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Viviendas para tratamientos

David y Aurora, de Vic a un piso de acogida en Barcelona mientras él trata su leucemia: "Si tengo una urgencia, el Clínic está al lado"

Aunque al inicio del diagnóstico iba y venía de Osona a la capital catalana, el trasplante de médula hizo indispensable este profesor estuviera cerca del hospital

La crisis de la vivienda deja sin alojamiento a más de 250 familias de pacientes desplazados a Barcelona

David y Aurora, de Vic a Barcelona por salud

Marc Asensio Clupés / Núria Garrido

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Pau Lizana Manuel

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Barcelona
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La de David Noguera y Aurora Mendoza es una de las más de 1.000 familias que, a lo largo de un año, son acogidas por una de las entidades sociales de Barcelona que ofrecen alojamiento a pacientes llegados de otros puntos de Catalunya o del Estado que tienen que recibir tratamiento médico en la capital catalana y a sus acompañantes. "Estamos aquí porque a veces la vida te mete una hostia y la tienes que saber encajar", resume él nada más entrar en el piso en el que lleva instalado algo más de mes y medio junto a su mujer en el distrito del Eixample.

El proceso hasta llegar a este piso donde están no fue fácil. Noguera llevaba una vida activa como profesor en un colegio de Santa Coloma de Farners y era jugador y entrenador de Hockey Patines en varios clubes de la zona. En febrero del año pasado, empezó a notarse muy fatigado y tras diversos diagnósticos poco claros, en junio el servicio de hematología del hospital de Vic le confirmó que tenía un tipo de leucemia. "Ahí fue cuando yo me vine abajo y él se quedó tranquilo porque ya sabía lo que tenía", comenta Mendoza.

Su diagnóstico solo le permitía tratarse con un transplante de médula ósea, así que tras unos meses de espera para que los niveles de plaquetas fueran los adecuados, Noguera empezó con la primera fase de su tratamiento en octubre. Ya entonces, de la mano de la trabajadora social del departamento de hematología del Hospital Clínic, Montse Duch, se pusieron en contacto con una fundación para pasar allí la primera semana. En este caso, la Fundació Petit Món les consiguió un piso en Barcelona en el que pasaron una semana para recibir las primeras dosis del tratamiento.

Desde entonces, el tratamiento le obligaba a ponerse una inyección cada día durante unos cinco meses. Noguera podría haber optado entonces por quedarse ya en Barcelona, pero decidió hacer el trayecto de Vic a Barcelona todos los días. "Nos pilló todo el tema de los trenes después del accidente de Gelida... Nos quedabamos en la Meridiana una hora parados...", recuerda Mendoza. Aún así, la pareja prefirió seguir en su casa durante estos meses. Normalmente, para los tratamientos diarios que requieren trayectos que superan los 50 kilómetros, las fundaciones ya ofrecen alojamientos para evitar los viajes. "No tenía nada que hacer, había parado del todo, así que no me importaba", recuerda Noguera.

El papel del trabajo social

Para principios de abril, el Clínic encontró un donante de médula compatible con Noguera y a partir de aquí, la necesidad de estar cerca del centro de referencia en caso de urgencia, ya no daba más opciones a la pareja que venirse a Barcelona. Ellos, eso sí, no tuvieron que preocuparse de nada. "Antes de ingresarme, Montse Duch ya se puso en contacto con nosotros y nos comentó que había encontrado un piso de una fundación y el mismo día que ingresé, Aurora ya pudo quedarse aquí", recuerda, emocionado, Noguera.

"Como profesor estoy harto de decir en la escuela que tenemos que rellenar un montón de documentación para todo... Y encontrar a una persona como Montse, eficaz, eficiente y que lo que te ofrece hoy te lo da mañana, no tiene precio", explica Noguera, que solo tiene palabras de alabanza para la trabajadora social.

La adaptación

Así, desde el mismo día en el que Noguera es ingresado, Mendoza accede a uno de los pisos de la Fundación Jubert Figueras, en la dreta de l'Eixample. "Al principio fue un 'shock'", explica esta administrativa de profesión, acostumbrada a un ritmo de vida más tranquilo que al de la capital catalana. "Al principio no sabía ni dónde ir a por un bocadillo", bromea. Para hacer más fácil la adaptación, y también que Mendoza supiera cómo acompañar a su marido durante el tratamiento, recibieron una ayuda piscológica en el Clínic que también ponen en valor. "Pasan por planta, no tienes que ir tú a buscarlos", valoran.

Las primeras semanas en el nuevo piso, mientras su marido estaba ingresado, fueron duras. "Entraba en su habitación del Clínic y estaba más tranquila que en el piso", recuerda Mendoza, que con el paso de los días y ya con Noguera bajo el mismo techo, fue mejorando y ha ido aprendiendo a disfrutar de la ciudad. "Ahora tengo una lista con los barrios o sitios que quiero visitar", pone de ejemplo.

El futuro

Desde entonces, el tratamiento de Noguera evoluciona según lo previsto. Él ya piensa en la opción de dejar el piso disponible y continuar con su tratamiento en Vic si la cosa sigue yendo a mejor. "Así el piso lo puede usar una persona que venga de fuera de Catalunya", defiende. Sin embargo, en estos casos el tratamiento requiere un periodo de observación de unos tres meses. "Y esos no te los quita nadie", le recuerda su referente de la Fundació Jubert Figueras, que le pide que sea algo "egoísta" y priorice su cuidado.

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