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Entrevista

Alexandra Lange, experta en infancia: "Con las pantallas se pierde destreza manual, hay niños que no saben usar las tijeras"

La autora estadounidense recomienda remodelar los patios escolares para huir del asfalto y el plástico, e incorporar madera, agua, piedra y "materiales de verdad"

Alexandra Lange, critica de diseño y arquitectura y autora de 'El diseño de la infancia'.

Alexandra Lange, critica de diseño y arquitectura y autora de 'El diseño de la infancia'. / Mark Wickens

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Olga Pereda

Olga Pereda

Madrid
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Cuando Alexandra Lange (EEUU, 1972) tuvo a sus dos hijos, empezó a entrar en su casa una avalancha de objetos infantiles: juguetes, vajilla, ropa y muebles. Como crítica de diseño y arquitectura, la autora estadounidense no pudo evitar estudiarlos y descubrir la historia que se escondía detrás de cada uno de ellos. ‘El diseño de la infancia’, libro que ahora edita en España Capitán Swing, es mucho más que una historia de juguetes. Es la demostración de que el diseño va de la mano de la pedagogía. Jugar y manipular objetos es una actividad fundamental para el neurodesarrollo de los más pequeños.

–En plena digitalización, ¿sigue siendo buena idea regalar a un niño un juego de construcción?

–No soy del todo antipantallas. Con Minecraft se puede aprender mucho, pero tocar objetos reales te ofrece cosas que no te brinda un dispositivo digital. Separar dos bloques de Lego exige destreza. Algunos profesores dicen que sus alumnos no saben manejar bien unas tijeras, y eso se debe a que no tienen práctica recortando papel. En esta época de pantallas, la destreza manual es un arte perdido, una lección perdida.

"En esta época de pantallas, la destreza manual es una lección perdida, hay profesores que dicen que sus alumnos no saben manejar bien unas tijeras"

–Igual que escribir a mano, ¿no?

–Sí. No hablo de la letra ligada, sino, simplemente, de escribir a mano, que es importante para memorizar. No hemos sido conscientes de la importancia de hacer algo a mano hasta que hemos dejado de hacerlo.

"No soy del todo antipantallas, pero tocar objetos reales te ofrece cosas que no te brinda un dispositivo digital"

–Critica los parques actuales, sobre todo los más modernos, y pide remodelarlos con dos únicos elementos: cajas y arena. ¿Qué se mueve en el cerebro de un niño cuando manipula ambas cosas?

–Cuando vamos a un parque y vemos que hay un equipamiento nuevo y original, elogiamos al diseñador por haber creado algo innovador. Pero en los parques que solo tienen palos, cajas y tierra, el creador es el propio niño. En su cerebro se activa una idea: “Quiero jugar, ¿cómo activo todo esto para hacerlo? ¿Cómo hago que sea divertido con mis amigos?” Es muy diferente lo que ocurre en su cerebro cuando le invitamos a formar parte del mundo adulto y le decimos: aquí tienes un tobogán, puedes subir y bajar las veces que quieras. Si dejas solo a un niño con una pila de cajas acabará reinventando ese tobogán, una experiencia mucho más transformadora que usar el tobogán ya fabricado. Lo construyes, lo rompes, te caes y vuelves a empezar. Ahí estás desarrollando el pensamiento creativo.

"No soy del todo antipantallas, pero tocar objetos reales te ofrece cosas que no te brinda un dispositivo digital"

–Los adolescentes ya no quieren saber nada de parques. ¿Qué hacemos con ellos?

–Muchos seguirían jugando en los parques si estuvieran hechos a su medida e incluyeran, por ejemplo, tirolinas y rocódromos. Los más mayores no quieren instalaciones de colores, que son para los pequeños. Pero, al igual que ellos, los de 15 o 16 años también podrían construir cosas. En lugar de cajas y arena, podrían tener madera, clavos y herramientas, y disponer de un tutor de la actividad. Algunas ciudades tienen un problema porque los chavales se meten en pandillas, pero, si les das cosas que hacer, canalizan su energía así y no rompiendo escaparates.

–Los patios de colegio son un campo de fútbol asfaltado.

–Esas infraestructuras necesitan una reforma de diseño, efectivamente, e incorporar elementos sencillos, como virutas de madera y arena. Los de Nueva York también eran pistas de asfalto y, poco a poco, en ellos se han empezado a plantar árboles y habilitar parterres para disponer de huertos. También se han añadido estructuras para dar sombra porque los colegios no pueden quedarse al margen del calentamiento global. Tocar materiales de verdad es importante a todas las edades. Si los niños solo se exponen a escaleras manufacturadas que siempre tienen la misma altura, cuando se encuentren con un desnivel en un bosque, no sabrán subirlo. Los patios necesitan madera, agua, piedra y materiales de verdad en lugar de asfalto y plástico.

"Muchos adolescentes seguirían jugando en los parques si estuvieran hechos a su medida e incluyeran, por ejemplo, tirolinas y rocódromos"

–Hay escuelas infantiles que carecen de patio exterior y los niños permanecen todo el día en un aula.

–Me parece que son niños encerrados y, lógicamente, no me gusta. Con la cantidad de cosas que se pueden aprender en el mundo exterior y lo mucho que necesitamos la luz del sol, es terrible que pasen tantas horas durante su primera infancia bajo un techo.

–Las familias también tenemos mucho que decir. Usamos el móvil para entretener a nuestros hijos ya estemos en un parque o en un restaurante.

–Creo que esto es una calle de doble sentido. Me explico. Es importante que los padres hablen con sus hijos y lleven juguetes para ellos en la mochila, pero también es vital que el propio juego esté presente en esa cafetería. Los niños pequeños no pueden estar sentados tanto tiempo como los adultos, así que una buena opción son los parques que incluyen un bar para los adultos. Estos días he estado en Madrid Río y he visto muchas cafeterías, pero ninguna está en la zona de juegos infantiles. ¿Por qué no ponerlas juntas?

"Otro aspecto limita la autonomía infantil es la cantidad de tiempo que se pasa en la escuela y el énfasis en los exámenes y en el aprendizaje de libros de texto"

–Los coches y la velocidad son dos grandes enemigos de la infancia en la calle. ¿Alguno más?

—Con los niños y niñas hay muchos miedos infundados, pero este es real. En EEUU siempre hablamos con envidia de las calles y los coches de Europa, más pequeños que los nuestros. La víctima de un atropello a 25 km/h tiene más posibilidades de sobrevivir que una atropellada a 50 km/h. Con más calles peatonales, los niños serían más autónomos e independientes. Otro aspecto urbano que limita la autonomía infantil es la cantidad de tiempo que se pasa en la escuela y el énfasis en los exámenes y en el aprendizaje de libros de texto. Los padres se preocupan por el futuro de sus hijos y los niños tienen cada vez más actividades académicas y no dan oportunidad al aprendizaje a través del juego.

"Muchos niños siguen una especie de horario de trabajo; yo no querría vivir así, y creo que ellos tampoco"

–¿Los chavales también tienen agendas de ministros en EEUU?

–Sí, sobre todo deportes organizados como extraescolares. Básicamente, fútbol. Pero no libre, sino con un entrenador, horarios y entrenamientos. Llegan a casa tarde y tienen que ducharse, hacer los deberes, cenar… y dormir. Es un horario de trabajo. Pero su trabajo es la educación y el deporte. Yo no querría vivir así. Los niños tampoco.

–¿Qué opina de esas oficinas en las que los empleados trabajan sin horario, pero tienen un futbolín y sillones de colores?

–Son diseños divertidos que ocultan el proyecto real de la empresa: que la gente se quede más tiempo en el trabajo. Parece divertido, pero no lo es. El trabajo es trabajo, y el juego, juego.

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