Ciencia y salud
Manuela del Caño, neurocientífica: “El reguetón y la música electrónica activan más zonas del cerebro que una sonata de Bach”
La doctora en Neurociencias explica que estos tipos de música, pese a los prejuicios, podrían ser utilizados en terapias relacionadas con el Parkinson para fomentar el movimiento

Manuela del Caño, neurocientífica y cantante lírica. / Cedida

Música clásica, folclórica, electrónica y reguetón. Cuatro estilos, cuatro géneros, muy diferentes sometidos a estudio por un equipo de neurocientíficos con un único fin: intentar demostrar las bondades de la música y, ya de paso, intentar encontrar el género que más zonas del cerebro activa. El resultado, imprevisible, ha generado expectación: el reguetón, pese a prejuicios, activa más zonas que una sonata de Bach. Le sigue la música electrónica.
"Sabíamos que el cerebro se activa prácticamente al completo con la música", explica Manuela del Caño, Doctora en Neurociencias y Directora del Grupo de Innovación Docente de la Universidad de Burgos SINAPSICA, que formó parte del análisis, "pero nos hemos centrado en las regiones más relacionadas con la audición y el movimiento". La experta cuenta la importancia del hallazgo. No es baladí.
"Lo interesante es que cada tipo de música estimula zonas distintas”, explica. Dentro de las áreas vinculadas al movimiento que se observaron, el estudio puso el foco en una región muy concreta: los ganglios basales, estrechamente relacionados con la enfermedad de Parkinson. "Es, digamos, donde se empieza a observar un daño. Está muy relacionada con el control de los movimientos, temblores, todo esto está provocado por fallos en esa región".
De los cuatro estilos, el reguetón, con diferencia, fue la música que más activó esta parte. "Tener una música que estimule específicamente esas regiones podría ser interesante de cara a terapias de movimiento o para intentar fomentar una mejor estimulación que podría frenar la degeneración de algunas enfermedades". El estudio, por ende, pone de manifiesto la idea clave de que cada tipo de música tiene un efecto muy concreto en el cerebro que puede aprovecharse para mejorar patologías importantes.
Los datos, publicados por la revista 'Neuroscience', proceden del análisis de 28 personas sin formación musical sometidos a resonancia magnética, en un trabajo capitaneado por el neurocientífico Jesús Martín-Fernández. "La neurociencia a veces nos confirma cosas y otras nos hace replantearnos ideas preconcebidas", afirma Manuela del Caño. "Y en este caso, el reguetón, una música más constante y predecible, estimulaba mucho más esas áreas relacionadas con el movimiento. Le seguía la música electrónica".
Música que cura
No es la primera vez que se habla del efecto "curativo" de la música. Los científicos indican que reduce el estrés, la presión arterial, mejorar la memoria, aumenta la creatividad y el bienestar emocional. Del Caño lo confirma.
La explicación está en su conexión directa con las emociones. "La música tiene un canal directo desde el oído hasta la amígdala, muy relacionada con las emociones más intensas, las más profundas, que solemos llamar primitivas: la pasión, el amor, el miedo, el terror, la alegría... Es un estímulo que impacta de forma directa en el estado de ánimo", explica. Y añade: "Si no es con música, no tenemos ninguna otra manera de llegar a esas regiones, más que con introductores químicos. Lo maravilloso es que la música lo hace sin efectos secundarios, activando neurotransmisores como la dopamina o el cortisol, que regulan nuestro estado anímico”.
Relevante para el Alzheimer
La música conecta, activa... o desconecta, relaja; según necesidades. Y, además, es memoria. Tiene un papel relevante en enfermedades como el Alzheimer. "Hay personas completamente desconectadas que, al escuchar una canción de su infancia, reaccionan, recuerdan y hasta cantan. La relación entre música y memoria es muy intensa”, señala del Caño. No es casualidad: los aprendizajes ligados a la música se fijan mejor y duran más en el tiempo, incluso cuando otras funciones cognitivas se deterioran.
"Cuando el cerebro está muriendo y las neuronas se están desconectando por estas enfermedades de las que todavía no sabemos la causa, las regiones que controlan, o que contienen la memoria musical, resisten mucho más"
"A veces te preguntas, ¿cómo me puedo yo acordar de la letra de esta canción si soy incapaz de acordarme de lo que hice ayer? Las cosas que aprendemos de pequeños con musiquitas, como las tablas de multiplicar, no se olvidan nunca porque contienen la memoria musical y resisten mucho más. La memoria musical tiene, digamos, un refuerzo muy especial, de manera que cuando el cerebro está muriendo y las neuronas se están desconectando por estas enfermedades de las que todavía no sabemos la causa, lo que vemos es que las regiones que controlan, o que contienen la memoria musical, resisten mucho más".
Más inteligentes
Además, la música, per se, puede modificar el cerebro. Hay datos. Los estudios muestran que los músicos profesionales presentan conexiones neuronales más fuertes, lo que refleja una mayor plasticidad cerebral. “No nacemos con el cerebro que ya tenemos. Durante nuestra vida lo podemos transformar, lo podemos cambiar y la música tiene un efecto enorme en esto. Es una gran potenciadora del desarrollo cognitivo”, apunta Del Caño, que además de científica es cantante lírica.
¿Puede hacernos más inteligentes? Según explica, sí: en los músicos se ha observado que, el cuerpo calloso —la estructura que conecta ambos hemisferios— es más grande, lo que implica más conexiones neuronales y se asocia a un mayor desarrollo cognitivo.
Investigadora, cantante y docente. Manuela del Caño lleva años analizando el impacto de la música en el cerebro. Esta simbiosis la vivió desde pequeña. "Mi padre era violinista, tocaba en la sinfónica de Madrid y mi madre era química, profesora en la universidad". Ella ha llevado los dos roles en paralelo. "Hubo un tiempo en el que me dediqué más a la música y tuve mi propia escuela y enseñaba música a niños pequeños. Después he conseguido juntarlo y mezclar la parte de la neurociencia con la de la música y hacerlo todo uno". Tras años de estudio, afirma que la música impacta, en cualquiera de sus formas.
Insta incorporarla al día a día, igual que el deporte, beber dos litros de agua al día o mantener una buena alimentación. "Basta con unos minutos para cantar, porque todos tenemos voz, o llevar el ritmo con las manos, palmas o cucharas. Tiene efectos increíbles y muy beneficiosos para el cerebro y está al alcance de cualquiera”. La experta deja un último apunte: derribar el “yo no puedo”. “Existe la idea de que la música es cosa de unos pocos, pero todos podemos y debemos hacerla”.
El proyecto pionero que impulsa el desarrollo cerebral de niños a través de la música
La trayectoria de Manuela del Caño,, doctora en Neurociencias, es larga. Empezó investigando el cerebro de las moscas, pasó a ratones y después a cultivos neuronales humanos. Hoy lidera, junto a la Fundación Querer, un proyecto pionero que analiza cómo el entrenamiento musical puede transformar el cerebro de niños con trastornos del lenguaje.
El estudio se ha desarrollado en un centro de educación especial de Madrid de la fundación, El cole de Celia y Pepe, con menores con problemas de neurodesarrollo y de lenguaje. Durante ocho meses incorporaron clases de música a su rutina. "Antes no distinguían un fragmento de un texto hablado al revés, y otro normal. Escuchaban algo, pero no sabían si tenía sentido o no. Tras solo 8 meses de música, sí son capaces", explica sobre este estudio que están a punto de publicar. Las pruebas de resonancia mostraron, además, una mayor conectividad en áreas concretas del cerebro. “Los cambios en solo ocho meses son muy significativos”.
Su lucha ahora es ampliar el proyecto y que todos los niños tengan acceso a ello. "Queremos llegar a más niños y crear una metodología accesible para que pueda aplicarse en cualquier colegio”.
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