El toxicómano detenido en Oviedo por matar a puñaladas a su hermana y su cuñado amenazaba a familiares y vecinos, y las víctimas habían advertido: "Este hijo de Satanás nos quiere prender fuego"
Jesús López Alonso, conocido como "Susi", cosió a puñaladas a sus familiares en la vivienda que los tres compartían en los pisos de la Sindical de Vallobín
El hombre ya estuvo en prisión por otros dos homicidios

VÍDEO: Detenido un toxicómano de 67 años tras matar a su hermana y su cuñado en Oviedo / M.C.
A los vecinos de los pisos de la Sindical, en la calle Vázquez de Mella, la tragedia les dejó helados, aunque ya tenían presente que algo podía acabar mal: "Llevaba tiempo diciendo que los iba a matar". La macabra amenaza se la atribuyen a Jesús López Alonso, más conocido como "Susi", un toxicómano de 67 años que fue arrestado pasada la medianoche del lunes como presunto autor de la muerte de su propia hermana, un año mayor que él, y de la pareja de esta, "de una edad similar". Cuando los agentes de la Policía Nacional entraron en el decimotercer piso del portal 10 J, la vivienda que los tres compartían desde febrero, los cuerpos sin vida de María López y José Corujo, también consumidores, estaban cosidos a puñaladas en una habitación, uno de ellos sobre la cama y el otro en el suelo. "Susi", que según sus propios familiares "lleva toda la vida en la droga", ya estuvo en la cárcel en dos ocasiones por sendos homicidios, uno cometido "por celos" en Pumarín en el año 1983 y otro perpetrado tres años después en Santa Marina de Piedramuelle, donde mató a tiros a un hombre con la misma pistola que el fallecido le había pedido que le guardase mientras estaba en prisión.
La voz de alarma la dio otro consumidor de drogas que fue a casa del detenido "a pillar", el término que se usa en el argot para referirse a la compra de sustancias estupefacientes. Según explica la prima del arrestado, Pamela Viñuela, "Susi" vendía todo tipo de drogas –"cocaína, pastillas hachís y hasta heroína"– para costearse su propia adicción. El hombre entró en la casa del detenido y este, mostrándole los dos cadáveres, le dijo:"Mira y verás cómo pesan". Acto seguido se activó el operativo que acabó con el presunto criminal en los calabozos. Cuando la Policía Nacional accedió a la vivienda se encontró a Jesús López Alonso "ajeno a la gravedad del asunto". Eran las doce y cuarto de la noche y el propietario de una cafetería cercana a la casa en la que ocurrieron los hechos afirma que "Susi" le había dicho horas antes que llevaba siete días sin dormir por el consumo de cocaína.
No hay vecino de los pisos de la Sindical que no conozca a "Susi". Aseguran que el consumo de drogas le provocó una enfermedad mental –está diagnosticado de esquizofrenia, siempre según sus familiares– y que los altercados que protagonizaba eran más que habituales. De hecho, el pasado domingo, agentes de la Policía Nacional y del cuerpo municipal de Policía, acudieron a su casa alertados por los vecinos porque estaba "dando voces" por la ventana. "Se asomó y empezó a gritar que su hermana y José eran unos okupas y que los iba a matar. Le dije que se calmase, pero él no paraba de repetir que todos éramos muy malos porque no avisábamos a la Policía. Tenía dos bombonas en la mano", dice Antonia Junqueira que vive en un décimo piso desde el que se ve la ventana de la casa del detenido.
Muchos temían a Jesús López Alonso. "Tenía dos pistolas, eso lo sé yo", asegura Antonia Junqueira. "Siempre estaba amenazando. Decía que iba a quemar el edificio con todos nosotros dentro", señala Priscila Álvarez, que conoce bien al arrestado. "Las drogas siempre le afectaron, pero las cosas fueron a peor desde que su hermana y su pareja se vinieron a vivir con él. No paraba de repetir que eran okupas y que los iba a matar, pero como siempre estaba así no lo tomamos en serio", añade la mujer. Eso fue en febrero, después de la muerte de la madre de "Susi", Epifania Alonso. Hasta entonces solo él residía en la casa con la mujer y su perra "Sira", que también estaba en el piso cuando entró la Policía. Los fallecidos vivían antes en la calle Comandante Vallespín, en un piso compartido, pero se mudaron. "Querían ayudarlo en las cosas del hogar. Aunque era también toxicómana, ella era muy limpia y organizada. Vino a buscar la muerte la pobre", dice Paloma Viñuela, que acudió a los pisos de la Sindical con su hermana Sandra en cuanto se enteró de lo ocurrido.
Pamela Viñuela y Sandra Viñuela también recalcan que su primo empeoró tras el fallecimiento de la madre y que "Susi" siempre responsabilizaba a su familia de la muerte de Epifania: "Nos decía que la habíamos matado", señalan las mujeres explicando a continuación que la mujer falleció tras una operación y con un estado de salud muy deteriorado. "Estaba muy malina, tenía 90 años y de todo", dicen las primas del detenido. Ambas aseguran que las llamadas y los mensajes eran constantes cuando él estaba drogado o "con el mono" (síndrome de abstinencia): "Nos mandaba audios y nos decía de todo".
La situación ya había obligado a la familia a intervenir año y medio antes. "Tuvimos que venir porque nos llamó su madre muerta de miedo. Nos dijo que le había tirado del bolso en el portal para quitarle el dinero de la pensión y que la quería matar", relata Pamela. "Le comía el dinero, le pedía préstamos para droga. y siempre le estaba dando guerra". Aquel día, añade, acudió la Policía y Jesús López Alonso acabó en el HUCA, ingresado en Salud Mental. Sus delirios, según sus allegados, eran frecuentes: hablaba de ETA, del Ejército y decía que era "comandante de una misión".
Un hombre violento
El miedo no era sólo de Epifania. También María, la hermana ahora fallecida, había alertado a sus primas de los comportamientos violentos del detenido. En un mensaje llegó a escribirles: "Este hijo de Satanás nos quiere prender fuego". La familia llamó entonces al 092. No era una amenaza aislada. "Hace poco ella se fue a echar la siesta y él puso una sartén en el fuego", recuerdan. La campana extractora terminó quemada. "María no podía con él", resumen las primas. La fallecida, insisten sus familiares, "no había ocupado la vivienda". De hecho, "se hacía cargo de los gastos" de una casa que primero fue suya y en la que ahora vivían de alquiler porque fue embargada y adquirida por su actual casero. Y allí, presuntamente, murió junto a su pareja cuando, "en un ataque de mono", Jesús López Alonso atentó "contra lo que más quería".
Julia Alonso, hermana de Epifania, tampoco oculta el terror que le provocaba su sobrino. "No venía aquí por culpa de él. A mi hermana la veía en ese banco", cuenta señalando el lugar donde se reunían para verse lejos de la casa. Las amenazas, asegura, también alcanzaban al resto de la familia: "Me amenazaba a mí, a mi hija, a mis nietas... Nos decía: El día que vuelva a vuestra casa, según abrís la puerta, os mato".
Entre los vecinos de los pisos de la sindical, la sensación es la misma: lo ocurrido era "la crónica de unas muertes anunciadas". Así lo define Teresa Fernández Gutiérrez, expresidenta de la comunidad de vecinos, que asegura haber sufrido durante años el comportamiento del arrestado. "Estuvimos sufriendo lo de la droga toda una vida, desde que él salió de la cárcel", dice. Recuerda que Jesús López Alonso ya estaba en prisión "con 18 años" y que ella misma fue "amenazada de muerte cincuenta mil veces" por enfrentarse a la venta de droga en el edificio. "Estuve esclavizada", afirma. Según su testimonio, incluso llegó a enseñarle una pistola.
Teresa Fernández no tiene dudas de que el desenlace llevaba tiempo anunciándose. Cree que el lunes "cogió mucha droga" y "seguramente se puso loco". Pero, sobre todo, piensa en Epifania. "Mataron a la madre de sufrimiento", señala. "La pubrina murió hace meses con noventa años. Estábamos muy disgustados por la madre, entre todos acabaron con ella", añade.
Después de las primas del arrestado, llegó otra de sus hermanas, que rompió a llorar desconsolada al ver los coches de la Policía Nacional y a todos los periodistas que cubrieron el suceso. "¡Madre mía la que ha montado, la que ha montado!", repetía mientras se abrazaba a sus primas y a otros vecinos que acudieron a consolarla. "Es mi hermano, a mí en cierta manera, me da pena de él porque le consumió la droga. Le daba muchísimos problemas a mi madre, pero a la vez la quería. Le quitaba el dinero porque consumía", explica Rosi, que es ahora la menor de los cuatro hermanos. No en vano, sólo ella y "Susi" están vivos. El que era el pequeño, Fonsito, falleció hace años. María, la mayor de todos, fue acuchillada presuntamente por el arrestado junto a su pareja. "Él llevaba viviendo aquí sesenta años. Primero estuvimos en el Rayo Mercadín, pero vinimos cuando éramos muy pequeños. Todavía no me lo puedo creer", señalaba Rosi López Alonso rota de dolor.
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