Problema social
Mil ochocientos pacientes al año "viven" en los hospitales de la Comunitat Valenciana porque se niegan a coger el alta
Los ingresos por causas sociales se triplican y suponen un 15 % del total
En zonas turísticas hay casos de extranjeros que nada más salir del centro vuelven al triaje

Pacientes en una habitación en un hospital de la provincia de Alicante / Alex Domínguez
Hay pacientes que no caben en un diagnóstico. En los hospitales, cada vez con más frecuencia, aparecen casos que desbordan los márgenes de lo estrictamente clínico: personas que permanecen ingresadas no tanto por una enfermedad activa, sino porque no tienen adónde ir. Según estimaciones de profesionales sanitarios, en el conjunto de hospitales de la provincia de Alicante —desde los grandes centros hospitalarios como el Doctor Balmis y el General de Elche hasta los comarcales como el de la Vega Baja o los costeros como los de La Vila y Torrevieja— en torno a 600 pacientes al año ocupan una cama pese a tener el alta médica. En toda la Comunitat Valenciana la cifra puede superar los 1.800.
Son personas que ya no necesitan tecnología hospitalaria ni atención médica especializada, pero que no pueden, y en muchos casos, no quieren salir del hospital, negándose a coger el alta, porque carecen de recursos, apoyos o un entorno adecuado con familiares que no se hacen cargo o que consideran que están mejor cuidados en el hospital, que paga la cama (700 euros al día), la comida, la ropa, los cuidados...
Estos pacientes ocupan plazas destinadas a personas que enferman. Se dan casos, como ha ocurrido en Canarias, en que tiene que intervenir la Policía y el juzgado para que finalmente se marchen. Sobre todo son pacientes de Medicina Interna, donde se tratan enfermedades como diabetes, hipertensión, infecciones, enfermedades autoinmunes y problemas cardiorrespiratorios, aunque también personas operadas de cadera que no quieren irse a casa. Multiplicando el coste de una cama todo el año por el número de pacientes que las ocupan sin que sea necesario el gasto en la provincia se superan los 150 millones de euros y en la Comunidad los 450 millones.
El coste para el sistema de este perfil de usuarios puede superar los 150 millones de euros
Pocos recursos
Es una cifra difícil de oficializar, que los profesionales consideran realista y creciente. El fenómeno no es nuevo, pero se ha intensificado en los últimos años. El aumento de la esperanza de vida, el envejecimiento de la población y la mayor prevalencia de enfermedades crónicas han incrementado la necesidad de cuidados continuados. Sin embargo, los recursos sociales —residencias, atención domiciliaria, apoyos comunitarios— no han crecido al mismo ritmo.
A esto se suma un contexto social cada vez más complejo: familias más pequeñas o dispersas, mayor precariedad económica para cuidar a los mayores o preparar hogares adecuados y un aumento de la soledad no deseada. El resultado es un escenario en el que el hospital termina absorbiendo problemas que no son estrictamente sanitarios y que agravan la saturación hospitalaria. «Hay pacientes que ingresan por un problema médico, pero en realidad lo que hay detrás es un problema social que ha acabado manifestándose como enfermedad», explican fuentes sanitarias. «A veces se trata de una familia agotada que ya no puede hacerse cargo; otras, de abandono; en muchos casos, simplemente de la ausencia de alguien que sostenga lo cotidiano».
Desde la experiencia clínica, los especialistas sitúan en torno a un 5% los ingresos en los que el componente social es evidente. Sin embargo, esa cifra convive con una percepción mucho más amplia. «Hay días en los que la sensación es que son muchos más», reconocen especialistas de Medicina Interna de distintos hospitales. Los estudios disponibles apuntan a cifras cercanas al 8%, pero los propios profesionales advierten de que esos datos se quedan cortos. El motivo es estructural: el sistema sanitario registra enfermedades con precisión, pero apenas recoge las condiciones sociales que las rodean. Solo entre un 5% y un 10% de pacientes recibe una valoración formal por parte de Trabajo Social y se estima que solo una minoría de estos factores queda reflejada en la historia clínica.
Hay comunidades en las que ha intervenido la Policía para «expulsar» a personas que ocupan camas
Infradiagnóstico social
Sin embargo, cuando esa evaluación se realiza de forma sistemática, las necesidades detectadas se multiplican. Es lo que los expertos definen como infradiagnóstico social. «Vemos solo la parte visible», explican las fuentes. «Basta con ir un poco más allá del motivo de ingreso -preguntar por el entorno, por los apoyos, por la vida fuera del hospital- para que aparezcan factores como la soledad no elegida, la pobreza energética, la falta de accesibilidad en la vivienda, la dependencia no atendida o discapacidades que dificultan la relación con los demás». Si se incorporan estos elementos, apuntan que el problema deja de ser marginal, y se sitúa ya en el 15% de los pacientes hospitalizados, el triple que hace unos años.
Aunque la problemática es común a todo el sistema, adquiere matices diferentes según el tipo de hospital. En los grandes, el volumen de pacientes y la presión asistencial hacen más visible el impacto: camas ocupadas durante días, semanas y hasta uno y dos meses por personas que ya no necesitan cuidados hospitalarios, lo que dificulta la entrada de nuevos pacientes con patologías agudas.

Camas en los pasillos del Hospital de La Vila, que está saturado y que tiene también pacientes que no quieren el alta / INFORMACIÓN
En los hospitales ubicados en zonas costeras el fenómeno se agrava por otros factores. En enclaves turísticos como Benidorm o su área de influencia, a los que corresponde el Hospital de La Vila Joiosa, confluyen población local, residentes extranjeros y una elevada movilidad internacional. En este centro, con un déficit de un centenar de camas, es un fenómeno continuo por su contexto social.
Profesionales sanitarios describen aquí situaciones especialmente complejas: personas extranjeras sin recursos, sin documentación o sin red de apoyo que ingresan por un problema médico puntual y, una vez resuelto, no pueden abandonar el hospital. «Hay mucha población extranjera vulnerable en estas zonas, y eso constituye un problema importante para los hospitales», señalan. En estos casos, el alta médica no es el final del proceso, sino el inicio de un problema mayor: ¿dónde va esa persona?
El escenario se repite con frecuencia. El paciente mejora clínicamente, pero necesita curas, seguimiento o unas condiciones básicas que no puede garantizar fuera del hospital. Sin domicilio adecuado, sin familia o sin recursos, el alta se convierte en una decisión inviable. En algunos casos, los pacientes salen y regresan en pocos días porque no pueden sostener su recuperación. En otros, la situación se cronifica dentro del propio hospital. «Necesitan curas y nada más salir vuelven al triaje para ingresar de nuevo, es continuo». Incluso se dan situaciones límite en las que algunos pacientes verbalizan intentos autolíticos (de suicidio) como forma de no quedarse fuera del sistema.
Los médicos ponen el foco en la falta de plazas residenciales y en la lentitud para su asignación
Sin cuidados dignos
El internista Manuel Lorente, que trabaja en el Hospital de la Vega Baja, resume la situación con claridad, y eso que este centro no sufre un problema tan extremo como otros turísticos porque es una zona con muchos pueblos donde gran cantidad de familias se siguen haciendo cargo de sus mayores. «Muchas veces los tenemos hospitalizados como problema social, no médico», dice. La razón es clara: aunque el cuadro clínico esté resuelto, no se puede garantizar una atención adecuada fuera del hospital.
Muchas veces los tenemos hospitalizados como problema social, no médico
En esos casos, los pacientes permanecen ingresados más tiempo del necesario desde el punto de vista clínico al no tener una alternativa segura. "No podemos dar el alta a un paciente que no tiene cobertura en casa o apoyo. Sería condenarlos a un reingreso en pocos días y a un agravamiento de su situación».
El médico pone el foco en que la falta de plazas en residencias y la lentitud del sistema para su asignación generan un cuello de botella que bloquea las altas. Incluso en situaciones urgentes, los tiempos de espera pueden prolongarse durante semanas, dependiendo de múltiples factores como la época del año o la presión asistencial. «No podemos dar el alta si no se garantizan unos cuidados dignos", insiste.
Trabajadores sociales con experiencia en el sistema sanitario confirman que es una realidad extendida con miles de personas en un limbo asistencial. «Hay personas ocupando camas porque no hay dónde derivarlas. La administración no puede dejarlas en la calle, así que se quedan en el hospital», explican. Según estas fuentes, el problema «viene de lejos y se está agudizando».
Una cuestión ética
Mantener a un paciente en una cama hospitalaria tiene un coste muy superior al de una plaza residencial o a la atención domiciliaria (700 euros al día frente a 80 o 100). En ausencia de alternativas, el hospital se convierte en el único recurso disponible. Los especialistas tampoco creen que la solución sean los hospitales de crónicos -la provincia de Alicante tiene dos- porque sus cuidados no son los mismos de una residencia. El impacto no es solo económico. Cada cama ocupada por un paciente que no puede recibir el alta es una menos para atender nuevos casos.
Aun así, los profesionales insisten en que no hay margen para decisiones precipitadas y que es una cuestión ética. «No se trata de liberar camas, sino de garantizar cuidados dignos». La consecuencia es un sistema atrapado en un círculo vicioso: la falta de recursos sociales impide dar altas seguras; la permanencia prolongada bloquea camas; la saturación dificulta la atención; y las condiciones sociales no resueltas favorecen nuevos ingresos. «Es la pescadilla que se muerde la cola», resume el doctor Manuel Lorente.

Trabajadoras sociales en un hospital de la provincia de Alicante / Matías Segarra
Mientras tanto, los servicios sociales hospitalarios tratan de encontrar soluciones caso a caso, coordinándose con servicios municipales y gestionando recursos escasos. Desde el Sindicato de Enfermería Satse se alerta de que esta situación satura los hospitales, que se ven obligados a mantener ingresadas a personas que ya no precisan atención aguda por no existir alternativas sociosanitarias suficientes.
Emilia Guevara, secretaria de Acción Sindical, apunta que el problema crece exponencialmente, «y muchas veces hay que hablar con los familiares para informar de que el paciente está en condiciones óptimas para el alta y no puede seguir hospitalizado. Son situaciones muy complicadas, sobre todo cuando no hay medios económicos para poder asumir una residencia privada y deben esperar plazas en centros públicos».
Muchas veces hay que hablar con los familiares para informar de que el paciente está en condiciones óptimas para el alta y no puede seguir hospitalizado
Realidad demográfica
Por ello, opina que el sistema sanitario no está adaptado a la realidad demográfica actual. «Cada alta hospitalaria se convierte en un problema cuando no existen plazas suficientes para pacientes crónicos ni recursos intermedios que garanticen una atención continuada y segura». También faltan, señala, enfermeras y fisioterapeutas, tanto en hospitales como en recursos sociosanitarios. «Las ratios actuales no están adaptadas al perfil de pacientes que se atienden hoy, con mayor dependencia, necesidades de cuidados complejos, rehabilitación y seguimiento continuo. Asumimos cargas asistenciales cada vez mayores sin un refuerzo real de las plantillas, lo que repercute en la calidad de los cuidados y en la seguridad».
Satse reclama a la Conselleria de Sanidad un plan urgente y específico con más plazas sociosanitarias, la creación de nuevos centros o unidades de crónicos y de media y larga estancia, y una adecuación real de las plantillas.
Falta de plazas en hospitales para crónicos
La provincia de Alicante cuenta con dos Hospitales de Atención a pacientes Crónicos y de Larga Estancia (HACLE), San Vicente y La Pedrera en Dénia de la red pública de hospitales de la Conselleria de Sanidad para pacientes con enfermedades crónicas o de larga duración, con un enfoque de atención integral multidisciplinar, terapéutico y cuidador, participativo, sostenible y seguro para el paciente y los profesionales, claramente insuficientes para dar respuesta a las necesidades reales de la población. Esta falta de plazas provoca que muchos pacientes permanezcan innecesariamente en hospitales de agudos o regresen a domicilios donde no se les puede garantizar una atención adecuada, con el consiguiente deterioro de su estado de salud y calidad de vida.
Los pacientes desde La Vila Joiosa hacia el norte son derivados a La Pedrera, mientras que el resto son atendidos en San Vicente. Existe una importante problemática social relacionada con la falta de recursos residenciales y el insuficiente apoyo de los servicios sociales, especialmente en casos de personas con bajos recursos económico, tal y como denuncia Satse. La estancia media de los pacientes es variable, aunque nunca se trata de procesos agudos y suele superar la semana.
Sobre La Pedrera, el sindicato denuncia falta de respuesta institucional a la solicitud de difícil cobertura, lo que provoca fuga de profesionales y dificulta la captación de especialistas; infraestructuras inadecuadas, con habitaciones pequeñas que complican los cuidados y aumentan riesgos laborales por el volumen de grúas, camas articuladas y sillones; que es un centro sin recursos para pacientes complejos, especialmente aquellos con riesgo de fuga o alteraciones conductuales; y que se dan estancias prolongadas por falta de alternativas asistenciales y problemas sociales/familiares, lo que genera saturación y convierte el hospital en una especie de residencia.
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