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Videopódcast 'Sobre (vivir) a la crianza'

Tere Cristóbal, psicopedagoga: "Cuando empiezas una relación de pareja no debes aceptar el rol de madrastra de sus hijos"

En España, cada vez más hogares se construyen sumando historias previas: hijos de distintas relaciones, nuevas parejas y vínculos que no siempre encajan en las etiquetas tradicionales

Samanta Villar

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Una pareja nueva puede ilusionarnos mucho, pero cuando esa historia de amor llega con hijos, exparejas, custodias y heridas anteriores, la convivencia se vuelve bastante más compleja que cualquier ideal de familia feliz. En este capítulo de Sobre (vivir) a la crianza ponemos el foco en una realidad cada vez más habitual: la de las familias enlazadas, esas que se forman cuando uno o ambos miembros de la pareja llegan con hijos de relaciones anteriores.

Lo hacemos bajando al barro de la "convivencia reconstituida”, con una pregunta que muchas madres se han hecho en silencio: qué papel ocupamos cuando cuidamos, acompañamos, recogemos del colegio y sostenemos emocionalmente a un niño que legalmente no es “nuestro”, pero en la práctica forma parte de nuestra vida diaria.

En este episodio participan Susana Artigas, madre adoptiva de gemelos y después pareja de un hombre con un hijo que acabó integrándose plenamente en su hogar; Berta Rubio Faus, presidenta de la Asociación de Atención a la Diversidad Familiar; y Tere Cristóbal, psicopedagoga y experta en acompañamiento de familias.

Entre el vínculo y el miedo a invadir

Una de las primeras cuestiones que plantea el capítulo es la incomodidad que todavía arrastra la palabra madrastra. Pesa sobre ella un imaginario negativo que no ayuda a entender la complejidad real de estas relaciones. Porque entrar en una familia no debería significar ni sustituir a nadie ni convertirse en una figura decorativa: implica encontrar un lugar posible, uno que se construye poco a poco y desde el vínculo.

Ese matiz es importante. No se trata de llegar imponiendo autoridad desde el primer día, sino de entender que antes de las normas están las emociones. En una familia enlazada ya existe una historia previa, unos lazos, unas pérdidas y también muchas resistencias. Y como madre, esa idea interpela: a veces una quiere hacerlo bien tan deprisa que no ve que los niños también necesitan tiempo para recolocarse.

El caso de Susana Artigas muestra hasta qué punto estas relaciones no caben en moldes simples. En su historia, el hijo de su pareja, un niño con antecedentes de maltrato, no solo encontró refugio en esa nueva casa, sino que empezó a pedirle ayuda a ella antes que a nadie. Ahí aparece una verdad incómoda y profundamente humana: hay vínculos que no nacen de la biología, pero sí de la protección cotidiana.

Normas comunes para una convivencia posible

De la conversación aparece una idea clave: si una familia quiere funcionar como tal, no puede organizarse con reglas distintas según el origen de cada hijo. En la práctica, eso significa que la casa necesita unas normas compartidas, comprensibles para todos y pactadas con tiempo, porque hacer diferencias permanentes entre “tus hijos” y “los míos” erosiona cualquier sentimiento de pertenencia.

No siempre será fácil. Los celos aparecen, los conflictos de lealtad también, y los niños pueden verbalizar rechazos muy duros. Pero lo relevante, recuerdan las invitadas, no es escandalizarse por eso, sino entender que forman parte del proceso. Lo que nos toca a los adultos es no poner a los menores en medio de batallas emocionales que no les corresponden.

Ese es probablemente uno de los puntos más delicados: los hijos de padres separados no tienen dos vidas, aunque a veces los adultos los obliguemos a comportarse como si las tuvieran. Tienen dos casas, sí, pero una sola biografía afectiva. Y cuando olvidamos eso, lo que creamos no es orden, sino conflicto de lealtades.

El vacío legal de quienes cuidan sin existir

La conversación da un giro especialmente revelador cuando aparece el tema de los derechos de los llamados padres y madres afines. ¿Qué pasa si el niño enferma en el colegio? ¿Qué ocurre cuando quien se ocupa de él cada día no tiene reconocimiento legal suficiente? ¿Cómo se explica que una persona pueda criar, sostener y educar a un menor durante años, pero siga siendo casi invisible para la administración?

Aquí aparece una de las mayores contradicciones de estas familias. La realidad va por delante de los formularios, de la escuela y de muchas normas jurídicas. Mientras los hogares cambian, el sistema sigue pensado para una estructura cerrada de padre, madre e hijos biológicos. Y eso deja fuera a quienes asumen responsabilidades reales de crianza sin encajar en la casilla oficial.

Como madre, esta parte resulta especialmente irritante. Porque no hablamos de teorías, sino de quién puede recoger a un niño, autorizar un trámite o seguir presente en su vida si la pareja se rompe. El capítulo recuerda que, en algunos casos, incluso puede mantenerse el vínculo con una figura afín si se considera beneficioso para el menor. Es una posibilidad todavía poco visible, pero muy significativa.

Cuando la familia se rompe, el afecto no desaparece

Otra de las preguntas más honestas que aparece en la conversación es qué ocurre cuando una familia enlazada se desenlaza. Si durante años ha existido convivencia, cariño y rutina compartida, ¿tiene sentido cortar de golpe la relación entre esos niños que han crecido juntos o entre un menor y ese adulto que ha ejercido una función parental?

En estos momentos se debe buscar el bienestar del niño por encima de las etiquetas. No todas las relaciones serán igual de profundas ni todas podrán mantenerse, pero cuando ha habido un lazo afectivo verdadero, lo deseable sería preservarlo. Porque en la vida de un menor, perder a los adultos importantes por decisiones ajenas añade una herida que muchas veces nadie termina de nombrar.

Sobre (vivir) a la crianza - Familias enlazadas

Sobre (vivir) a la crianza - Familias enlazadas / Jordi Otix

En el fondo, eso es lo que deja flotando este episodio: que una familia no se define solo por el ADN ni por el registro civil, sino por las personas que sostienen el día a día, ponen límites, escuchan, acompañan y permanecen. Y que quizá el reto no sea aspirar a una supuesta normalidad, sino aceptar con más inteligencia —y con más sentido común— la complejidad de los hogares reales.

Dónde ver y escuchar 'Sobre (vivir) a la crianza'

Podrás escuchar 'Sobre (vivir) a la crianza' cada domingo en las principales plataformas de pódcast: Spotify, Ivoox, Apple Podcast, Podimo, Amazon music y Youtube.

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