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Más formación

Los bomberos revisan su formación en rescates acuáticos ante el aumento de temporales y riadas

Interior incorporará "más exigencia" en el nivel de natación en las pruebas de acceso al cuerpo

El cuerpo organiza unas jornadas em Amposta para adaptar los efectivos a la nueva realidad

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Bombers de la Generalitat en una operación de búsqueda de una persona desaparecida al ser arrastrada por una riada en Sant Quintí de Mediona

Bombers de la Generalitat en una operación de búsqueda de una persona desaparecida al ser arrastrada por una riada en Sant Quintí de Mediona / Zowy Voeten

Guillem Costa

Guillem Costa

Barcelona
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Los bomberos se preparan para enfrentarse al nuevo escenario climático. La combinación de danas y temporales, con sus correspondientes riadas e inundaciones, obligan a revisar el modelo de respuesta a la hora de abordar rescates acuáticos. "El diagnóstico nace a partir de una inquietud operativa del cuerpo, ante el aumento de actuaciones de este tipo y ante su complejidad técnica", resume Oriol Pellisa, subinspector de Bombers de la Generalitat, en conversación con este diario. Para adaptarse al reto, los bomberos han organizado unas jornadas en Amposta (Montsià) en las que mandos y especialistas analizan cómo se puede mejorar la capacidad de rescate en el agua.

A día de hoy, los bomberos cuentan con especialistas subacuáticos altamente preparados y capaces de realizar maniobras complejas bajo el agua. Pero el subinspector advierte de un desequilibrio: "Siempre se ha puesto mucho el foco en lo que pasa bajo el agua, en operaciones ideadas para recuperar un cadáver, y menos en los rescates acuáticos en superficie, que es donde se juegan los primeros minutos críticos de un ahogamiento". El buceo especializado es fundamental en determinadas intervenciones como las recuperaciones de cuerpos, pero no resuelve la urgencia inmediata de mantener con vida a una persona que todavía puede ser rescatada en plena inundación.

"Siempre se ha puesto el foco en lo que pasa bajo el agua, en operaciones para recuperar cadáveres, y menos en los rescates acuáticos en superficie, que es donde se juegan los primeros minutos críticos de un ahogamiento"

— Oriol Pellisa. Subinspector de Bombers de la Generalitat

Bombers de la Generalitat en una operación de búsqueda de una persona desaparecida al ser arrastrada por una riada en Sant Quintí de Mediona

Bombers de la Generalitat en una operación de búsqueda de una persona desaparecida al ser arrastrada por una riada en Sant Quintí de Mediona / Zowy Voeten

Según Pellisa, los Bombers aún tienen "margen" para reforzar sus conocimientos en este segundo ámbito. En ese tipo de emergencias, la prioridad es sacar de manera urgente las vías respiratorias del agua y ventilar a la víctima lo antes posible. Es decir, lograr que la cabeza y la nariz queden fuera del agua en el menor tiempo posible. "Ese principio obliga a repensar no solo los medios, sino también quién debe intervenir y con qué preparación", constata el subinspector.

Escala local

Uno de los puntos de debate de las jornadas que han empezado este miércoles y que se alargarán hasta el viernes es cómo se debe organizar la respuesta de los bomberos ante episodios de riadas. Pellisa considera que la fórmula óptima debe encontrar un punto intermedio entre las capacidades disponibles y las posibilidades reales de despliegue en el territorio. "Una opción es implementar servicios muy especializados en zonas de playa o en parques de bomberos cercanos a ríos o lugares inundables", sugiere. Francia, por ejemplo, tiene un conjunto de especialistas en áreas de riesgo.

No obstante, avisa de que no se puede depender de un pequeño grupo de expertos: "Los bomberos generalistas tienen que incorporar estas capacidades". "Tenemos especialistas subacuáticos que hacen virguerías, pero nos faltan especialistas en superficie porque lo hemos trabajado poco", insiste Pellisa. Tanto el Departament d'Interior i Seguretat como la dirección de Bombers están convencidos de que el ámbito acuático ha dejado de ser "complementario" para convertirse en un "eje estratégico".

Pruebas de acceso

En este aspecto, se plantea no solo ofrecer más formación y más material, sino también cambiar las pruebas de selección de la plantilla. "Si se invierte en material y cursos pero no se cuenta con una buena base, el margen de mejora es limitado", expone Pellisa. "No hay duda de que un bombero es un excelente rescatador, ¿pero estamos escogiendo a los mejores nadadores?", se pregunta. El subinspector subraya que la natación será más exigente y ganará peso en las pruebas de acceso y selección. "Además de gastar dinero en prácticas constantes, entrenamiento continuado y equipamiento, necesitamos disponer de las mejores semillas", detalla.

Este cambio no implica renunciar al perfil generalista del bombero, sino adaptarlo a una realidad operativa distinta. El objetivo sigue siendo contar con profesionales solventes en todos los ámbitos, pero al mismo tiempo avanzar hacia una mayor especialización de algunos efectivos para que puedan alcanzar un nivel excelente en rescate acuático, especialmente en superficie. Ahí es donde el cuerpo detecta ahora una necesidad más acuciante y donde entiende que deberá concentrar parte de sus esfuerzos en los próximos años.

A todo ello, hay que sumarle la necesidad de mantener los dispositivos acuáticos siempre preparados, puesto que el rescate acuático no se sostiene solo con teoría y capacitación, sino con una preparación mantenida. "Es un desafío de gran magnitud pero estamos convencidos de que es imprescindible afrontarlo ante una crisis climática que no solo conlleva sequías sino también mucha agua", defiende.

Clima y exposición

El contexto climático aparece como un factor de presión añadido, pero no como el único peligro. Pere Quintana, miembro del Observatorio de la Inundabilidad de la Generalitat, advierte de que el objetivo debe ser evitar pérdidas materiales y humanas en un panorama con más probabilidad de riadas. "Vendrán tormentas que no hemos visto hasta ahora, pero hay que tener en cuenta que inundaciones hemos tenido siempre", apunta. "El factor principal no es el clima, sino la exposición y la vulnerabilidad", opina. "Y nos hemos expuesto más de lo que tocaba", añade en referencia a las construcciones en territorio anegable.

"Sabemos que vivimos en zonas inundables, pero parece que hemos ido perdiendo esa memoria y seguimos ocupando espacios que no deberíamos", alerta el investigador. Aun así, pese a que apuesta por replantear el urbanismo y las medidas preventivas ("que todo el mundo sepa qué hacer y qué no hacer cuando hay un aviso por lluvias torrenciales"), aplaude la propuesta de los bomberos: "Es esencial que el cuerpo reaccione y se prepare para responder mejor ante inundaciones, pero ellos son la última línea de defensa y el resto de medidas tienen que venir de más arriba".

Quintana reclama cambiar la cultura del riesgo, mejorar la ordenación del territorio y reforzar los sistemas de aviso. También recuerda la importancia de devolver espacio a los ríos y preservar llanuras de inundación que ayuden a laminar las crecidas. "En una sociedad mejor preparada, la ciudadanía sabría cómo actuar y las autoridades contarían con protocolos más sólidos, de modo que la intervención de los bomberos sería menor", zanja.

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