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Aragón

25 años del recrecimiento de Yesa: la obra mastodóntica y contestada que no deja de postergarse

El cuarto modificado del proyecto sigue estancado, pendiente de la aprobación del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros. La infraestructura es una de las más "seguras" del país para la CHE, pero el final de las obras no llegará al menos hasta 2031

Desembalse de agua del pantano de Yesa.

Desembalse de agua del pantano de Yesa. / CHE

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Laura Carnicero

Zaragoza
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Se cumplen 25 años de la colocación de la primera piedra de las obras de recrecimiento del pantano de Yesa, un proyecto polémico prácticamente desde el minuto uno y que se encuentra actualmente atascado entre los últimos permisos del último modificado del proyecto, que todavía no puede ver la luz, años después de ser impulsado.

Las cifras que rodean a una infraestructura que impulsó el Partido Popular de Jaume Matas son mastodónticas. Más de 400 millones de euros invertidos para un embalse que pretendía triplicar la capacidad actual de Yesa, de sus aproximadamente 500 hectómetros cúbicos (hm3) a unos 1.500. Y que, desde 2013, se redimensionó a unos futuros 1.000 hm3 no exentos de polémica. Las dudas en torno a la seguridad de la ladera derecha, después de detectarse deslizamientos en 2013, han estado desde entonces entre las preguntas recurrentes al Ministerio para la Transición Ecológica y a la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE).

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Aliviaderos del pantano de Yesa, en una imagen de archivo. / Jesús Dige / EFE

Su actual presidente, Carlos Arrazola, aseguró en su última comparecencia pública en el Senado que «la seguridad de la presa, actualmente, está garantizada». Y fue más allá: «es la presa más observada probablemente de España, tiene una serie de mejoras tecnológicas en cuanto a su seguimiento que no la tienen la mayoría de las presas». Además, los riesgos detectados en el pasado han servido, dijo en esa misma comparecencia, para afrontar las siguientes etapas «aportando una seguridad extra».

Una de las certezas que acompañan, eso sí, a esta gran obra hidráulica, es la capacidad de postergar la fecha de entrega final de los trabajos. En esa última intervención pública, Arrazola confirmó que el proyecto no podrá entregarse, en ningún caso, antes de 2031. «Como el modificado número cuatro supone un periodo de ejecución de 54 meses, hasta que este modificado no se apruebe definitivamente no se puede empezar a contar el plazo», convino. Pero las cuentas son claras. Si el proyecto se aprobara por el Consejo de Estado y por el Consejo de Ministros este mismo mes –algo harto improbable– la finalización del proyecto no se produciría hasta enero de 2031. Eso suponiendo que en el desarrollo de las obras, previstas en esos cuatro años y medio, no se produjeran nuevos sobresaltos.

Muro de protección en la localidad de Sigüés.

Muro de protección en la localidad de Sigüés. / Jesús Dige / EFE

Proyectos pendientes

Además, a la par de la ejecución de ese modificado número cuatro, están por ejecutar los proyectos de afirmación de la ladera, que llevan una tramitación paralela, y que suponen un periodo de ejecución de unos 36 meses. Con todo, defiende Arrazola, ambos proyectos podrían «simultanearse» en el tiempo.

A la compleja tramitación ambiental y política se suma otra cuestión que no es baladí. El Gobierno de España lleva sin aprobar Presupuestos Generales del Estado desde 2023. Sin hacer referencia explícitamente a esta cuestión, el presidente de la CHE recordó también que la ejecución de las obras tiene que ver, directamente, con «las disponibilidades económicas del ministerio». Y dejó claro que el embalse «no se podrá explotar nunca si no está en sus condiciones máximas de seguridad».

Desde el organismo de cuenca insisten en las condiciones de seguridad de la presa. Arrazola recordó los cambios en el proyecto para garantizar precisamente esa seguridad, como el cambio de lugar de los aliviaderos «para mejorar la seguridad geológica, hidrológica e hidráulica»y «el proyecto de mejora de la estabilidad de la ladera derecha que fue la que tuvo deslizamientos en su momento».

Asimismo, recordó que «la ladera se mueve a razón de milímetros al año». Y que con las modificaciones incorporadas, la presa de Yesa estará entre las más seguras de España. «El proyecto de mejora de la ladera y los nuevos aliviaderos da una seguridad que no tendrán muchas presas de España porque será capaz de asimilar una avenida extrema de 10.000 años», concretó.

En cifras

El resumen económico del proyecto de recrecimiento de Yesa supera de largo los 400 millones de euros. Tal y como respondió el Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico al senador Carlos Mulet, en 2022, la obra principal y otros gastos asociados asciende a 368 millones de euros. A saber, 254 millones de euros específicamente por la obra principal del recrecimiento de Yesa, a los que se suman 27 en gastos complementarios del primer modificado; casi 59 millones de euros en expropiaciones de viviendas y terrenos para garantizar la seguridad ante una eventual avenida; casi un millón de euros en intereses de demora; otros 25 millones en actuaciones de emergencias y una partida de «otros», por casi 4 millones de euros.

A estas cifras hay que sumar los 47 millones de euros que suponen las obras de afirmación de la ladera derecha pendientes por hacer. La cuantía total será, por lo tanto, de más de 415 millones de euros.

Yesa abastece 800.000 bocas

A pesar de las dudas que han rodeado al proyecto, desde la CHE insisten en que Yesa está plenamente operativo. Ya abastece a 800.000 habitantes de Zaragoza y sus poblaciones aledañas y su papel como «laminador» de avenidas es incontestable, más en un contexto como el actual de cambio climático, con más episodios tormentosos y danas explosivas.

Asimismo, el recrecimiento de Yesa se concibió para mejorar la garantía de riegos de la comunidad de Bardenas, para liberar parcialmente al embalse de Itoiz y para garantizar la puesta en regadío de nuevas hectáreas de regadío en el canal de Navarra en su segunda fase. También permitirá garantizar los caudales ecológicos en el río Aragón hasta la desembocadura y el apoyo a otros usuarios, como el canal Imperial o el de Tauste, recordó Arrazola.

Pero pasa el tiempo y el proyecto de recrecimiento va camino de alargarse tanto como las obras de construcción de la presa antigua, que comenzaron en 1928 y acabaron en 1959.

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