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Cristina Junyent, psicóloga, sobre la paliza de Sant Joan de Vilatorrada: "Tan agresor es el que pega, como quien lo graba y difunde"

La falta de límites, de valores y de unas familias que eduquen en la responsabilidad, claves para los profesionales para entender hechos como este

Rabia y desconcierto por la paliza a un menor en Sant Joan de Vilatorrada: "Ojalá no fuera real, sino inteligencia artificial"

Cristina Junyent, psicóloga docente de la facultad de Ciencias Sociales de UManresa

Cristina Junyent, psicóloga docente de la facultad de Ciencias Sociales de UManresa / ComunicacioFUB

Eduard Font Badia

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Cristina Junyent, psicóloga docente del campus profesional y de la facultad de ciencias sociales de la UManresa, cree que la escena y la difusión del vídeo de la paliza en Sant Joan de Vilatorrada evidencia dos comportamientos preocupantes: "el del agresor y sus compañeros, que se lo miran y lo graban, y el de la gente que viraliza un vídeo de este tipo no con la intención de denunciar, sino para validarlo". Para Junyent, "tan agresores son unos como los otros".

La psicóloga ve en todo ello un "evidente problema de falta de límites, de falta de valores, de inconsciencia. Una paliza como la del vídeo de Sant Joan habría podido provocar la muerte a la víctima. ¿Es lo que querían? Seguro que no, pero nadie pensó en las consecuencias".

Cristina Junyent cree que es la "familia quien debe trasladar estos valores. La escuela puede complementar, enseñar, pero la responsabilidad se enseña en la familia". Consciente, eso sí, de que a veces hay casos de familias "ausentes o negligentes", cree que "es muy importante que los jóvenes perciban que hechos como este tienen unas consecuencias legales, sociales, o como sea, para que no piensen que al final no habrá sido tan grave".

Agresión al menor.

Agresión al menor. / Redes sociales

Los estudios no evitan que a veces la misma Cristina Junyent se cuestione "qué le pasa a la sociedad para viralizar vídeos como este, justificando la acción o pensando que si le han pegado es que debe de haber una razón detrás. Hay que enseñar que nunca la violencia es la solución".

Afortunadamente, también hay un mensaje positivo, y es que "no se puede generalizar, la mayoría de adolescentes no son así".

También puede ayudar a entender estos hechos alguna de las conclusiones del encuentro organizado en febrero del año pasado por el diario Regió7 en el coworking Tercer Segona del edificio de La Buresa, que reunió al alcalde de Manresa, Marc Aloy; al fiscal jefe de la Catalunya central, Joan Ramon Menac; al comisario Carles Anfruns, jefe de los Mossos d’Esquadra en la región policial de la Catalunya central, y a la médica psiquiatra y directora Salud Mental de la Fundación Althaia, Àurea Autet.

Imagen de la mesa redonda sobre seguridad organizada por Regió7 el año pasado

Imagen de la mesa redonda sobre seguridad organizada por Regió7 el año pasado / MIREIA ARSO / Arxiu

En aquella ocasión, todo el mundo coincidió en que hace falta un trabajo conjunto de gobiernos, ayuntamientos, servicios sociales, policía, justicia, salud y educación y los agentes que haga falta para llevar a cabo un trabajo coordinado para enmendar errores y tapar grietas del sistema.

El comisario de los Mossos, Carles Anfruns, ya avisó entonces de que en las redes hay mensajes de jóvenes de 14 o 15 años que se cubren la cara con pasamontañas y que muestran desde cuchillos hasta armas de fuego. Algunos de estos jóvenes se han convertido en referentes "en nuestros institutos de unas nuevas generaciones, mientras atemorizan al resto imponiendo la ley del más fuerte". Estas actitudes, que también se ven en otros puntos de Catalunya, generan alarma en todos los ámbitos empezando por los mismos centros de enseñanza y las familias, y han puesto en alerta a los cuerpos de seguridad, la judicatura y el Ayuntamiento.

"¿Qué están haciendo sus padres?"

Para Anfruns, estos jóvenes serían herederos de las antiguas tribus que había habido, aunque ahora lo que impera es la ley del más fuerte y lo que les motiva es ir contra corriente y cuestionarlo todo: policía, profesores, los padres a quienes ya no tienen en cuenta desde hace tiempo, y el sistema en sí. También pueden utilizar una simbología determinada para hacerse notar. Al respecto el comisario Anfruns preguntó: «¿qué están haciendo sus padres? ¿Y qué se supone que deben hacer los profesores?». En este sentido, el desánimo impera entre el colectivo de docentes.

Según siguió comentando Anfruns, en Manresa el cuerpo de los Mossos d’Esquadra tiene identificadas como multirreincidentes a 39 personas, de las cuales una treintena son menores de edad. Por pura superioridad numérica, los menores son los que cometerían más delitos. ¿Cuáles? Muy pocos robos violentos y robos con fuerza, pero sí muchos altercados y peleas en la vía pública, y amenazas y coacciones a jóvenes de su edad.

En cuanto al acoso, suele ocurrir en la escuela, pero también puede darse en lugares como el autobús o las actividades extraescolares. En la actualidad, se produce frecuentemente a través del móvil o internet mediante mensajes de texto, llamadas, correos electrónicos o mensajes en redes sociales. Este tipo de acoso se conoce como ciberacoso o ciberbullying.

Las actitudes de estos jóvenes no se considerarían legalmente una multirreincidencia, aunque generan alarma social y pueden llegar a atemorizar un barrio, una zona determinada de la ciudad o un centro de enseñanza. Por eso a los cuerpos policiales les es difícil llevar a cabo acciones preventivas, aseguró Anfruns. Para incidir hace falta la intervención de más actores como la administración de justicia, servicios sociales municipales y educadores, además de Policía Local y Mossos d’Esquadra.

En aquel encuentro, la psiquiatra Àurea Autet se expresó en términos similares a los de Cristina Junyent, diciendo que "si no hay una respuesta colectiva e individual a esta problemática empezando por las familias mismas de los menores, además de una acción coordinada de todos los estamentos públicos relacionados con el tema, la situación puede empeorar". Para Autet, "las nuevas generaciones no tienen claros los límites porque nunca los han tenido. Lo mismo pasa con normas de todo tipo, también con las de convivencia. Esto se daría por un deseo de las familias de proteger a niños y jóvenes de supuestos peligros, pero acaba generando poca tolerancia a la frustración cuando las cosas no salen como uno espera".

Sentenció que «la gente debe aprender a convivir con la diferencia, no con el incivismo».

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