Entrevista
"Cuando entran en residencias, muchas personas mayores LGTBI vuelven a esconder quiénes son, después de años de libertad"
El responsable del SAI de Figueres aborda los retos de las personas mayores LGTBI y alerta de situaciones de discriminación que todavía afectan al colectivo
El programa por los derechos de las personas mayores en el Alt Empordà incorpora el debate sobre la diversidad sexual y de género coincidiendo con el Día Internacional contra la LGTBI-fobia

Manel Nuez. / Sònia Fuentes
El Servei d’Atenció Integral (SAI) de Figueres, activo desde hace más de cinco años, sigue siendo una figura poco conocida pero clave en la defensa de los derechos del colectivo LGTBI. Su responsable, Manel Nuez, explica el trabajo de sensibilización y acompañamiento que realiza ante situaciones de discriminación todavía presentes en ámbitos como la sanidad, la administración o los espacios públicos, y reflexiona también sobre los retos de la vejez y la necesidad de garantizar un envejecimiento con dignidad y sin renunciar a la propia identidad.
El Servei d’Atenció Integral (SAI) lleva más de cinco años abierto en Figueres. ¿Considera que se conoce lo suficiente?
Todavía es una figura poco conocida. Yo estoy aquí, en el servicio, a jornada completa desde 2023. Como hay mucha gente a la que el tema no le afecta directamente, no les motiva. Buena parte de mi trabajo consiste, precisamente, en hacer pedagogía dentro y fuera de la administración: formaciones, asesoramiento y sensibilización para que las leyes de protección de los derechos del colectivo LGTBI no se queden solo sobre el papel.
¿Cuál es su principal función y en qué interviene?
Las agresiones o delitos de odio siguen un recorrido judicial propio con fiscalía y Mossos d’Esquadra. Lo que llega a menudo al SAI son situaciones de discriminación. Recuerdo, por ejemplo, el caso de dos chicos jóvenes recriminados por darse un beso en un espacio público, en el Parc Bosc. O el de una persona trans que encontró resistencias en la atención sanitaria. Lo que hacemos es activar el circuito correspondiente. En este caso se trasladó al Departament de Salut. Como no había testigos, se consideró que era la opinión de una persona contra otra y se propuso un cambio de médico. Pero sí se recordó cuáles son los protocolos y que la opinión personal no puede justificar negar la atención sanitaria a nadie por el hecho de ser trans. También hay episodios administrativos aparentemente menores, pero reveladores, como el de una pareja de hombres a quienes, años después de la aprobación del matrimonio igualitario, todavía se les entregaba documentación pensada solo para "marido" y "mujer". Son actos discriminatorios, comentarios ofensivos y trabas que transmiten el mensaje de que dificultan los derechos que tenemos. Nuestra intervención pasa a menudo por dialogar, explicar contextos generacionales y recordar protocolos. Muchas veces es cuestión de sensibilización. De hacer entender que la sociedad ha cambiado.
¿Cómo hay que actuar ante esta situación? Con motivo del programa de los Derechos de las Personas Mayores, que arranca en mayo, ¿cómo se abordan estos temas?
Es esencial que iniciativas como el programa por los derechos de las personas mayores incorporen la diversidad sexual y de género dentro del debate público. El reto es entender que las personas mayores no son un grupo uniforme. Hay muchas maneras de envejecer. Y envejecer con dignidad también significa poder seguir siendo quien eres, sin volver a esconderte. En un momento en el que la sociedad redefine qué significa hacerse mayor, creo que es importante poder ser uno mismo sin miedo. Las cosas han cambiado mucho respecto al pasado y se han conseguido avances importantes, pero todavía queda camino por recorrer. Por eso es necesario seguir luchando por el respeto y la igualdad, y para que las personas lesbianas o gais no tengan que justificarse. Cuando yo era joven, todo era mucho más difícil y había mucha invisibilidad. La gente tenía miedo de mostrarse tal y como era. Con el paso del tiempo se han conseguido avances relevantes y hoy hay más derechos y más aceptación social, pero todavía siguen existiendo prejuicios.
¿Se siente vinculado al colectivo de las personas mayores?
Todavía no me siento dentro de este colectivo: estoy en el camino hacia los sesenta y todavía trabajo. Pero mi trayectoria profesional está profundamente vinculada a ello. Durante años trabajé en los servicios sociales municipales, especialmente en el departamento de personas mayores y atención a la dependencia. Aquella etapa coincidió con una experiencia personal determinante: cuidar de mi madre dependiente. De esta experiencia nace también mi interés académico. En un posgrado sobre gestión pública de la ley LGTBI desarrollé un trabajo dedicado al cohousing para personas mayores del colectivo.
¿Y cómo plantearía esta opción, cada vez más demandada también entre las personas mayores?
El concepto de vejez está cambiando profundamente. Hablo de diferenciar entre tercera y cuarta edad. La tercera edad ya no es aquella etapa pasiva que imaginábamos antes. Son personas jubiladas pero con autonomía, con proyectos, con ganas de viajar, bailar o implicarse socialmente. La cuarta edad sería cuando aparece la dependencia y se necesita más apoyo. Este cambio social explica el creciente interés por modelos alternativos de vivienda. Formo parte de este colectivo de personas que planteamos una cooperativa o cohousing de personas afines, un cooperativismo sénior, que centrará una de las charlas incluidas dentro del programa de actos dedicado a las personas mayores. La idea es proponer viviendas pequeñas privadas combinadas con espacios comunes compartidos: comedor, actividades, servicio. Es construir un buen vecindario. Pero yo insistiría en un matiz importante: no debería ser un modelo exclusivo para personas LGTBI. Si luchamos contra la discriminación, no podemos acabar creando guetos. Lo que queremos es vivir con personas aliadas, gente que nos respete, nos quiera y nos valore, y con quien queramos compartir la vida.
Hablamos de una generación que arrastra silencios.
Muchas personas mayores del colectivo LGTBI vienen de una historia marcada por la represión franquista, la criminalización y la invisibilidad social. Muchas sufrieron expulsiones familiares, trayectorias laborales irregulares o no pudieron construir proyectos de vida reconocidos legalmente, y eso tiene consecuencias hoy. Hay personas que llegan a la vejez con menos red familiar o con menos estabilidad económica. El problema se hace especialmente visible cuando entran en residencias o recursos asistenciales, que a menudo siguen siendo espacios muy heteronormativos. Ante esta realidad, muchas prefieren no explicar quiénes son para evitar conflictos o situaciones incómodas, después de años de libertad. Recuerdo casos de parejas que habían compartido toda una vida y que, al morir uno de los miembros o al entrar en un centro residencial, perdieron el reconocimiento de su relación porque durante muchos años no existían derechos legales que las protegieran. Estas historias marcaron un antes y un después y explican por qué hoy es tan importante reivindicar los derechos LGTBI también en el envejecimiento. De todo ello se hablará en una charla el 10 de junio a cargo de Paulina Blanco, de la Fundació Enllaç de Barcelona.
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