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Gente con historias

Madre, profesora de inglés y ultrafondista: «Poner el cuerpo al límite compensa y para mí es un estilo de vida»

Jacky Camós, en Girona.

Jacky Camós, en Girona. / Marc Martí Font / Diari de Girona

Jordi Roura

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Hay personas que un día empiezan a correr para ponerse en forma y acaban descubriendo un mundo que les cambia la vida. Jacky Camós es un ejemplo extremo. Tiene 55 años, vive en Girona, es madre de tres hijos y trabaja como maestra de inglés de Primaria en la escuela Pompeu Fabra de Salt. Hace 11 años empezó a introducir cambios en su alimentación, perdió peso e incorporó el deporte a la rutina. Lo que entonces parecía un giro de hábitos ha acabado convirtiéndose en una manera de vivir. Hoy compite en triatlones de larga distancia, en pruebas de ultrafondo y ya sueña en un reto que parece reservado a una minoría: un decaultratriatlón, tan sencillo como 38 kilómetros de natación, 1.800 de bicicleta y 10 maratones seguidos, 422 kilómetros corriendo.

Los inicios, sin embargo, fueron mucho más modestos. Camós recuerda que antes corría de manera intermitente, «dos meses sí y cuatro no», y se movía en distancias como los 10 kilómetros. Con el tiempo, aquel interés fue tomando forma hasta que decidió ponerse un objetivo que hacía tiempo que le rondaba por la cabeza: completar un 'half Ironman'. Lo consiguió y, lejos de quedar satisfecha, aquello le despertó todavía más hambre. En 2017 hizo el Ironman de Barcelona. Pensaba que sería una experiencia única, pero aquel reto solo había plantado la semilla de lo que vendría a continuación.

Al año siguiente hizo dos más. Y todo, explica, entrenando «a mi bola», sin preparador y organizándose ella misma las sesiones. Fue entonces cuando descubrió que todavía había otro peldaño, más exigente y desconocido: el ultratriatlón. En 2022, después de la pandemia, fue a competir a Austria, en una prueba reservada solo para los más valientes, y se estrenó en la doble larga distancia: 7,6 kilómetros nadando, 360 en bicicleta y 84,4 corriendo, el equivalente a un doble maratón. «Mientras corría pensé que nunca más», admite. Pero el año siguiente ya estaba haciendo una triple distancia. Después han llegado un quíntuplo y dos triples más.

En paralelo, también descubrió el ultrafondo a pie. Empezó casi como complemento para entrenar la fatiga nocturna, con una carrera de 12 horas en Barcelona. Pero allá encontró otro universo donde también se sentía cómoda. Después vino una prueba de 24 horas en Burjassot, en València, y desde entonces se ha ido adentrando en las carreras de resistencia. «Sin ser superbuena, voy haciendo», resume. Para ella, en estas disciplinas hay que tener capacidad física, pero sobre todo mental. Es aquí donde sitúa una de las claves de su rendimiento.

De otro planeta

Una de las últimas muestras de esta resistencia la ofreció a finales de marzo, en Italia, en un campeonato del mundo de ultramaratón de 48 horas. La prueba consistía en correr de manera continuada en un circuito de 1.400 metros y administrar las pausas como cada cual considerara. El objetivo era simple y brutal a la vez: recorrer la máxima distancia posible en dos días seguidos. Camós acabó tercera de su categoría, de 55 a 59 años, con un total de 232 kilómetros. Había siete participantes en la competición. A partir de las primeras 24 horas empezó a tener náuseas, pero continuó. «Tú decides si paras», explica. Por la noche hizo muy frío, pero las condiciones eran las mismas para todo el mundo. La última, el fin de semana pasado, sí que es de otro planeta: half de Deltebre sábado (1,9 kilómetros nadando, 86 en bicicleta y 20 corriendo) y maratón de Zaragoza el día siguiente. Y encima en el half fue tercera.

Su día a día, mientras tanto, dista mucho el de una deportista profesional. Trabaja de 9 a 5 y define su organización como un auténtico Tetris. Se levanta pronto para entrenar o pone sesiones al atardecer, entre la salida del trabajo y la cena. El fin de semana reserva espacio para las tiradas largas, sobre todo de bicicleta. Nada dos veces por semana en Salt con un entrenador, y el resto se lo administra ella: fuerza en el gimnasio o en casa, bicicleta en el exterior o estática, y cada día alguna actividad entre correr, andar, movilidad o flexibilidad. «Lo que hago es hacer algo cada día», dice. La constancia, en su caso, no es un lema sino una práctica cotidiana.

El deporte ya forma parte de su equilibrio. «Totalmente, compensa», asegura. Ante quien le dice que pone el cuerpo al límite, ella responde con naturalidad: es un estilo de vida. Además, subraya la importancia del entorno. Se siente rodeada de gente que hace retos todavía más extremos y cree que esto también le ha ayudado a crecer. Reivindica la idea de encontrar una «tribu», personas con una energía parecida y capaces de alimentar la motivación. «Ahora estoy rodeada de mi tribu», explica.

Más allá de los entrenamientos y las competiciones, hay otro punto de inflexión que ella destaca: el cambio alimentario. Asegura que no sabe exactamente cómo hizo aquel giro, pero sí qué modificó. Redujo los hidratos, dio más peso a la fruta, la verdura y la proteína, y empezó a tener mucho más cuidado con la calidad de lo que comía. No habla de prohibiciones, sino de equilibrio. «No he dejado de comer nada; he medido las cantidades. Y si me apetece dulce, me lo permito», resume. La clave, dice, es ingerir cantidades adecuadas y alimentos con buen valor nutricional.

Fuerza de voluntad

Mirando atrás, lo que más la sorprende no es tanto haber llegado a competir en ultratriatlones o carreras de 48 horas, sino haber descubierto en ella misma una fuerza de voluntad que desconocía. «No sabía que tenía esta ‘will power’, esta fuerza de voluntad y esta disciplina; me ha sorprendido de mí misma», admite. Quizás aquí hay el verdadero nudo de su historia: la de una mujer que no venía de un pasado deportivo extraordinario, pero que ha ido construyendo una versión de ella misma capaz de resistir mucho más de lo que habría imaginado.

Y todavía no ha acabado. Después de los éxitos del fin de semana pasado continúa evolucionando. En verano volverán los ultratriatlones. También tiene en el calendario pruebas de ultrafondo y otro gran objetivo en mente. Su sueño es completar un decaultratriatlón: 38 kilómetros de natación, 1.800 de bicicleta y 10 maratones seguidos, 422 kilómetros corriendo. Un formato continuado que acostumbra a dar dos semanas de margen para llegar hasta el final y que casi no se disputa por aquí. Para muchos, solo de escucharlo ya da vértigo. Para Jacky Camós, en cambio, es la próxima frontera.