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Investigación en 10 países

Un estudio propone convertir minas y canteras en refugios naturales de aves, anfibios y polinizadores

La investigación reclama tener en cuenta el potencial de "islas de biodiversidad" que tienen estos lugares e incluirlos en los planes nacionales de restauración que exige la ley europea de restauración

CLAVES | ¿Qué obligaciones implicará el Reglamento Europeo de Restauración de la Naturaleza?

Una cantera en proceso de restauración.

Una cantera en proceso de restauración. / Galdric Mossoll

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Guillem Costa

Guillem Costa

Barcelona
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Un nuevo estudio plantea una nueva mirada sobre las canteras y las minas, estos lugares que destruyen parte del medio natural y que además a menudo causan contaminación en el aire e incluso vertidos tóxicos en el agua. Si bien la investigación no niega los daños que tantas veces provocan estas instalaciones, sí pone sobre la mesa la posibilidad de que las canteras y minas se conviertan en una especie de islas de biodiversidad.

El estudio, realizado en 10 países, propone modificar los marcos legales y ofrecer más incentivos a las empresas

Esto es posible con los alrededores de canteras aún en funcionamiento, pero sobre todo, se centra en las que están en fase de restauración. En ambos casos, según concluye la investigación publicada por Society for Ecological Restoration Europe (SERE) y que cuenta con participación del CREAF (Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales), hay margen de mejora ecológica en estas actividades necesarias para obtener todo tipo de materiales. Además, el documento propone incluir estos espacios como "prioritarios" en los planes nacionales de restauración que se están redactando para cumplir lo que exige la nueva ley europea de restauración de la naturaleza.

Parte de la investigación realizada en la cantera.

Parte de la investigación realizada en la cantera. / Galdric Mossoll

"Lo más urgente es modificar los marcos legales que afectan a estas explotaciones", considera Vicenç Carabassa, uno de los autores del trabajo. "Ahora, son demasiado poco ambiciosos", especifica. Según su punto de vista, convendría mejorar los incentivos para que las empresas se comprometan a tener en cuenta la naturaleza y también dotar de más herramientas al sector extractivo para que sepan cómo hacerlo, siempre escuchando la ciencia.

Polinizadores, aves y anfibios

Para llegar a estas conclusiones, el estudio ha puesto la lupa sobre más de 500 explotaciones situadas en diez países europeos. El análisis demuestra que estos espacios, pese a que dejan la naturaleza muy alterada, pueden recuperar parte de su valor ecológico si la restauración se adapta a las condiciones concretas de cada lugar y no se limita a una intervención puntual. Es decir, no basta con cerrar una cantera, plantar vegetación y dar el trabajo por terminado: el seguimiento a largo plazo es clave para saber si la naturaleza realmente vuelve.

En canteras en Catalunya ya se han detectado especies como el búho real, el halcón peregrino o la collalba negra

Las antiguas areneras, por ejemplo, pueden acabar formando dunas, taludes y zonas abiertas con vegetación dispersa que resultan muy interesantes para determinadas especies de fauna como los polinizadores. Las charcas que quedan tras la extracción, pobres en nutrientes, pueden convertirse en espacios de cría para anfibios. Y las paredes verticales de arena o roca pueden ofrecer lugares de nidificación para aves, entre ellas especies protegidas como el águila perdicera. A día de hoy, en canteras en Catalunya ya se han detectado especies como el búho real, el halcón peregrino o la collalba negra.

Una de las ideas que plantea el documento es que, en algunos casos, la propia regeneración natural puede ser más útil de lo que se pensaba: "Las antiguas zonas extractivas pueden evolucionar hacia paisajes diversos, con prados, matorrales, pequeños bosques, charcas o zonas húmedas". Esa mezcla de ambientes es precisamente la que puede favorecer la presencia de distintas especies y convertir estos enclaves en "islas de biodiversidad".

Trabajos en la cantera.

Trabajos en la cantera. / Galdric Mossoll

De todas formas, los investigadores insisten en que estas canteras restauradas no deben entenderse como una compensación automática por la destrucción de ecosistemas bien conservados. "No sustituyen a los espacios naturales que ya funcionan, sino que pueden complementarlos", resume Carabassa.

Experiencia en el Garraf

Una de las experiencias que apuntan en esta dirección es la cantera de La Falconera, de roca caliza y explotada por Molins SA, donde un grupo de científicos del CREAF ha desarrollado diferentes proyectos para mejorar las técnicas de restauración. Las zonas más degradadas se han cubierto con suelos artificiales, elaborados a partir de mezclas de tierra, paja y materia orgánica. Y sobre esta base, se han plantado especies vegetales mediterráneas. Este proyecto, cerca del parque natural del Garraf, abre la puerta a transformar otras canteras abandonadas con el mismo objetivo.

Carbassa sostiene que Catalunya parte con "cierta ventaja" en este campo porque ya cuenta con herramientas de seguimiento y restauración basadas en criterios científicos. También existe una red de trabajo entre empresas, administraciones y centros de investigación que ha permitido acumular experiencias de restauración en distintos puntos del territorio. Esto, según los investigadores del CREAF, podría convertir a Catalunya en una especie de "laboratorio vivo de restauración minera" referente en Europa.

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