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Contenidos inapropiados en la infancia

Porno, violencia y autolesiones: los contenidos que llegan al móvil de tu hijo antes de los 13 años

Un estudio de la Universidad Complutense asegura que la mitad de los jóvenes reconocen que empezaron a ver vídeos sexuales y violentos al terminar primaria

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Un menor, con su teléfono móvil, en un parque de Madrid.

Un menor, con su teléfono móvil, en un parque de Madrid. / Alba Vigaray

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Olga Pereda

Olga Pereda

Madrid
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Porno, peleas grabadas, violencia en videojuegos, autolesiones, maltrato animal, zoofilia y formas de suicidio. Entre un 40% y un 50% de los jóvenes de 16 a 29 años admiten que empezaron a ver este tipo de contenidos 'online' a una edad muy temprana: cuando tenían 12 o 13 años. No siempre se trata de una conducta intencional dado que, en el caso concreto de autolesiones o formas de suicidio, casi tres de cada diez afirman que esas imágenes o vídeos les aparecieron de forma inesperada en una red social. Los dos materiales con un acceso más precoz son la pornografía (casi el 20% la vieron antes de cumplir los 12 años) y el contenido violento en videojuegos, visto por el 17% antes de los 12.

Así lo revela ‘Jóvenes y contenidos digitales: pornografía, violencia explícita e hipersexualización’, un estudio elaborado por la Universidad Complutense y la fundación The Family Watch y presentado esta mañana en Madrid. A partir de una encuesta a 650 chicos y chicas de 16 a 29 años residentes en España, el estudio concluye que la exposición a “contenidos digitales peligrosos” ocurre muy temprano, en una etapa vital de alta vulnerabilidad y con supervisión insuficiente en el hogar.

Las investigadoras alertan de que el problema no es solo la exposición a contenidos inapropiados, sino también la normalización

El acceso precoz al teléfono móvil, la baja presencia de controles parentales, la curiosidad adolescente, la presión del grupo y la fácil circulación de contenidos por redes sociales crean un entorno de riesgo, según las investigadoras de la Complutense que han elaborado el informe: Sonia Carcelén, María Galmés, Gema Martínez y Mónica Díaz-Bustamante. Las autoras alertan de que el problema no es solo la exposición, sino también la normalización. La pornografía y los contenidos violentos pueden generar incomodidad, pero están aceptados entre los más jóvenes. Muchos dejan de mirar las imágenes porque les resultan desagradables, especialmente ante violencia extrema, contenido sexual sin consentimiento y maltrato animal. Pero también hay una parte que continúa viéndolo debido, según la investigación universitaria, a la presión del grupo o a la normalización. En el caso concreto de la pornografía, el 26% afirma que siguió consumiendo contenidos similares después de la primera exposición.

Como otros estudios relacionados con el mismo tema, la investigación de la Complutense plantea combatir el acceso temprano a imágenes y vídeos inapropiados con algo que brilla por su ausencia en institutos y familias: educación afectivo-sexual.

Solo el 32% de los encuestados afirma haber tenido algún tipo de control parental en su dispositivo durante la adolescencia

Más de la mitad de los encuestados afirman que tuvieron su primer móvil propio antes de los 12 años o nada más cumplir 12, la edad en la que se deja atrás primaria y se entra en el instituto. Solo el 32% afirma haber tenido algún tipo de control parental en su dispositivo durante la adolescencia. La realidad es que, en la actualidad, muchos controles parentales son farragosos para los progenitores y fáciles de sortear para los chavales. Es bastante habitual que los adolescentes los esquiven para pasar más tiempo con sus dispositivos. La futura normativa de protección digital a los menores aprobada por el Gobierno y actualmente en trámites parlamentarios obligará a los fabricantes a incorporar sistemas sencillos y eficaces en todos los aparatos digitales.

En su habitación

La habitación propia de los hijos e hijas es el lugar donde, según la investigación de la Complutense, se produce el contacto con este tipo de materiales. El contexto privado se da, sobre todo, para los contenidos relacionados con las autolesiones, las formas de suicidio y la pornografía. El móvil propio es el principal soporte de acceso, salvo en la violencia en videojuegos, donde destaca la videoconsola. No es la primera vez que los expertos alertan de estas plataformas. Marina Marroquí, educadora social, especialista en violencia de género y autora de 'Eso no es sexo', aseguraba en una reciente entrevista con este diario que el primer contacto con el porno no es el teléfono, sino la PlayStation. “Las familias no saben que la famosa zapatería del GTA [una saga de videojuegos] es un prostíbulo donde te sale una lista de precios, violas a las mujeres y te llevas la recaudación”, explicaba la divulgara tras recordar que la media para jugar al GTA se sitúa entre los 8 y los 10 años.

El trabajo de la Complutense subraya la relevancia del silencio. El 65% de quienes tuvieron una “experiencia notoria” relacionada con la pornografía no se lo contaron a nadie. En autolesiones o formas de suicidio, el porcentaje se reduce, pero sigue siendo alto: 53%. Las razones más frecuentes son vergüenza, miedo al castigo, temor a ser juzgado, y quedarse bloqueado. Aunque seis de cada diez encuestados afirma que el impacto quedó superado, el 40% reconocen alguna huella actual: el 18% mencionan inseguridades, el 15% señala insensibilización ante determinados contenidos y el 7% reconoce distorsión de la realidad o frustraciones.

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