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SEGURIDAD VIAL

Uno de cada seis conductores fallecidos en España da positivo en drogas: la mayoría cocaína y cannabis

El consumo de óxido nitroso se erige en una de las nuevas preocupaciones de las autoridades

El 11% de los peatones fallecidos en España en el último año habían consumido cannabis

Deteactor de sustancias probado durante el 'Seminario Internacional sobre conducción bajo los efectos de las drogas’

Deteactor de sustancias probado durante el 'Seminario Internacional sobre conducción bajo los efectos de las drogas’ / Cedida

David López Frías

David López Frías

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Uno de cada seis conductores fallecidos en accidente de tráfico en España (el 16,4%) dio positivo en drogas, principalmente cocaína y cannabis. Este es uno de los datos del último informe del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses que se han abordado en el ‘Seminario Internacional sobre conducción bajo los efectos de las drogas’ celebrado en la Fundación Mapfre (Madrid), que ha contado con autoridades del sector de la seguridad vial de España, Italia, Finlandia o Portugal.

El mismo informe apunta que la presencia de drogas (distintas del alcohol) también se registra en el 11% de los peatones fallecidos. El cannabis es ahí la droga más habitual, en dos de cada tres peatones. Esta realidad se refleja también en el ámbito del control y la supervisión, donde en 2024 se realizaron 122.938 pruebas de drogas, un 20,6% más que en 2023, reflejando una mayor intensidad en la actividad de vigilancia de este tipo de conductas.

Liderazgo de consumo

El evento ha puesto el foco en las drogas distintas del alcohol, el cual, "al ser la sustancia con mayor impacto en la mortalidad vial, requiere un tratamiento aparte", explican desde la fundación. Las dos mencionadas, cocaína y cannabis, son las que más preocupan. Dos sustancias en las que España registra "un liderazgo del consumo", explica Juan Carlos González Luque, jefe de la Unidad de Apoyo de la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas del Ministerio de Sanidad.

Sobre el cannabis, advierte de la "baja percepción de riesgo del conductor al consumirlo". Un peligro corroborado por otro de los ponentes, Eduardo Sánchez, voluntario en la asociación P(A)T (Prevención de Accidentes de Tráfico) tras haber causado un accidente mortal en Castellón tras haber fumado cannabis y haber pasado por prisión.

Sobre la cocaína, González Luque avisa de que "está subiendo el consumo de riesgo". "En 2015 era del 4,7%, en 2024 ya ascendía al 17,3%", añade. Señala como consumo de riesgo aquel volumen de ingesta de sustancia que puede deteriorar las capacidades para conducir.

La sorprendente incorporación a la lista de sustancias que preocupan a las autoridades viales es el óxido nitroso: el gas de la risa, que va envasado en pequeños bidones: "Hay jóvenes que han cambiado el botellón por la bombona", señala González Luque, quien alerta de que es otra sustancia que altera las condiciones del conductor. Durante el seminario, los participantes han podido testar un detector real de sustancias.

23 medidas

El acto ha servido para presentar una hoja de ruta de ámbito continental, con 23 medidas para reducir el impacto de las drogas en la seguridad vial. Se trata de un documento impulsado por la Fundación Mapfre y el Consejo Europeo de Seguridad en el Transporte (ETSC), con el apoyo de instituciones públicas y privadas, expertos nacionales e internacionales, entidades de prevención y asociaciones de víctimas de toda Europa.

Las medidas se centran, en primer lugar, en la prevención y la educación, con campañas en escuelas, autoescuelas y entornos laborales, y mensajes claros sobre los riesgos del consumo de drogas al volante (incluido el cannabis, la mezcla de sustancias y los psicofármacos). También se propone ir más allá de la simple información, utilizando microcreadores locales y estrategias de presión social para cambiar comportamientos.

Conductores de riesgo

El segundo eje clave es el refuerzo del control y del marco legal. Destacan la implantación de pruebas aleatorias de saliva, el aumento de controles en momentos de riesgo y la mejora de medios y formación policial. Además, se plantea avanzar hacia una tasa 0,0 y endurecer el sistema con límites a la recuperación del permiso y un seguimiento más estricto de los infractores.

Por último, se apuesta por un enfoque más amplio basado en la rehabilitación, la coordinación y los datos: programas para conductores de riesgo, tratamientos y derivación a servicios de salud, junto con una mayor colaboración entre tráfico y sanidad. También se busca mejorar la recogida de datos, la investigación y los procedimientos para hacer más eficaz la detección y sanción.

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