Diversidad funcional
La familia de una niña con autismo urge al colegio que no "alargue plazos" para la entrada de su perro de asistencia al aula
Leire, de 8 años, estudia en un CEIP en Redondela y tiene asignado un can entrenado para ayudarla a autorregularse
La familia denunció ante Inspección una «negativa encubierta» y teme que las demoras impidan completar la adaptación este curso
Educación reconoce el derecho legal de la alumna, pero asegura que prepara un protocolo con garantías para todas las partes

Leire tiene autismo y necesita ir con su perro de asistencia a su colegio en Redondela: de momento se lo niegan / Jose Lores
Leire tiene ocho años, estudia en el CEIP Plurilingüe de Reboreda, en Redondela, y desde hace meses espera poder iniciar en el colegio la fase escolar de adaptación con «Miel», un perro de asistencia en formación preparado específicamente para acompañarla, para calmarla. Para que sus crisis tengan algo de sosiego, con el sostén de esa pata amiga o al compás de un lametón en la mejilla.
La niña tiene un grado de Trastorno del Espectro Autista (TEA), también TDAH, retraso cognitivo y discapacidad reconocida, según la documentación aportada por la familia y el protocolo técnico elaborado por «Ramalladas», centro de instrucción de perros de asistencia.
«Miel» es un labrador retriever chocolate destinado a apoyo para TEA y regulación emocional, con un programa previsto de tres meses, 15 sesiones y una frecuencia de una o dos sesiones semanales. El objetivo es favorecer la estabilidad emocional de Leire, reducir episodios de ansiedad, facilitar transiciones y mejorar su permanencia en el aula. En un informe médico, una psiquiatra del Sergas recomienda para la menor «la vinculación permanente de un perro de asistencia», según pudo comprobar este medio.
Un derecho reconocido
Sus padres, Alba Rodríguez y Abel Riveiro, no discuten solo el derecho de su hija a contar con ese recurso. Lo que denuncian es el tiempo. «No nos dicen que no, pero tampoco hacen nada», resume Alba. La familia sostiene que el centro y la Administración educativa están dejando pasar las semanas con trámites, consultas y nuevos requisitos hasta poner en riesgo la formación del animal durante este curso. La madre registró una denuncia ante la Inspección Educativa en la que acusa al colegio de incurrir en una «negativa encubierta» y de usar las posibles fobias o alergias de terceros como obstáculo para un derecho que, insiste, «está reconocido por ley».

Leire con sus padres y su perro Miel ante el CEIP de Reboreda donde no le permiten entrar con su perro de ayuda. / Jose Lores
La preocupación tiene también una dimensión económica y emocional. El proceso completo cuesta 14.000 euros. La familia ya ha abonado un primer pago de 3.850 euros y ha organizado rifas, venta de jabones y actividades solidarias para asumir el coste. Pero lo que más les inquieta, dicen, es que Leire vea cómo otros niños con los que coincide en terapia ya están haciendo la adaptación en sus colegios mientras ella sigue esperando. Según la familia, tres centros educativos de Galicia —dos en Ourense y uno en Santiago— ya trabajan con perros de asistencia de este tipo.
No es una mascota: es una herramienta de apoyo
El perro, explican, no es una mascota ni un elemento recreativo. Es una herramienta de apoyo. En casa, según la familia, «Miel» ya ha empezado a cumplir una función clara: ayuda a Leire a calmarse cuando anticipa una crisis. La niña lo busca, lo abraza o permite que el animal se coloque junto a ella hasta que se regula. El informe técnico incorporado al protocolo describe al perro como un «regulador emocional», un «elemento de seguridad» y un facilitador de adaptación al entorno educativo. El mismo documento considera la medida «altamente recomendable», «ajustada a normativa» y beneficiosa para la inclusión educativa.
La cronología que maneja la familia arranca antes de Navidad, cuando asegura que avisó al colegio de que iba a iniciar el proceso. El 29 de enero, la adiestradora Vanesa Arias, responsable del proyecto, remitió documentación al centro. El 3 de febrero se celebró una reunión con el equipo directivo, la orientadora, la tutora, la familia y la instructora. Según la reclamación presentada por Alba Rodríguez, en ese encuentro se explicó el procedimiento que debía ponerse en marcha. El 7 de abril, añade el escrito, se remitió al colegio «toda la documentación»: protocolo de acceso, legislación aplicable e información relativa al proceso de formación.
Educación: "Fue tratado con la máxima inmediatez"
Ahí está uno de los puntos centrales del choque. La Consellería de Educación afirma que está actuando con la «sensbilidad necesaria» y de acuerdo «a la normativa vigente», garantizando que se respeten «os dereitos e deberes de todas as partes implicadas». Según la Xunta, las comunicaciones del centro fueron tratadas «coa máxima inmediatez posible» y las dudas se resolvieron por los servicios jurídicos.
También reconoce el derecho de entrada del perro de asistencia. Asegura que se pidió al centro el diagnóstico de la alumna que acredite la necesidad de contar con el perro, además del certificado de discapacidad ya presentado, así como la intervención del Equipo de Orientación Específico. También requiere un seguro de responsabilidad civil del perro, certificados de la empresa y de la persona acreditada para la formación del animal, y el certificado negativo de delitos sexuales de quien acompañe al perro en el aula. La familia responde que los documentos y permisos que se reclaman ahora «ya fueron trasladados por correo electrónico a la dirección del centro».
FARO contactó con la dirección del centro, que declinó hacer declaraciones sobre el caso y se remitió al procedimiento que «está en proceso de implantación con Inspección educativa».
En la documentación aportada por Ramalladas figuran el protocolo, que incluye además normas de convivencia para el alumnado: no tocar al perro sin permiso, no llamarlo ni distraerlo, no asustarlo ni invadir su espacio de descanso. El documento recalca que se trata de un animal de trabajo y no de un juego.
Integración hasta el 12 de junio
Para la familia, las demoras tienen consecuencias prácticas. El plan técnico preveía una fase previa de comunicación a las familias del alumnado entre el 6 y el 10 de abril, una primera fase de vinculación y seguridad del 13 al 21 de abril, una segunda de exposición progresiva hasta el 5 de junio y una tercera de integración funcional hasta el 12 de junio. En esta última fase se contemplaba ya la presencia completa en el aula y, al final, sesiones de jornada adaptada sin presencia del profesional, con evaluación final del proceso. Nada de eso ha empezado aún, según los padres.

Leire con Miel, su perro de asistencia. / Jose Lores
La familia presentó una reclamación urgente ante la Inspección de Educación en la que pide una resolución expresa que reconozca el derecho de Leire a acudir al CEIP con su perro de asistencia en formación, que se ordene al centro permitir el acceso inmediato del animal con las condiciones establecidas por la adiestradora homologada y que se informe del estado del expediente y de los plazos de resolución.
El punto más delicado se produjo, según la familia, tras una reunión del colegio con otros padres y madres del aula. La madre sostiene que el centro planteó la posible existencia de fobias o alergias a los perros entre otros alumnos sin explicar adecuadamente cómo funciona un perro de asistencia ni las medidas previstas. «Nos han puesto en la diana a nosotros y a nuestra hija», denuncia. El propio protocolo presentado al centro ya contemplaba esa casuística.
Garantías jurídicas
La Consellería añade que la persona profesional que acompañe al perro mientras permanezca en el aula deberá presentar certificado negativo de delitos de naturaleza sexual y firmar un registro de entradas y salidas preparado por el centro. Además, advierte de que el protocolo de la empresa plantea algunas sesiones sin presencia de un profesional, algo que, según Educación, contraviene la normativa estatal. La Xunta invoca el artículo 5.6 del Real decreto 409/2025, que establece que los perros en formación podrán acceder a espacios públicos o privados de uso colectivo siempre que vayan acompañados por su formador o agente de socialización acreditado e identificados de forma visible como perros en formación.
Es decir, Educación no cuestiona el derecho de acceso, pero subraya que debe articularse con garantías jurídicas, organizativas y de convivencia.
La familia replica que esas garantías no pueden convertirse en una carrera de obstáculos. «El curso se acaba», insiste Alba. Para los padres, la adaptación escolar no es un trámite accesorio, sino una parte necesaria del proceso de acreditación y entrenamiento de Miel. El protocolo técnico defiende una incorporación gradual, supervisada y centrada en la persona, con ajustes organizativos como un espacio específico para el perro en el aula, entradas o salidas flexibles, zonas de baja estimulación y coordinación entre equipo docente, familia y técnico del perro.
Entre ambas posiciones, el calendario avanza. Y esa es la urgencia que la familia quiere poner sobre la mesa: que el reconocimiento legal no llegue tarde para una niña que necesita ayuda ahora.
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