Medida controvertida
MAPA | Catalunya identifica las mejores zonas para talar árboles y disponer de más agua: de las cabeceras del Ter al Besòs y el Llobregat
El mapa que la Generalitat ha encargado a un centro de ciencia apunta a los bosques de pino, con poca pendiente y en los que llueve con abundancia
Los científicos cuestionan que talar árboles sirva para tener más reservas de agua

Trabajos de gestión forestal en Collserola. / JORDI PUJOLAR / ACN

El Govern de la Generalitat lanzó en plena sequía una iniciativa forestal que generó un intenso debate entre los científicos. La propuesta consiste en realizar gestión forestal (talas puntuales de árboles en zonas específicas) para aumentar la cantidad de agua almacenada en embalses y acuíferos.
Ahora, dos años después y con las reservas de agua al máximo, el Departament d'Agricultura, Ramaderia Pesca i Alimentació no solo mantiene el plan sino que lo ha expandido y detallado mucho más, a través de un informe encargado a expertos del CTFC (Centro de Ciencia y Tecnología Forestal de Catalunya). Los científicos de este centro han estudiado qué territorios cumplen las condiciones necesarias para gestionar bosques y mejorar la provisión de agua.
A partir del análisis, se ha elaborado un mapa, al que ha accedido este diario, que apunta a las cabeceras de las cuencas del Ter, Llobregat, Besòs y Muga como zonas más idóneas. Los expertos consideran que, con una gestión adecuada y mantenida en el tiempo, podrían obtenerse entre 546 y 2.100 metros cúbicos adicionales de agua por hectárea al año.
Las áreas que, según el CTFC, presentan las condiciones ideales para aplicar esta técnica de gestión son el Solsonès, una parte de la Garrotxa y del Ripollès, y también el oeste del Alt Empordà y algunos puntos del Berguedà, el Vallès Oriental y la Selva. "En estos lugares, la combinación de un adecuado nivel de precipitaciones, una cobertura forestal densa y un suelo propenso a la infiltración del agua crea las circunstancias óptimas para realizar actuaciones que mejoren la provisión de agua", sostiene María González, responsable del programa de Gestión Forestal Multifuncional del CTFC
Agua azul
El planteamiento detrás de esta práctica es la gestión forestal eco-hidrológica, un enfoque que busca optimizar la capacidad del bosque para proporcionar "agua azul"; es decir, agua destinada al consumo humano, mediante la intervención controlada en los ecosistemas forestales.
Para determinar qué zonas son aptas para este tipo de gestión, se han analizado múltiples factores, entre ellos la densidad de la masa forestal, la calidad del suelo, las precipitaciones anuales y la capacidad de infiltración del terreno.
"No puede haber una receta igual en todas partes: la gestión forestal para estimular la recarga de acuíferos y escorrentías superficiales requiere pautas concretas", explica González. La investigadora admite que no todas las zonas son viables para este tipo de intervenciones.
El informe detalla que la masa forestal debe tener una cobertura arbórea superior al 80%. Además, las precipitaciones anuales deben ser superiores a los 380 mm para asegurar que el efecto de la intervención sea efectivo: "En la zona mediterránea, si las precipitaciones son inferiores a los 400 litros por metro cuadrado al año, el resultado es mínimo o casi nulo".
Pinos sí, encinas no
Las especies también juegan un papel crucial en el éxito de la estrategia. "Las coníferas (pinos) son más útiles que los robles y encinas, que se recuperan rápidamente tras la tala", explica la responsable del programa. En este sentido, la tala de pinos mediterráneos es más efectiva porque, a diferencia de otras especies, no rebrotan rápidamente tras la intervención, asegura.
Sin embargo, la pendiente del terreno y el riesgo de erosión son factores limitantes, tal como advertían científicos del CREAF (Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales) hace pocas semanas. "En zonas con pendientes pronunciadas, como las ubicadas cerca de los Pirineos, el riesgo de erosión aumenta, lo que podría reducir la efectividad de las intervenciones y dañar el ecosistema", reconoce González.
González, ante las críticas científicas que dudan del éxito de estos programas, deja claro que la Generalitat pretende actuar bajo criterios muy definidos: "No se trata de hacer una tala indiscriminada ni de aplicar un enfoque de 'café para todos'; hemos analizado dónde es viable y dónde no lo es".
Actuación suave
La responsable del CTFC también subraya que el programa no descarta intervenir en bosques maduros ni en zonas de alta biodiversidad, siempre y cuando se respeten los criterios de manejo adecuado. De hecho, se buscan soluciones que garanticen la preservación de la biodiversidad mientras se optimiza la provisión de agua. "Tenemos en cuenta la biodiversidad cuando hacemos una actuación", sostiene, a la vez que indica que las actuaciones deben mantenerse en el tiempo y repetirse al cabo de ocho años. "Es mejor actuar en las arboledas suavemente cada siete u ocho años que de forma contundente una vez cada mucho tiempo", precisa.
Uno de los argumentos más defendidos por los promotores de la gestión eco-hidrológica es su coste relativamente bajo en comparación con otras fuentes de suministro de agua. González compara la inversión necesaria para implementar estas intervenciones con la de una desalinizadora, destacando que la gestión forestal es mucho "más barata y accesible". "Además, el impacto positivo en los servicios ecosistémicos es considerable, ya que no solo se mejora el suministro de agua, sino que también se preserva la biodiversidad y la salud de los ecosistemas", concluye.
Pese a estos argumentos, la propuesta del Govern para gestionar los bosques de las cabeceras y obtener más agua no ha convencido a todos los expertos. Varios de ellos siguen alertando de los posibles riesgos medioambientales y de la poca efectividad de estas acciones si no son muy intensas.
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