Alerta sanitaria
El patrón de contagio del hantavirus lo "encapsula" en brotes pequeños
Los estudios realizados sobre brotes previos sugieren que este virus se transmite por contacto estrecho través de la saliva, secreciones nasales e incluso la leche materna, así como los aerosoles que se forman al toser o estornudar

Uno de los pasajeros del Hondius observa cómo evacúan a tres pacientes en Cabo Verde. / Efe
Verónica Pavés
Los brotes de hantavirus provocados por la variante de los Andes que se han detectado hasta el momento en todo el mundo siempre acaban "encapsulados". En otras palabras, se limitan a contagiar a un número pequeño de personas, la mayoría de las veces tras haber coincidido durante un largo periodo de tiempo en un espacio cerrado. El mismo patógeno que ha provocado uno de los brotes de hantavirus más mediáticos de los últimos años en el buque MV Hondius, tendrá difícil propagarse hasta convertirse en epidemia y mucho más para convertirse en una pandemia como la que asoló al mundo hace solo seis años. Sin embargo, los epidemiólogos advierten de la necesidad de cortar rápidamente las cadenas de contagio a través de un exhaustivo rastreo de casos para evitar que este virus se pueda "adaptar" a los humanos y aprenda a contagiar mejor.
La variante de los Andes ha provocado 1.200 casos de esta patología en Argentina desde que fuera detectado en 1998 y se ha convertido en endémico en algunas regiones del país sudamericano. Fue, en realidad, en primavera de 1996 cuando el virus evolucionó lo suficiente como para empezar a comportarse de una forma muy distinta.
El cambio se descubrió a raíz de un aumento de casos del síndrome pulmonar por hantavirus (SPH) que había afectado a 26 argentinos y chilenos. El virus, que habitualmente solo se contagia de ratones a humanos, había logrado transmitirse de humano a humano por primera vez en la historia. Todos aquellos pacientes tenían algo en común: habían sido infectados por un hantavirus mutado. Había nacido el virus de los Andes.
La variante de los Andes se descubrió en 1998
Desde que se constatara, mediante secuenciación genética, que el virus que provocado un brote en el crucero de lujo MV Hondius es la variante de los Andes, científicos de todo el mundo han estado rebuscando entre la bibliografía científica disponible en busca de respuestas. Cualquier pequeña pista que ayude a trazar el recorrido que ha seguido el hantavirus desde que logró salir de la Patagonia argentina junto con la pareja de holandeses jubilados.
En condiciones normales, el hantavirus se transmite por el contacto o inhalación de excrementos u orines de las ratas de rabo largo infectadas. "En algunos casos se había visto que al depositar las heces en la arena, estas se secaban y se convertían en aerosoles que podían ser inhalados", destaca Marcelino Hayek, jefe de la Unidad de Enfermedades Infecciosas del Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria.
Sin embargo, cuando el contagio ocurre por la variante de los Andes, la transmisión entre personas se vuelve posible. Según los estudios publicados hasta el momento, dicha transmisión ocurre por contacto estrecho través de la saliva, secreciones nasales e incluso la leche materna, así como debido a los aerosoles que se forman al toser o estornudar. Es decir, también se puede transmitir cuando se comparte el mismo aire durante cierto tiempo.
Un cumpleaños, un funeral y una consulta
En esta búsqueda destaca un brote de la misma cepa que ocurrió entre noviembre de 2018 y febrero de 2019 en la provincia de Chubut, en Argentina. Una sola visita de tres personas distintas a un cumpleaños multitudinario, un funeral y la consulta del médico se saldó con 34 contagiados por hantavirus y once muertes.
De hecho, Abdirahman Khalif Mohamud, portavoz de la Organización Mundial de la Salud (OMS) fue el primero en comparar el brote del barco con el que se dio en este cumpleaños en Argentina en 2018. "Lo que la hace única es la similitud: la concentración de personas en un espacio cerrado", declaró en rueda de prensa.
En este caso se constató que, si bien la introducción del virus había ocurrido a través de un reservorio de roedores, bastó con esas tres personas para diseminarlo a los demás. Todo empezó con una mujer que asistió a un cumpleaños con un centenar de personas más, ahí empieza a sentirse tan mal que se tiene que marchar al cabo de 90 minutos. Sin embargo, antes contagia a almenos cinco personas que estaban cerca de ella y a otra que la saludó.
Uno de esos invitados a la fiesta infectado contagió a su pareja y a otras cinco personas debido a su activa vida social. El paciente murió 16 días después y su pareja presentó síntomas durante el velatorio, donde contagió a otras 10 personas.
Supercontagiadores
El artículo científico que estudió este brote describe, por primera vez, la posibilidad de que no solo el contacto muy estrecho, sino también "la inhalación de gotitas o viriones aerosolizados" puedan haber estado detrás de esta infección. Además, para los autores de este estudio, el suceso puso de manifiesto la existencia de "supercontagiadores", personas con mayor carga vírica capaces de transmitir a más personas en una sola interacción.
"Debemos recordar que fue un cumpleaños que sucedió en un espacio cerrado, que se prolongó durante muchas horas y en el que hubo una convivencia estrecha", resalta el epidemiólogo Amos García Rojas. Como insiste, pese a que el brote dio signos de haber transmitido el virus a través de aerosoles (por el aire), "no hubo casos fuera de estos contextos". Una realidad que, para el epidemiólogo supone que es un virus con "una capacidad de transmisión baja" que se puede limitar rápidamente si se interviene con celeridad en el brote.
Precisamente por esta razón, Mohamud instó a tomar nota sobre la experiencia argentina. "Es necesario implementar medidas como el rastreo de contactos y el aislamiento para romper esta cadena de contagio", recalcó.
Una persona puede contagiar a otras dos
Aunque la ciencia aún lo debate, hasta ahora gran parte de la evidencia científica apunta a que uno de los déficits de los virus más mortíferos –y el hantavirus, con una letalidad del 40%, lo es– es su baja capacidad de transmisión. A día de hoy, el número básico de reproducción (R0) del hantavirus se estima en un 2,12 en espacios cerrados. Esto quiere decir que cada persona tiene potencial para contagiar a otras dos en este contexto. La covid, por ejemplo, tenía un potencial de contagio de casi 3 en su origen, "incluso en ambientes abiertos", tal y como recuerda García Rojas. La enfermedad más contagiosa conocida es el sarampión con un R0 de 12 a 18.
Pese a que el virus es fácilmente controlable –la mayoría de estudios muestra que se reducen los contagios tras poner en cuarentena a los casos sospechosos–, epidemiólogos como Lucas González, insisten en que no hay que dar nada por sentado.
Evitar el salto entre humanos
"No hay que darle la oportunidad de que dé tantos saltos de humano a humano", explica el experto. Y es que, la mayoría de virus tiene la capacidad de adaptarse a los humanos para poder reproducirse más y sobrevivir el mayor tiempo posible en ellos, lo que se denomina adaptación secuencial.
Habitualmente esto lo hacen primero mejorando su transmisión y después reduciendo su letalidad. Sin embargo, como advierte González, "esto último puede ocurrir después de generaciones". Por eso, insiste, "hay que poner freno al virus". Pero, como añade García Rojas, si se toman medidas rápidas "no pasará nada".
Una de las mayores dificultades para poner freno a los contagios es el largo tiempo de incubación de este virus. "En Argentina hemos visto que algunos pacientes tardan hasta 23 días en tener los primeros síntomas", relata Hayek. Este periodo se puede alargar, incluso, hasta los 45 días. El virus, además, en un principio es difícilmente detectable, pues se parece mucho "a una gripe". No en vano, los primeros síntomas suelen ser fiebre y dolor de cabeza. "En este brote también han aparecido las diarreas como síntoma adicional", explica Hayek. En el caso de la variante de los Andes, además, acaba provocando neumonías graves.
Pese a todo, García Rojas llama a la tranquilidad. "Esta situación dista mucho de la que vivimos con la covid", resalta. "Cuando apareció, no sabíamos que era el Sars-Cov-2 (patógeno que provoca la covid) porque la información que llegaba desde China era muy limitada", insiste. El hantavirus no solo se conoce, si no que, además, goza de varios estudios previos para entender su comportamiento y poder tomar las medidas más eficaces para mitigar su impacto en la población.
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