Hallazgo arqueológico
Descubierto en la Vall de Núria el yacimiento prehistórico de alta montaña más importante documentado en los Pirineos: "Pudo ser un campamento minero"
El hallazo, situado cerca del municipio de Queralbs, documenta ocupaciones humanas recurrentes desde hace más de 5.000 años y una de las evidencias más antiguas de explotación de minerales ricos en cobre de Europa
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Durante mucho tiempo se creyó que nuestros antepasados apenas visitaron las cumbres de alta montaña ya que, al ser estos territorios aislados, duros e inhóspitos, solo servían como lugar de paso para los primeros 'sapiens' pero nunca como un sitio donde asentarse. Pero según desvela un equipo catalán de arqueólogos, el hallazgo de un fascinante yacimiento de más de 6.000 años de antigüedad y situado cerca del municipio de Queralbs, en la Vall de Núria, obliga ahora a revisar esa idea y a reimaginar cómo era la vida de los homínidos que caminaron por estas tierras antes que nosotros. Tras una larga y compleja campaña de excavación en pleno corazón de los Pirineos, los científicos anuncian con entusiasmo el descubrimiento de indicios que muestran que esta zona fue protagonista de "ocupaciones humanas intensas y reiteradas a lo largo de milenios" y que hasta pudo ser el hogar de un excepcional campamento minero a más de 2.000 metros de altura.
El hallazgo, publicado este martes en la revista 'Frontiers in Environmental Archaeology', describe "una secuencia arqueológica excepcional" que relata la existencia de actividad en una cima que, hasta ahora, se creía inexplorada por nuestros antepasados. En el interior de la llamada cueva 338, situada en el valle de Freser, los científicos afirman que se han identificado al menos cuatro capas de ocupación. En ellas se han hallado indicios de numerosas estructuras de combustión, abundantes restos de fauna consumida, fragmentos cerámicos, huesos humanos y hasta un conjunto destacado de minerales verdes. Junto a estos materiales aparecieron también objetos de carácter simbólico, como dos colgantes elaborados a partir de una concha marina y de dientes de oso pardo. Todo ello, afirman los arqueólogos, muestran que este lugar no fue solo un sitio de paso sino que fue el hogar de poblaciones prehistóricas durante cientos de años.
Entre los hallazgos destaca la presencia de restos de de malaquita, un mineral que puede procesarse para producir cobre y que indicaría que el lugar fue utilizado como campamento minero
Uno de los aspectos más interesantes del yacimiento es precisamente el hallazgo de minerales ricos en cobre. Los análisis apuntan a que estos materiales eran introducidos en la cueva y posteriormente fragmentados o procesados en su interior, lo que abre la puerta a interpretar el enclave como un primitivo centro de actividad minera. El caso más claro es el descubrimiento de restos fragmentados que parecen ser de malaquita, un mineral que puede procesarse para producir cobre. Los expertos afirman que, de confirmarse esta hipótesis, la cueva 338 se situaría entre las evidencias más antiguas de explotación sistemática de minerales en alta montaña en Europa occidental. Esto, a su vez, reforzaría la idea de que estos territorios desempeñaron un papel mucho más activo en las economías prehistóricas de lo que se pensaba hasta ahora.
Cultura prehistórica
El estudio de este yacimiento, liderado por la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y el Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES-CERCA), también desvela detalles interesantes sobre la cultura prehistórica. Sobre todo a partir del hallazgo de varias piezas de joyería. "El colgante de concha es interesante porque tiene paralelismos en otros yacimientos de Catalunya, lo que sugiere tradiciones compartidas o conexiones entre diferentes comunidades. El colgante de diente de oso es mucho menos común. Esto podría indicar algo más específico o simbólico, posiblemente vinculado al entorno local", afirma el arqueólogo Carlos Tornero, quien ha encabezado los trabajos de excavación.
"El colgante de concha es interesante porque tiene paralelismos en otros yacimientos de Catalunya, lo que sugiere tradiciones compartidas o conexiones entre diferentes comunidades"
El estudio de esta cueva también desvela una clara organización interna del espacio. La distribución de los restos y de las estructuras sugiere que las diferentes actividades, desde el procesamiento de recursos hasta el consumo de alimentos o la producción de herramientas, se realizaban en áreas diferenciadas dentro de la cavidad. Esta ordenación no solo apunta a una ocupación prolongada, sino también a una planificación consciente del uso del espacio, impropia de asentamientos esporádicos o improvisados. "La cueva 338 no era un hogar permanente, pero quienes la visitaban consideraban sus viajes lo suficientemente valiosos como para regresar durante milenios", añaden los autores de este trabajo, que ha contado también con la colaboración de entidades como la Universidad de Granada.
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