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SAN ISIDRO

Manuel y Nieves aprendieron a bailar chotis durante la pandemia: "Queremos que siga viéndose en la calle"

La pareja de Los Chisperos de Arganzuela aprendió a bailar el chotis de forma autodidacta durante el confinamiento y se ha convertido en un referente de la tradición castiza

Manolo y Nieves, los chulapos que aprendieron a bailar chotis en la pandemia y ahora luchan por darle visibilidad

Manolo y Nieves, los chulapos que aprendieron a bailar chotis en la pandemia y ahora luchan por darle visibilidad / Raquel Serrano

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Madrid
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Mientras medio mundo aprendía a hacer bizcochos o se entretenía con manualidades durante el confinamiento por la pandemia del covid, Manuel y Nieves decidieron llenar el salón de su casa de música castiza y aprender a bailar chotis. Lo hicieron de forma autodidacta, guiados solo por las ganas y la pasión por las tradiciones madrileñas. Seis años después, esta pareja de chulapos se ha convertido en una de las caras más visibles del baile castizo en las verbenas de Madrid.

"Siempre nos habían gustado las verbenas porque vivimos en la Puerta de Toledo y tenemos muy cerca San Cayetano, San Lorenzo, La Paloma y San Isidro. Teníamos el gusanillo, pero nunca nos habíamos atrevido a bailar. Y llegó la pandemia", cuenta Manuel a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA.

"Aprendimos solos, viendo a la gente y practicando mucho", matiza. Quien vea bailar un chotis desde fuera podría pensar que todo consiste en girar sobre un baldosa al ritmo de un organillo. Pero detrás de cada vuelta hay técnica, coordinación y muchas horas de ensayo. Manuel y Nieves lo saben bien. "Tiene mucha técnica. La gente cree que es ponerse a girar y ya está, pero no. Sobre todo la chulapa tiene un papel complicado porque es quien realmente lleva el baile y hace el mayor esfuerzo. Nosotros hacemos más la parte de la chulería", explica. 

Manuel y Nieves posan vestidos de chulapos en la Pradera de San Isidro en Carabanchel

Manuel y Nieves posan vestidos de chulapos en la Pradera de San Isidro en Carabanchel / Alba Vigaray

Entre chotis, verbenas y trajes castizos, esta pareja lucha para que las nuevas generaciones no pierdan el alma popular de Madrid. Pertenecen a la Asociación Chisperos de Arganzuela, fundada en 1988 por un grupo de amigos. El nombre viene de los "chisperos", que no eran electricistas, como mucha gente piensa, sino los herreros que trabajaban antiguamente por la calle Barquillo de Madrid.

Desde entonces, sus vidas giran alrededor de las fiestas populares de la capital. Ensayan durante todo el año pensando en las fechas marcadas en rojo del calendario castizo: San Isidro, San Antonio, San Cayetano, San Lorenzo o La Paloma. Para ellos, el chotis no es solo un baile, sino una manera de mantener viva la identidad popular de Madrid.

"Queremos que el chotis siga viéndose en la calle", asegura Manuel. Por eso participan en cualquier evento en el que puedan dar visibilidad a esta tradición que consideran algo olvidada. "Ha estado un poco dejado por las autoridades, aunque parece que ahora se están implicando más".

Aun así, perciben un renovado interés entre los jóvenes, especialmente entre las chicas. "Les atrae mucho el vestido, los talleres de costura y todo el ambiente castizo. Los chicos somos más cortados", reconoce Nieves, que lleva un traje a medida que puede superar ampliamente los 500 euros.

Detalles de la vestimenta de chulapo

Detalles de la vestimenta de chulapo / Alba Vigaray

La estética castiza de los chulapos

El universo del chotis no se entiende sin su estética. Manuel desgrana con "orgullo" cada detalle de la indumentaria tradicional: la parpusa, la chupa, el chaleco, la camisa blanca o babosa, los alares, los calcetos y los picantes -los clásicos calcetines-. Tampoco faltan el peluco con cadena ni el clavel rojo como símbolo inseparable del chulapo madrileño.

Nieves, como "buena chulapa", también conoce las dificultades del traje tradicional. El mantón añade elegancia al baile, aunque tiene sus inconvenientes. "Los flecos se enganchan continuamente en los botones cuando bailamos. Parece que los buscan solos". 

Entre organillos, verbenas y vueltas de chotis, Manuel y Nieves representan a toda una generación que se niega a dejar morir las tradiciones castizas de Madrid. Por eso, estos días muestran su arte en la Pradera de San Isidro ante la atenta mirada de quienes pasean por allí en busca de las rosquillas o, simplemente, para disfrutar del buen ambiente y rendir homenaje al patrón de la capital.