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Baloncesto

El camino de rosas y espinas de Aday Mara hasta la NBA

El zaragozano ha progresado exponencialmente desde sus inicios en el Lupus hasta conquistar la NCAA, pasando por El Olivar, el Peñas Huesca, una etapa agridulce en el Casademont, otra mala en UCLA y la miel de Michigan

Aday Mara en su etapa formativa, con Marc Gasol en un partido con el Peñas Huesca y el día de su debut con el Casademont con 16 años.

Aday Mara en su etapa formativa, con Marc Gasol en un partido con el Peñas Huesca y el día de su debut con el Casademont con 16 años.

A. Bobed

Zaragoza
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El mundo del baloncesto comenzó de verdad a escuchar el nombre de Aday Mara cuando todavía era un júnior, pero que ya medía 2,18. Aún le quedaba terminar el estirón para plantarse en los 2,21 actuales. Tras una breve cesión al_Peñas Huesca, todo cambió un 17 de noviembre del 2021, cuando debutó con 16 años con el Casademont en la FIBA Europe Cup en un encuentro ante el Reggio Emilia con un descaro y talento impropios de su edad.

Desde entonces los focos se han centrado en él como la gran esperanza del baloncesto aragonés, e incluso del español, pero la carrera de Aday Mara comenzó mucho antes y ha vivido caminos de rosas y espinas hasta saborear las mieles del triunfo en la Universidad de Michigan. Y ahora, a la NBA, donde lo tiene todo para triunfar, siendo el primer aragonés en la mejor Liga del mundo. Se dice pronto, pero cuesta entender la magnitud de semejante hito.

Aday comenzó en el Basket Lupus de La Jota siendo benjamín por empeño de su padre, exjugador del CAI Zaragoza y, aunque al principio no le hacía mucha gracia este deporte, poco a poco fue creciendo esa pasión hasta ser su vida. Tras dos años fue reclutado por el Basket Zaragoza, donde fue creciendo en su cantera hasta llegar a la Liga EBA, con El Olivar, club convenido.

En 2021 fue cedido al Peñas Huesca de LEB Oro, donde jugó seis partidos ante la plaga de bajas oscense, en una categoría dura, tanto en nivel como en lo físico, que le curtió y le sirvió de aprendizaje para lo que le venía ahora. En un partido tuvo que defender a Marc Gasol, con el que muchos comparan hoy en día.

Aday Mara, en un entrenamiento con UCLA.

Aday Mara, en un entrenamiento con UCLA. / UCLA

En 2021 finalmente debutó con el Casademont Zaragoza en la FIBA Europe Cup y fue el primer episodio de una historia romántica que apuntaba a final feliz y que terminó en un divorcio con aristas todavía hoy en día. Primero, Schiller le cerró las puertas del primer equipo y, pese a que Fisac contó con él meses después y le guió hasta los 22 de valoración de su tope (hito solo logrado a su edad por Ricky Rubio, Doncic y Garuba), en la primavera del 2023 se desveló su intención de marcharse a la NCAA y la relación comenzó a deteriorarse, con reducción de minutos primero y dardos públicos después: «Es un jugador con contrato para tres o cuatro años más y nadie ha rescindido ese contrato», dijo el segoviano.

En agosto se hizo oficial su fichaje por UCLA, prestigiosa universidad de Estados Unidos, y comenzaba su sueño americano que terminó en pesadilla. Todo ello mientras el Casademont le llevó a los tribunales (según el club, no hay fecha aún para el juicio) y le reclamó 600.000 euros por el contrato tras escaparse su mirlo blanco gratis y sin sacar rédito económico, como sí con Vit Krejci.

Aday Mara: Es un gran honor llevar bandera del país a lo más alto del baloncesto universitario

Aday Mara, tras ganar la NCAA con Michigan. / Michigan Wolverines

En California la sensación es que perdió dos valiosos años, aunque sin aquella dura experiencia a buen seguro no sería lo que es hoy Aday Mara. Mick Cronin jamás tuvo confianza en él y le tuvo como un jugador de banquillo. El sueño se truncaba y la NBA se alejaba. Ni explotaba ni, sobre todo, su técnico le dejaba demostrar nada, cuando además los resultados deportivos del equipo eran mediocres. Fue, quizá, el momento en el que más tembló su anhelo de la NBA.

Al final de su segundo año, y ya con más minutos, decidió firmar por Michigan y fue una apuesta ganadora. En Ann Arbor ha vivido el año de su explosión, con 12.1 puntos, 6.8 rebotes y 2.6 tapones por partido, siendo un líder, estando en el quinteto ideal del March Madness y levantando el título con exhibiciones personales cuando todos los ojos de la NBA están ahí. Un final feliz para un camino que, por momentos, se torcía.

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