus grandes valores: “Lo que hablamos en las reuniones no sale de allí, y eso te hace sentir con la libertad de explicar, es muy importante”. Para ella ha sido vital compartir en un espacio de serenidad y protección con personas que la entienden: “Te desnudas ante esta gente que acaba siendo tu segunda familia porque te conocen casi mejor que tú misma, les muestras tu parte más íntima, que es el pensamiento y cómo actúas”. Comenta que la meditación también es una buena herramienta, una gimnasia mental que les permite “no entrar en un bucle de pensamiento, sobre todo para soportar las noches, que son complicadas”.

Socialmente, el alcoholismo no está aceptado aunque se perciba como una enfermedad mental y crónica, pese a no estar considerado como tal. “Tratan los síntomas, pero no la enfermedad ni al enfermo”, dice Marta. Si la consideraran así y lo ampliaran a las drogadicciones, creen que el sistema no tendría recursos suficientes “por eso interesa silenciarlo, no mostrarlo”. Aun así, aseguran, “ver a una persona que ha estado años viviendo en la calle, que ha llegado muy mal y que ha salido adelante, es esperanzador”.

Al-Anon, una red de apoyo mutuo con 24.000 grupos repartidos en más de 150 países

Al-Anon funciona desde hace más de sesenta años en el Estado español, pero se constituyó legalmente en 1951 en Estados Unidos y cuatro años más tarde ya contaba con estructura propia. Actualmente existen 24.000 grupos de Al-Anon repartidos en 150 países. En el Estado español hay unos 200, mientras que en las comarcas gerundenses hay tres —en Figueres, Sant Feliu de Guíxols y Girona—; en Barcelona, 25; en las tarraconenses, 5, y ninguno en las de Lleida. La asistencia a las reuniones, bajo anonimato, es gratuita. Al-Anon, además, dispone de una sección, Alateen, dirigida a niños y jóvenes que sufren el alcoholismo dentro de casa.

Los pilares fundamentales de Al-Anon son las publicaciones que han ido generando a lo largo de los años y que aún hoy les son útiles. En cada reunión los participantes vienen con una lectura escogida previamente y, en la sede, comparten las reflexiones. Para Sara, estos encuentros son muy importantes. De hecho, reconoce que, a diferencia de los enfermos, que disponen de más recursos a los que aferrarse, las familias no tienen nada, a excepción de esta red de apoyo que han creado ellas mismas. “Sin Al-Anon no tendríamos nada, esto es mi casa”, admite, y añade que, en las reuniones, “nadie te dirá qué tienes que hacer”.

Uno de los grandes valores de esta comunidad internacional es que todos los grupos repartidos por el mundo replican la misma estructura y, así, si algún familiar viaja fuera y lo necesita, puede sumarse a las reuniones. En uno de los folletos informativos se especifica que Al-Anon no es ninguna secta; que no están aliados con ninguna entidad política ni institucional; tampoco con Alcohólicos Anónimos, aunque cooperan. Tampoco son una organización religiosa; al contrario, están abiertos a todas las creencias. Sara asegura que “nuestro programa es para gente valiente” porque si quieres avanzar “tienes que cambiar cosas”.

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Fuente: Empordà