Granollers, una ciudad que respira futuro
El municipio lidera intervenciones que protegen la biodiversidad, favorecen el uso social del espacio y mejoran la adaptación ante episodios climáticos extremos

Renovación del entorno natural del río Congost. / Xavier Solanas
Hay un momento en que las ciudades se hacen preguntas sobre lo que son y lo que quieren ser. Un momento que no aparece en los planos ni en los calendarios de obra, pero que sí se refleja en la manera en la que una localidad trata sus espacios, en las decisiones que se toman y en lo que elige priorizar o dejar atrás. ¿Las calles deben ser solo lugares de paso o también espacios en los que vivir? ¿Los ríos son límites u oportunidades? ¿Nuestro futuro se construye con más cemento o con más vegetación?
Estas preguntas no son nuevas, ya existían, hace décadas, en la mente de quienes tejieron la ciudad. Y hoy toman forma desde una perspectiva más conectada con el entorno, más verde y más humana; porque Granollers sabe hacia dónde quiere avanzar, y lo está haciendo. Su ayuntamiento impulsa desde hace años un proyecto de transformación urbana que busca redefinir el modelo de ciudad. Porque transformar una población es, en el fondo, transformar su manera de vivir.
El cambio ya puede sentirse en el municipio, concretamente, caminando por él. Y es que pasear por el entorno del río Congost es hoy más agradable que nunca. Sus senderos se llenan de gente que disfruta del aire libre, que practica deporte, que se sienta al sol, que se relaciona...
El paseo fluvial, es ahora un espacio natural y social. Un lugar que, además de servir como infraestructura hidráulica, resulta apetecible y accesible para la ciudadanía. Se han plantado unos 450 árboles y cerca de 15.800 m2 de arbustos y flores, lo que permitirá la absorción de 100 toneladas de CO₂ al año; y se han permeabilizado 21.500 m2 de suelo para facilitar la infiltración de aguas pluviales, favoreciendo un mejor aprovechamiento de los recursos hídricos.
En los alrededores del río Congost se han plantado unos 450 árboles y cerca de 15.800 m2 de arbustos
Estas actuaciones de renaturalización han permitido recuperar el cauce natural del río, protegen la vegetación y la fauna autóctonas, y mejoran la calidad ecológica del entorno. El objetivo es adaptar la ciudad a fenómenos climáticos cada vez más frecuentes, como las altas temperaturas, la sequía o las inundaciones, aprovechando todas las posibilidades que brinda la naturaleza.
Y la renovación del Congost es solo una parte de la nueva Anilla Verde de Granollers. Más que una actuación urbanística, es una nueva forma de leer la ciudad, de entenderla. Llevará el progreso también a las zonas urbanas. Lugares como las calles de las Tres Torres y de Emili Botey, donde se ha constituido un nuevo eje verde, con más sombra y más vegetación, que atraviesa el municipio de este a oeste y conecta el río con la ciudad, volviendo a situarlo como parte de la vida cotidiana de los vecinos. O los barrios de Primer de Maig i Instituts, renovados para albergar más zonas verdes y dar más espacio al tránsito a pie y en bicicleta.
Los barrios se renuevan para integrar más zonas verdes y dar más espacio a los peatones
Y es que el ayuntamiento apuesta también por la reducción del uso del vehículo privado. Una forma, apuntan desde la institución, “de resaltar lo que es importante. Es apostar por espacios donde pasar tiempo en lugar de simplemente atravesarlos. Es generar espacios de encuentro, de convivencia, de vida compartida… Y, en un contexto de cambio climático, es también crear refugio. Proteger y cuidar la ciudad, hacerla más resistente. O, mejor dicho, resiliente”. Porque las ciudades del futuro no solo deberán ser más sostenibles, también tendrán que ser más capaces de adaptarse, más conscientes de sus límites y de sus recursos.
Construyendo el mañana
Granollers comienza a construir en esta dirección, y lo hace con un relato que va mucho más allá de actuaciones concretas. Se centra en cómo las ciudades pueden evolucionar sin perder su identidad, o incluso recuperándola. En cómo pueden crecer hacia dentro, revisándose, repensándose y adaptándose.
Una población que se reinventa porque escucha, porque observa sus espacios. Que entiende las necesidades del presente y las conecta con los retos del futuro. Que construye en alianza, con instituciones, pero también con la ciudadanía. Porque este tipo de transformaciones no son posibles sin una mirada compartida. Quizás por eso el cambio se vive como una evolución, como un proceso lento pero constante, como una forma de seguir poniendo el bienestar en el centro.
Granollers toma este gesto, aparentemente sencillo, como horizonte de futuro y avanza cada día. Porque, al fin y al cabo, una ciudad no es solo el lugar donde vivimos. Es el lugar donde aprendemos a vivir mejor.

Mirador del humedal de Can Cabanyes. / Xavier Solanas
Infraestructuras vivas para una energía más limpia
Estas ideas empiezan a cobrar forma también en el nuevo polo ambiental periurbano de Can Cabanyes, punto de referencia para la economía circular. Aquí se proyecta ahora el segundo humedal. Una infraestructura viva que se amplía, capaz de retener agua, de regular los ciclos naturales, de favorecer la biodiversidad y de responder a episodios cada vez más frecuentes de sequía o lluvias intensas. Aquí, la naturaleza no es un complemento, es parte de la solución, un espacio que demuestra, de forma tangible, que el futuro de las ciudades pasa por integrarse con su entorno.
Granollers apuesta por un modelo de suministro menos dependiente y más conectado con el entorno
Muy cerca, otro proyecto apunta en la misma dirección. La planta solar fotovoltaica de Can Cabanyes entrará en funcionamiento próximamente, con una potencia de 2,6 MW y una producción anual de más de 4.000 MWh. Una pieza clave en la construcción de un modelo energético más autosuficiente. No solo generará energía limpia, también impulsará una nueva forma de entender la relación de la ciudad con sus recursos, reduciendo dependencias y avanzando hacia un sistema más equilibrado.
Y en el mismo polo se ubicará la nueva planta ‘Upgrading’, que producirá biometano a partir de residuos orgánicos. Lo que antes era un problema se transforma ahora en una oportunidad, en un recurso, en energía. La ciudad adopta así ciclos de producción más sostenibles: nada se pierde, todo encuentra un nuevo valor.

Alba Barnuesell, alcaldesa de Granollers: "Ciudades con proyecto para liderar el futuro"
Vivimos en un mundo en constante cambio. Las ciudades de hoy ya no son como las de hace veinte años, ni siquiera como las de hace una década. Y el municipalismo debe estar a la altura: con los pies en el suelo y una mirada a largo plazo.
Así entiendo la política municipal: desde la proximidad, recorriendo las calles, escuchando lo que los vecinos necesitan en su día a día y cuidando los detalles que hacen que una ciudad funcione. Pero también asumiendo una responsabilidad mayor: anticiparse y liderar las transformaciones que definirán nuestro futuro.
Transformar va mucho más allá del urbanismo. Es decidir qué modelo de ciudad queremos. En Granollers lo estamos haciendo con proyectos que cambian la manera de vivir el espacio público: la renaturalización del río Congost o la pacificación de grandes ejes urbanos, como la avenida Sant Esteve, son ejemplos claros. Menos asfalto, más verde; menos prisa, más vida. Decisiones que sitúan a las personas en el centro, con su salud y su bienestar como prioridad.
La ciudad del futuro también se construye garantizando derechos: con vivienda asequible, con educación a lo largo de la vida, con servicios públicos que cuidan y con una seguridad entendida desde la proximidad y una mejor convivencia.
Transformar lleva, además, a nuevas oportunidades, para una economía arraigada y diversa, y para una ciudad que se proyecta al mundo.
Creo en una política que lidera desde la suma, que escucha, dialoga y construye alianzas con la ciudadanía, con otras administraciones y con otros municipios. Es la única forma de afrontar los grandes retos.
Urbanistas como Salvador Rueda o Alfonso Vegara, con quienes he recorrido nuestra ciudad, lo expresan con claridad: existen retos, sí, pero también una dirección clara.
Granollers tiene proyecto, y eso es, en esencia, el liderazgo municipal: saber hacia dónde se quiere ir y convertirlo en realidad.
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