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Acción simbólica

Los científicos cuestionan plantar árboles en las zonas afectadas por incendios: "La mayoría de ellos morirán"

Los investigadores reclaman reorientar las actividades de reforestación, como la realizada en los municipios de Xerta y Roquetes tras el incendio del verano pasado en el Baix Ebre

Los expertos piden hacer pedagogía sobre cómo se recupera realmente un ecosistema quemado

Los bosques tardan más tiempo en recuperarse tras un incendio por el cambio climático: "Es bueno para la biodiversidad"

Las tareas de extinción de los bomberos durante el incendio de Paüls.

Las tareas de extinción de los bomberos durante el incendio de Paüls. / Jordi Otix

Guillem Costa

Guillem Costa

Barcelona
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Nueve meses después del incendio que calcinó más de 3.000 hectáreas de superficie agrícola y forestal en el Baix Ebre, en el entorno de municipios como Paüls, Xerta y Roquetes, una treintena de personas participaron el pasado domingo en una plantación solidaria de árboles en uno de los barrancos afectados por el fuego. La iniciativa, impulsada por los ayuntamientos de Roquetes y Xerta, reunió a familias y vecinos que llegaron en bicicleta para plantar un centenar de encinas en la zona.

La acción, de pequeño formato y con un fuerte componente simbólico, no supone un gran problema para el ecosistema y confirma una reacción muy habitual tras la devastación causada por el paso de las llamas. Sin embargo, los expertos subrayan que plantar árboles no suele ser una buena respuesta ecológica después de un incendio forestal, especialmente en los bosques mediterráneos, pese a la sensación que a menudo tiene la ciudadanía sobre la necesidad de recuperar el verde del paisaje.

Actividad de plantación de encinas en Xerta y Roquetes.

Actividad de plantación de encinas en Xerta y Roquetes. / Ariadna Escoda / ACN

"La prioridad no ha de ser correr a reforestar, sino analizar qué está sucediendo sobre el terreno y, a partir de la situación, determinar si hace falta alguna acción de restauración o no", afirma Josep Maria Espelta, investigador del CREAF (Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales). Sobre el caso del Baix Ebre, Espelta señala que en la comarca ya hay "condiciones muy favorables para una recuperación rápida". La presencia de semillas y piñas de los árboles quemados, junto con las lluvias de los últimos meses, hace que el ecosistema disponga de recursos propios para iniciar la regeneración. Y más sin una gran abundancia de herbívoros, que facilitaría la transformación de lo que un día fue bosque en un claro.

Condenados

Espelta está convencido de que plantaciones como la del pasado fin de semana en Xerta y Roquetes nacen de "una buena intención". No obstante, asegura que no responden necesariamente a una necesidad ecológica inmediata. "Es una acción bienintencionada, pero innecesaria: la mayoría de las encinas plantadas, con el calor del mes de mayo, morirán", afirma el investigador especializado en bosques. Muchos de estos árboles jóvenes, sostiene, están "condenados" si no cuentan con las condiciones adecuadas de humedad, protección y seguimiento.

La idea no es desautorizar las actividades vecinales ni desmovilizar a la ciudadanía, sino aprovecharlas mejor. Según Espelta, tras un incendio lo primero que debería hacerse es evaluar el riesgo de erosión y aplicar medidas correctoras si se considera necesario. Luego, se recomienda esperar un par de años para observar cómo evoluciona la regeneración espontánea, que en el caso del pino suele ser muy rápida, aunque menos de lo que solía serlo décadas atrás. "Solo si el bosque no progresa, entonces tendría sentido estudiar intervenciones más activas", plantea. Además, en el perímetro del fuego de Paüls ya se han observado signos de una recuperación que jamás es inmediata.

El investigador insiste en que los bosques mediterráneos están adaptados al fuego y que muchas especies tienen mecanismos para rebrotar después de un incendio. Algunas lo hacen desde la base o las raíces, mientras que otras germinan a partir de semillas que quedan en el suelo o se liberan tras las altas temperaturas.

Idea errónea

"Tenemos muy instalada la idea de plantar árboles después de un incendio", dice Espelta. "Pero sería interesante hacer pedagogía sobre todo lo demás", sugiere. En concreto, propone transformar las tradicionales plantadas en actividades de observación y aprendizaje sobre cómo se recupera una arboleda: "Los participantes podrían aprender a identificar rebrotes, reconocer semillas, entender qué especies vuelven primero u observar cómo cambia el suelo y el paisaje". Se trataría, en definitiva, de reorientar la actividad, pero sin abandonar la implicación ciudadana.

Paisaje heterogéneo tras los incendios de Òdena.

Paisaje heterogéneo tras los incendios de Òdena. / Galdric Mossoll

Uno de los aspectos de debate es el futuro de estos terrenos, puesto que no todos los espacios calcinados están obligados a ser otra vez un bosque cerrado. "En algunas zonas, por razones de biodiversidad, prevención de incendios o mantenimiento de la actividad agraria, puede ser una buena opción conservar espacios abiertos que se han perdido por el avance del bosque y la desaparición del mosaico tradicional que combinaba masas forestales, pastos, cultivos y claros", resume.

El refuerzo de este paisaje mediterráneo diverso, en el que conviven bosque, agricultura y espacios abiertos, es uno de los objetivos conjuntos que la Generalitat aspira a alcanzar en los próximos años. Meses atrás, de hecho, se puso en marcha una estrategia conjunta entre bomberos, Departament d'Agricultura y Departament de Territori para favorecer la presencia de estos hábitats. Se trata de lugares de "discontinuidad vegetal" que pueden ser imprescindibles para frenar un gran incendio, a la vez que potencian la presencia de especies de mariposas, insectos, aves y pequeños mamíferos en declive que estaban muy ligados a este tipo de paisaje.

Otra de las cuestiones "mal entendidas", expone Espelta, es la urgente retirada de árboles muertos que se suele llevar a cabo tras los incendios. "En según qué lugares aislados en los que su caída no supone un riesgo, es importante no extraerlos del bosque, ya que su papel ecológico es protagonista para muchas aves e insectos", zanja.

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