Atención a la diversidad
La Escola Vila Olímpica de Barcelona, referente de inclusión: "Hay que ofrecer alternativas a los niños que las necesiten"
Para el centro es clave la flexibilidad, que permite que los especialistas -de educación física a música- hagan también actividades específicas para el alumnado 'SIEI', con mayores necesidades de apoyo
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Iolanda Abad, directora, y Elena Girbés, maestra de educación especial de la Escola Vila Olímpica de Barcelona.

El punto de partida es que si un alumno no puede sostener los estímulos que suponen una clase con otros 24 niños, tiene que poder salir y estar bien atendido fuera, ofreciéndole el máximo de oportunidades adaptadas a sus capacidades. Eso y un equipo motivado que cree que la mirada inclusiva debe impregnar todos los proyectos de la escuela -y todos son todos: en el comedor hay trabajadores con discapacidad para normalizar su presencia en todos los espacios- son las claves del éxito del proyecto de la Escola Vila Olímpica, referente en inclusión desde mucho antes de que se introdujeran en las escuelas las SIEI (Suport Intensiu per a l’Escolarització Inclusiva), recurso introducido con el despliegue del decreto de escuela inclusiva del Govern para atender en las escuelas ordinarias al alumnado con más dificultades, que hasta entonces estaba escolarizado en escuelas de educación especial.

Dos alumnos del Vila Olímpica trabajan en un pasillo de la escuela. / Jordi Otix
Partiendo de que ambas comparten la necesidad de más recursos para atender mejor a todo el alumnado, la directora de la escuela Iolanda Abad y Elena Girbés, la maestra de educación especial, defienden -y demuestran en su práctica diaria- que la escuela inclusiva es posible si se cree en ella.
La charla se produce en la bautizada como 'aula de colors'. Era el 'aula SIEI', pero le tuvieron que cambiar el nombre, cuenta, porque creaba confusión, ya que pasan por ella muchos alumnos que no son alumnos SIEI. "Creamos espacios de aprendizaje que llamamos talleres como un pequeño grupo de teatro donde intervienen tanto alumnos SIEI como alumnos con necesidades educativas especiales (NEE) que no son de SIEI e incluso otros alumnos que no son NEE pero que en algún momento les va bien", explica Girbés.
La escuela apuesta por ofrecer alternativas a los niños con más necesidades, como talleres de cocina, de teatro y de música, permeables al resto de la escuela
Cuenta con ilusión el proyecto: "Somos un pequeño grupo de teatro que preparamos durante todo el año una obra y a final de curso la presentamos delante de toda la escuela y eso les aumenta la autoestima una barbaridad, ya que han hecho algo con lo que pueden brillar y los otros les validan y les reconocen, algo que muchas veces es difícil en el aula ordinaria", detalla antes de subrayar que el hecho de que ciertas actividades sean fuera del aula no significa que no sean inclusivas.
"Cuando entro a un aula, no solo llevo a los niños SIEI, llevo al resto de los alumnos que lo necesitan. Estoy modelando todo el rato, siendo un ejemplo para el resto de niños"
Lo mismo sucede en el taller de cocina, un taller donde normalmente participa el alumnado SIEI, pero al que cada semana invitan a otros alumnos para que vean lo que se trabaja allí. O el taller de huerto. Se trata de adaptaciones del currículum, que no solo imparte la maestra de educación especial, conocida en el argot docente como 'mesi'.
Implicación de todo el claustro
"Cuando repartimos el horario, si la maestra de música tiene una hora se la damos a la atención a la diversidad, para que haga un taller. A la de educación física, igual; eso además va bien porque cuando después el alumnado SIEI coincide en el aula con estas especialistas ya las conoce", ejemplifica Abad.

Una docente con dos alumnos en un pasillo de la escuela. / Jordi Otix
Que ofrezcan alternativas no quiere decir que el alumnado SIEI no pase tiempo en el aula ordinaria. "La clave es la flexibilidad", remarcan.
Tenemos un alumno de SIEI que con la codocencia puede estar bien, con las adaptaciones, dentro del aula; pero, en cambio, hay otras criaturas que qué sentido tiene que las tengamos allí dentro todo el rato, y es cuando ofrecemos estos talleres; porque es más funcional para estos niños que puedan ir a comprar, que puedan tocar los ingredientes, y trabajar la lectoescritura a partir de escribir la lista de la compra, algo manipulativo", prosiguen Abad y Girbés.

Iolanda Abad, hace unos días en la Escola Vila Olímpica de Barcelona. / Jordi Otix
"Yo, cuando entro a un aula, no solo llevo a los niños SIEI, llevo al resto de los alumnos que lo necesitan, y estoy modelando todo el rato, siendo un ejemplo para el resto de niños, reconociendo a ese alumno constantemente dentro del aula", señala Girbés, quien recuerda que la diversidad siempre ha existido en las aulas, "lo que pasa es que antes no se sabía o no se le daba importancia", recuerdan.
Antes de tener un SIEI -con 10 plazas, aunque tienen a 11 alumnos- tenían una Unitat de Suport a l’Educació Especial (USEE); alumnos que estaban escolarizados unas horas en la escuela y otras en una escuela de educación especial. "La incorporación de la USEE la votó el claustro, y eso es muy importante, que no fue una imposición; eso ahora con las SIEI no pasa, y es un error", apuntan Girbés y Abad quienes ven ahí uno de los factores que genera rechazo hacia la inclusiva por parte de un sector del profesorado.
"Cada año es como una rifa, a ver cuántas horas de auxiliares me han tocado, y eso en una escuela hace bailar mucho; si este año me dan 25 horas y el año que viene me dan 20, estas cinco horas las tengo que quitar de algún sitio"
"A veces los centros no se sienten preparados", agregan las profesionales, quienes, igual que defienden que hay niños que en algunos momentos de la jornada están mejor en el 'aula de colors' que en el aula ordinaria, defienden también la existencia de las escuelas de educación especial. "Hace falta flexibilidad -reiteran- y para ello necesitamos a profesionales con criterio".

La 'mesi' Elena Girbés en un aula de la Escola Vila Olímpica de Barcelona. / Jordi Otix
En la lista de asuntos a mejorar, Abad destaca la "volatilidad" de las horas de 'vetlladora' (ahora llamadas auxiliares de educación especial). "Cada año es como una rifa, a ver cuántas horas de auxiliares me han tocado, y eso en una escuela hace bailar mucho. Si este año me dan 25 horas y el año que viene me dan 20, estas cinco horas las tengo que quitar de algún sitio. Y eso genera angustia, estrés y malestar", describe la directora de la escuela.
En esa misma línea, Girbés destaca la necesidad de reconocer mejor a esas figuras tan importantes para la inclusión. "Se debería creer más en esa figura y que esas auxiliares estuvieran mejor reconocidas y formadas", zanja.
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